O Meade, o AMLO
“Si Meade no es candidato, de plano votaré por AMLO”, ésta es la frase que con mayor frecuencia he escuchado en las últimas tres semanas, en boca de los más distintos perfiles de personas, edades y pareceres. La gente está tan harta, desencantada y enojada con ...
“Si Meade no es candidato, de plano votaré por AMLO”, ésta es la frase que con mayor frecuencia he escuchado en las últimas tres semanas, en boca de los más distintos perfiles de personas, edades y pareceres. La gente está tan harta, desencantada y enojada con la clase política y los partidos, que ha visto en un perfil como el de José Antonio Meade una lucecita de esperanza, porque en el espectro de posibles presidenciables, es el único sin ningún escándalo de corrupción; amén de que lo que perciben como un funcionario público eficaz y comprometido con su trabajo y no con alguna marca y agenda partidistas. De mis conocidos, claro, pero también lo he escuchado de gente que no conozco. Esa frase me la han comentado amigos sobre sí mismos y respecto a su gente cercana. Lo mismo de algunos identificados con ideologías de centro izquierda, que de centro derecha. Gente que habría votado por Marcelo Ebrard, pero nunca por Obrador; gente que habría votado por Margarita Zavala, pero que ya perdieron toda la confianza en Ricardo Anaya. Personas que ni en 2006 ni 2012 votaron por AMLO (que de hecho, lo abominaron en dichas contiendas), pero que hoy ven tan pobre la oferta, que estarían dispuestos a cruzar el logotipo de Morena con tal de impedir que el régimen de corruptelas se extienda durante seis años adicionales. La última esperanza de muchos mexicanos de clase media, indecisos, es que el PRI, que aunque es una marca sumamente desprestigiada, postule a José Antonio Meade (quien no es militante, pero tiene la experiencia de gobierno que ninguno de sus militantes tiene) en un intento por ser competitivos. Cuatro nombres se han barajado como posibilidad de abanderado. Sin embargo, no todos cubren los requisitos para ser la figura competitiva que necesita el partido que hoy está en el gobierno para permanecer en Los Pinos. La campaña será complicada, porque el puntero en las encuestas, AMLO, tiene una ventaja sobre cualquier otro personaje, por su tanto tiempo en campaña. De diez puntos. Que son muchísimos. Y eso que aún no se registra como precandidato, lo hará el 12 de diciembre, porque es muy de “izquierda”, pero también es fiel a sus liturgias neoderechoizquierdistas, y qué mejor que ésta sea en un día tan guadalupano. Juárez y la Virgencita Morena se reconcilian en tiempos de Morena.
Entre los aspirantes del tricolor, Aurelio Nuño, uno de los funcionaros más destacados del gabinete, pero que por ahora no goza de la proyección que ocupa una candidatura presidencial en los tiempos tan convulsos que atraviesa el mundo, y México dentro de él, aunque su perfil va, claramente, en ascenso. José Narro, secretario de Salud tras su periodo al frente de la UNAM, hizo una transición exitosa al gabinete presidencial, se ha encargado de pulir su trabajo y su proyección como un hombre sensato; pero a pesar de ser uno de los anotados en esa lista off the record, parece no estar preocupado por convertirse en candidato (el sí entiende que su perfil ideológico no sería competitivo en una elección en la que la “izquierda” del espectro ya tiene a su gallo). No sucede así con Miguel Ángel Osorio Chong, quien hasta berrinche hizo en su comparecencia en el Senado porque no le reconocieron sus logros; el titular de la Segob se ha esforzado por girar el reflector sobre sí, pero la coyuntura no le ha ayudado: desde el reclamo social hasta el de la curul de los legisladores, le piden explicaciones por la crisis de violencia e inseguridad del país. Son sus inexistentes resultados los que lo descartan para contender por la Presidencia, así como su perfil tan priista (que suma todos los negativos de la marca a los negativos del personaje) que no cautivaría a ningún votante que no sea militante. Y el voto duro, sólo le alcanza al PRI para ganar el tercer lugar en la contienda. En contraparte, José Antonio Meade, con su trabajo —sumado a su trayectoria— ha logrado potenciar su exposición dentro y fuera del PRI, del PAN, de nuestras fronteras, de las altas esferas económicas, empresariales y de los mercados financieros.
Más allá de los elogios o no, el PRI debe entender que si quiere ser competitivo, el hoy secretario de Hacienda es su única carta verdaderamente fuerte, competitiva, esperanzadora. De lo contrario, y aunque El Peje nunca fue su rayito de esperanza, recibirá su voto, por la simple y sencilla razón de que este PRI resultó incapaz de escuchar a nada y a nadie que no fueran ellos mismos. “Si Meade no es candidato, de plano votaré por AMLO” ¿Cuántas veces ha escuchado usted, lector, esta frase en las últimas semanas? Y, perdón, no es que todos esos mexicanos anden despistados.
