Cimbrar la tierra

• Hay mucho que corregir de #MeToo, pero el tema ya no está en la sombra a la que estuvo condenado.

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Mover el piso. Generar conversación. Nombrar. Esto será siempre el primer paso para avanzar en la resolución de pendientes.

Levantar la alfombra y reconocer todo lo que hay debajo de ella. Para eso funcionan movimientos como el #MeToo. Su llegada a la vida pública global ha servido para que se hable sobre el acoso, sobre el abuso, sobre las violencias visibles e invisibles, para que se entiendan las tantas aristas sobre lo que implican el hostigamiento y el abuso de poder.

Comenzar por el reconocimiento del problema, aceptar las históricas consecuencias de la masculinidad tóxica. Los machos, como se diría en buen español.

Desde hace meses, personas antes esquivas al tema ahora hablan de él. Hombres que han aceptado su responsabilidad, que han sido capaces de identificar y reconocer sus actos, por más inofensivos que parezcan, porque así de normalizados están.

Y es a partir de ahí que debemos empezar. Porque mientras las instituciones corrigen todo lo que deben para generar un sistema que, de inicio, esté en condiciones de recibir denuncias y dar seguimiento, la sociedad debe también cambiar el rumbo.

Que no sólo se trata de generar castigos, sino de evitar que los actos que nos dañan ocurran.

En los últimos días, fuimos testigos de una vorágine de acontecimientos relacionados al movimiento #MeToo en México.

Las denuncias, el anonimato y una muerte que complicó todavía más el ya de por sí explosivo debate.

Hay mucho que corregir, desde luego, pero hoy el tema ya no está en la sombra a la que siempre estuvo condenado.

Las redes se han revelado como un instrumento de denuncia, pero también como una peligrosa herramienta para el desprestigio.

Aunque no podemos hacer a un lado, que gracias a lo ocurrido en los últimos días, algunos –pocos– de los señalados han aceptado la responsabilidad y consecuencia por sus actos.

Sin embargo, #MeToo no sólo es una estrategia de denuncia, es también una oportunidad para generar una mayor agenda por la equidad.

Manifestaciones como el #AbortoLegalYa, que ocurre en Argentina o en España, no habrían sido posibles sin ese espejo de organización, de mujeres que han salido a las calles a pedir respeto por su derecho, no sólo a decidir, sino a decir que “no”. ¿Cuándo habíamos visto a una marca de condones que, en lugar de evocar la habilidad de seducción masculina, enfatice la importancia del sexo consensuado? La existencia y empoderamiento de jóvenes líderes de opinión, nacidas en redes sociales y en todos los terrenos (desde la música hasta la ciencia, pasando por todas las artes y disciplinas) ha sido fundamental para inspirar y empoderar no sólo a las chavas de su generación, sino a mujeres de todas las edades, nivel educativo, clases sociales y creencias.

México tiene que voltear a ver a esos países, a esas figuras, donde no sólo hay voces de líderes generacionales que hablan de los temas, sino que han ido más allá de las cuentas de Twitter, necesarias para nombrar el problema, sí, pero que requieren una mayor estructura, dar el siguiente paso, si lo que se desea es generar un cambio desde el origen. Si ya estamos nombrando, es también momento para sacudirlo todo, entre todos.

Temas: