La inundación que viene
El Museo del Louvre inundado. Piezas de arte, históricas, enviadas a otros museos. Objetos damnificados de un asunto que aún no termina por caer a algunos. Ocurrió en 2016. París se inundó. Lluvias atípicas provocaron una crecida del cauce del Río Sena. Entonces, ...
El Museo del Louvre inundado. Piezas de arte, históricas, enviadas a otros museos. Objetos damnificados de un asunto que aún no termina por caer a algunos. Ocurrió en 2016. París se inundó. Lluvias atípicas provocaron una crecida del cauce del Río Sena. Entonces, los daños se contaron por millones de euros. Dos años después, la capital francesa vive lo mismo. Aunque ahora las autoridades optaron por cerrar túneles, parques. Incluso el Museo del Louvre. Se prevé que el cauce del Sena llegue hoy 6.2 metros por encima de su nivel normal. El nivel más alto en 30 años.
A miles de kilómetros de ahí está la Ciudad de México a punto de vivir una inusual temporada de lluvias. Hace un par de días cayó granizo como pocas veces había sucedido en un mes de enero. Las temperaturas se modificaron. Un frente frío tras otro. Entre el asombro y la baja sensación térmica, los chilangos nos hemos tenido que adaptar al clima. Pero éste es el menor de los males. Lo que verdaderamente preocupa es si las autoridades están listas para una eventual emergencia.
San Bartolo el Chico, una colonia en la delegación Xochimilco, se inundó el 6 de septiembre pasado porque un río que pasa en las inmediaciones rompió su cauce por falta de mantenimiento. Decenas de familias perdieron su patrimonio. Autoridades capitalinas prometieron una indemnización, pero ésta jamás llegó. El río tampoco recibió el mantenimiento que ameritaba la emergencia. Tras la intensa lluvia del miércoles, a los vecinos les llegó el temor de que el río desatendido vuelva a desbordarse. Y es que, algunos apenas si lograron pagar, como pudieron, los arreglos de sus casas.
Tras el sismo del 19 de septiembre, los damnificados siguen esperando porque la autoridad les dé mejores garantías de que podrán recuperar algo de lo perdido. Apenas hace unos días, cuatro meses después, les dijeron que les condonarían el pago de agua y predial a quienes perdieron su casa. Faltaba más.
En la temporada de lluvias del año pasado, cuando incluso una tromba azotó varias delegaciones de la Ciudad de México, las autoridades actuaron con mera improvisación frente a los siete mil 500 millones de litros de agua que cayeron en una sola tarde. “La CDMX ha vivido en un caos tras otro porque las lluvias han afectado todos los días varias zonas. Y todo indica que así seguirá un rato más. Y resulta irónico que en la delegación Iztapalapa haya colonias en las que sus habitantes batallen para tener agua potable...”, escribí en aquella ocasión. Y es que las excusas que recibimos en aquella ocasión, fueron las mismas de hace cinco, diez años: Es la basura, es el drenaje, bla, bla, bla.
Han pasado meses de esa emergencia. Hay otra en la víspera. Y no hay una sola novedad en las políticas públicas. No hay mejoras en el transporte público. No hay mejor drenaje. No hay mejores vialidades. No hay confianza en las autoridades. No hay políticas de control poblacional. No hay nada.
Las urgencias de la ciudad no son atendidas. Ni pensar si se habla en términos de las afectaciones del cambio climático. ¿O hemos escuchado a una autoridad decir que las lluvias y los fríos atípicos son parte de este fenómeno? ¿Cuándo los hemos visto ir más allá del lugar común? ¿Cuándo han reconocido su responsabilidad?
El clima no puede pronosticarse con precisión. No sabemos exactamente cuánta agua caerá, tampoco durante cuánto tiempo. Pero las autoridades tampoco saben cómo evitar que los efectos sean los menos. Peor aún, no saben cómo atender a damnificados del pasado. En París parecen haber entendido la lección de hace un par de años. Aquí, al parecer, todavía no. A ver qué propuestas nos presentan Claudia Sheinbaum, Alejandra Barrales y Mikel Arriola respecto a este tema…
ADDENDUM: Y eso por no hablar de las temperaturas extremas. Si la Ciudad de México no está preparada para una inundación, mucho menos para inviernos como el que nos ha tocado vivir en estas semanas y que seguramente se repetirán en los años por venir…
