Los ganadores
Tres. Hubo tres claros ganadores del primer debate presidencial. El encuentro del domingo en el Palacio de Minería fue un ejercicio necesario que le inyectó vitalidad a un proceso democrático que comenzaba a estancarse. El primer ganador, sin duda, fue el formato. Ya no ...
Tres. Hubo tres claros ganadores del primer debate presidencial. El encuentro del domingo en el Palacio de Minería fue un ejercicio necesario que le inyectó vitalidad a un proceso democrático que comenzaba a estancarse. El primer ganador, sin duda, fue el formato. Ya no más monólogos soporíferos. Llevábamos varios años, varias voces, pidiéndolo. Ya no más esa vieja escaleta acartonada, con tiempos definidos para que cada candidato lanzara su monólogo, sin la posibilidad de confrontación, como se hizo todavía en la elección de 2012 o de 2006. Aquello no sólo era un despropósito para llamar la intención del electorado, sino que además iba en perjuicio de la misma competencia. Candidatos memorizando líneas y sin posibilidad de cuestionarse entre ellos. Ya no más. El debate del domingo fue un gran primer ejercicio para refrescar esta dinámica, tan necesaria y útil en cualquier democracia. Tan utilizada ya en otros países. Y es que, finalmente, un debate no es una oportunidad para demostrar habilidades de memorización, sino el chance idóneo para exprimir el talento para el diálogo, y eso sólo ocurre con las posibilidades que da el azar de una discusión. El formato de éste, el primer debate de 2018, fue el primer ganador.
De la mano de esto, el humor, el ingenio mexicano fue otro de los que se alzó, nuevamente, victorioso. Siempre he sido una creyente de que a partir de la risa se condensa, traduce, editorializa, transforma. La comunicación se enriquece no sólo porque aceita polémicas, sino porque además engloba la crítica. El domingo, el humor (voluntario o involuntario) no sólo se hizo presente en algunos de los candidatos (ya sea por las respuestas o algunas propuestas) —lo que le dio más vida al debate—, sino a través de la red. Los famosos memes, invadieron, como ya es costumbre, las redes sociales. Y, sí, el humor nos ayuda a dimensionar mejor muchos de los aspectos de nuestra vida diaria. ¿Qué sería de nosotros sin nuestra capacidad de resiliencia que se manifiesta a través de la risa (y tanta risa)? “Parece que ninguna democracia está lista para enfrentarse a lo que tendría que ser una de sus principales fortalezas: la del manejo del escarnio y la risa. Siempre he dicho que creo en el humor como uno de los mejores vasos comunicantes...”, escribí hace unos meses, cuando el tema de la regulación de memes volvía a la agenda latinoamericana. Ya teníamos en México un par de antecedentes que, evidentemente, no prosperaron. Hoy vemos a los candidatos y a sus equipos hacer uso de ellos en redes, en reguetones, en chacaleos, en discursos, en spots. ¡Por fin! Y qué alivio. Porque la risa es un ejercicio de autocrítica, pero también un vehículo de persuasión y de convencimiento. La noche del domingo, felizmente, el humor también ganó.
Y finalmente, mis colegas: Denise Maerker, Azucena Uresti y Sergio Sarmiento realizaron un trabajo magnífico como moderadores. Agudos, incisivos, críticos. Preguntas puntuales. Mantuvieron el control del encuentro. Cuestionaron a los cinco candidatos por igual. Hicieron que, a través de sus interrogantes, los cinco desnudaran sus cualidades y carencias. Y qué no es un debate sino para observar más de cerca a quienes están acostumbrados a mítines hechos a modo. Mis colegas, también ganadores el encuentro del domingo. Nos dejan una vara deliciosamente alta a León Krauze y a mí, que estaremos en poco menos de un mes moderando el segundo debate presidencial.
La cita es el 20 de mayo en Tijuana, Baja California. También estrenará formato; por primera vez el INE organiza un debate con público en vivo, mismo que podrá cuestionar a los candidatos. México en el Mundo será el centro, pero tendrá tres subtemas: comercio exterior e inversión, seguridad fronteriza y combate al crimen trasnacional; y derechos de los migrantes. Allá estaremos. Desde luego, con la convicción necesaria para hacer frente al honor y responsabilidad que me otorga el Instituto Nacional Electoral y que me obliga mi profundo amor a México y la conciencia de los retos que enfrenta nuestro país en estos tiempos tan inesperados.
