¿Y después del 1 de julio?
Quien gane el 1 de julio lo hará con alrededor del 30% de los votos. ¿Cómo haremos para reconciliar a un país que está desde hace mucho tiempo enojado, irritable, cuando no francamente encabronado y, sobre todo, contra los partidos y la clase política, pero ya ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
Quien gane el 1 de julio lo hará con alrededor del 30% de los votos. ¿Cómo haremos para reconciliar a un país que está desde hace mucho tiempo enojado, irritable, cuando no francamente encabronado (y, sobre todo, contra los partidos y la clase política, pero ya también entre ciudadanos)? Quizá, usted lo ha vivido: cada vez es más difícil entablar una conversación sobre política sin sentir que se está poniendo en riesgo una amistad o lazo familiar. El paso de los años, los tres últimos sexenios, ha endurecido la crítica. Y no sin razón. Gobiernos llegan y se van. Pendientes quedan. Historias de abuso de poder, de corrupción se apilan. Figuras de todos los colores que se benefician del servicio público. Falsas promesas de que ahora sí habrá cambio. A quienes ayer vimos acérrimos enemigos, hoy son aliados. Hace unos días dijimos que el momento que atraviesa el país valdría una reflexión de los precandidatos, pero parece que nada detiene su precampaña. Ni los 81 muertos en un fin de semana ni la arbitrariedad en la detención de Marco Antonio. La gente, la que lee los diarios, la que ve los noticiarios, se siente ajena a esa marcha proselitista. Se siente ignorada porque lo que se vive en las calles, parece no ser del conocimiento de quienes aspiran a gobernar.
Por eso es que no importa si gana AMLO, Meade o Anaya. El país que recibirá cualquiera de ellos será el mismo: uno polarizado. Los antipejes estarán molestos si AMLO es Presidente. Los anti-PRI estarán furiosos si Meade gana. Todos ellos completamente descreídos si el triunfador fuese Anaya. ¿Cómo esperamos que los siguientes seis años caminen en beneficio de todos sin los engranes de todas sus piezas? La pregunta va para los tres. Se las hice a ellos el fin de semana en Twitter: ¿cómo piensan reconciliar a un país enojado con todos ustedes —precandidatos— y lo que representan? La vuelvo a hacer ahora aquí, pensando que ahora sí no se hagan de la vista gorda. Sólo obtuve respuesta en Twitter de Meade: “Como lo he hecho en 20 años de experiencia en el servicio público, con diálogo, tendiendo puentes, trabajando en las coincidencias. Hay gente buena y valiosa en todos los partidos y en la sociedad y con ellos trabajaremos...”.
Desconozco las razones por las que ni Anaya ni AMLO respondieron. Se los vuelvo preguntar. Me gustaría saber si están conscientes de que, cualquiera que resulte ganador, lo será por el voto de un tercio de quienes sí acudan a las urnas entre quienes estamos inscritos en la lista nominal. Casi 86 millones de mexicanos. De ellos, pensando que la jornada sea un “éxito” y vote 60%, tendríamos unos 51 millones 500 votos. El ganador de la contienda electoral lo definirá una tercera parte de ellos: poco más de 17 millones 100 mil votos. El destino de un país de 123 millones de personas será decidido por apenas 17 millones de ellas. El resto es la población con la que se tendrán que sentar a dialogar, a tender puentes, a tomarlos en cuenta. Y va más allá de anunciar a que estarían dispuestos a llamar a gente de otros partidos para trabajar. Ya quemaron ese cartucho con cuanta adhesión se les ha ocurrido en función de sus intereses. ¿Qué le van a ofrecer a esos más de 34 millones de electores que no votaron por ustedes? ¿Cómo van a gobernar así para los 105 millones que restan? ¿Cómo reedificarán lo que está fracturado? ¿Cómo le regresarán la salud a las instituciones si todos los partidos son responsables de la enfermedad que hoy las aqueja? La pregunta la lancé el sábado. La vuelvo a hacer. Meade ya contestó, pero y ¿qué piensa Anaya? ¿Qué dice López Obrador? ¿No les ocupa ese escenario? ¿El del 2,3,4 de julio? ¿Los meses que le sigan a una complicada elección? No sólo me preocupa que los precandidatos no vean este escenario. Me preocupa que nosotros, los ciudadanos, tampoco parezcamos dispuestos a reconciliarnos. Qué peligro. La única certeza que tenemos, gane quien gane, es que debemos seguir caminando juntos. La casa sigue siendo la misma: con los mismos millones de ocupantes. Terrible cosa si todos nos odiamos. Llevamos demasiados años en ese polarizado infierno. Y, justamente, la razón de ser de la política, tendría que ser la de garantizar la paz y la convivencia armónica de las sociedades... Si no, no es política.