¿Quieren o no ganar?
Tres delitos. Operaciones con recursos de procedencia ilícita, delito bancario y defraudación fiscal. Los tres, de orden federal. Con ellos habríamos esperado que se acreditara a César Duarte como un delincuente. Total, prófugo ya está. Era lo que se esperaba. La ...
Tres delitos. Operaciones con recursos de procedencia ilícita, delito bancario y defraudación fiscal. Los tres, de orden federal. Con ellos habríamos esperado que se acreditara a César Duarte como un delincuente. Total, prófugo ya está. Era lo que se esperaba. La persecución de exgobernadores tendría que ir sumando victorias. Es época electoral. El enojo colectivo apunta a la corrupción como el responsable de (casi) todos nuestros males. Lo es. Por la corrupción, algunos que se desempeñaron como funcionarios, hoy huyen de la justicia, otros ya están presos. Tomaron dinero que no era suyo, lo hicieron de su pertenencia. Se compraron propiedades y se aseguraron una vida de lujos y opulencia. Porque así entienden el poder. En un sexenio particularmente sensible al tema, era lógico que el combate a la corrupción se convirtiera en la bandera de los candidatos a la Presidencia, incluso del mismo PRI, partido que hoy habita en Los Pinos. Entonces, ¿qué pasó?
Esa fotografía de inicio de sexenio, Enrique Peña Nieto acompañado por los gobernadores que en ese entonces estaban en funciones, se ha vuelto un recordatorio de los miles de millones de pesos que, siendo del erario, se diluyeron hacia cuentas personales. Hasta abril pasado, según la Auditoría Superior de la Federación, eran alrededor de 258 mil 829 millones de pesos los que llegaron a manos distintas para las que fueron presupuestados. En ese momento, abril de 2017, ya se perseguían causas contra César Duarte: en un periodo de poco más de dos años, de julio de 2012 a octubre de 2014, la Secretaría de Hacienda de Chihuahua hizo 342 depósitos por un total de 80 mil millones de pesos, el dinero provenía de fondos públicos a la Unión de Crédito Progreso, el banco del que el exgobernador es socio. Mil 208 millones de pesos se depositaron en un solo día. De ese tamaño el cinismo. Durante la gestión de este Duarte, la deuda del estado creció en 284%, la más alta del país.
Del exgobernador nadie sabe nada. Las autoridades aseguran que lo tienen ubicado, ya incluso solicitaron su extradición, aunque no detallaron a quién, no se les vaya a fugar.
Aunque ahora ya no entendemos cuál es la preocupación de este Duarte. La PGR no encontró elementos para acreditar, y no digamos la responsabilidad, la existencia de los delitos. A pesar de que, como escribimos, la ASF informó de los desvíos.
César Duarte tiene a su nombre 12 órdenes de aprehensión, once del Ministerio Público estatal y una del federal. Se le han asegurado más de 20 inmuebles. En sus ranchos se han encontrado bisontes, llamas y jabalíes; incluso aparecieron cerca de 450 vacas provenientes de Nueva Zelanda que, según el gobierno estatal que encabeza Javier Corral, fueron adquiridas con recursos del Programa de Apoyo Social para el Repoblamiento de Hato Ganadero del estado. A pesar de todo lo que se ha documentado, la PGR decide no ir tras él.
¿Qué piensan en el gobierno federal? ¿Que una resolución como ésta les abona en una campaña electoral en la que el candidato del PRI está en tercer lugar, según las encuestas? ¿Quieren ganar? ¿O tienen un as bajo la manga? El perdón a un exgobernador tan señalado como este Duarte (que no el único) es lo último que necesitan. Y aun así, se lo dan.
ADDENDUM. Y por si eso fuera poco, ayer se publicó en el Wall Street Jornal una entrevista en la que el extitular de la Fepade, Santiago Nieto, denuncia las presiones a las que fue sometido desde la Secretaría de Gobernación para que “parara" la investigación del caso de Emilio Lozoya. Incluso confesó que Jorge Márquez, entonces oficial mayor de esa dependencia, quiso sobornarlo para que detuviera las pesquisas. Y quienes saben de estos temas encuentran difícil, si no imposible, creer que este funcionario ofreciera cifras millonarias sin el visto bueno (o el aliento o la orden) del entonces secretario, Miguel Ángel Osorio Chong…
Quizá ya es tiempo de que el candidato no priista del PRI, José Antonio Meade, tome distancia de esos priistas que no sólo no le ayudan, sino que ensucian terriblemente su campaña, y llame a los priistas de bien que sí están urgidos de que alguien dé la cara por ellos y les ayude a reposicionarse ante un electorado que hoy los alucina.
