¿Y qué piensa Peña Nieto?

El tiempo corre y no, el PRI no tiene prisa en resolver la gran duda que gira a su alrededor. Enrique Ochoa, su presidente, reveló que será mañana cuando, más que el nombre, se decidan por el método de selección de su candidato a la Presidencia. A partir de ahí, ...

El tiempo corre y no, el PRI no tiene prisa en resolver la gran duda que gira a su alrededor. Enrique Ochoa, su presidente, reveló que será mañana cuando, más que el nombre, se decidan por el método de selección de su candidato a la Presidencia. A partir de ahí, junto con los demás cargos que se jugarán en la elección del próximo año, es que van a publicar la convocatoria para el registro de aspirantes. Aunque sabemos que lo que se resuelva en su Consejo Político Nacional será útil sólo para estos últimos, porque el nombre de quien aparezca en la boleta de la elección presidencial no saldrá de una reunión ni de un proceso de elección: ese nombre saldrá de Los Pinos, será decisión de Enrique Peña Nieto.

Si bien, el triunfo en el Estado de México, con todo y las dudas sobre la elección, les sirvió como indicador del alcance (todavía) de su “maquinaria” electoral y la importancia de los procesos internos, las figuras que se barajan para la presidencial no tienen pista alguna de cuál será la decisión final. La presión ha aumentado. Y es que, aunque tengan que observar los plazos que le da la ley, todos los priistas saben que del Presidente dependen los tiempos y las formas en la designación del candidato de su partido. Por lo pronto, más que en los nombres, ha centrado la atención de la opinión pública en el PRI, en el partido, en lo que se defina desde el interior de él, sin que nada de eso sea verdaderamente revelador sobre el decanto. La estrategia de EPN pareciera, pues, suscitar que en la agenda política vuelva a hablarse del PRI, que genere expectativa, que provoque tensión e incertidumbre, que las columnas políticas nos ocupemos de descifrar sus señales, sus gestos, los propósitos y hasta las fintas de cada una de sus declaraciones. Y lo está logrando: por eso estamos aquí (yo y tantos más) escribiendo de la narrativa y de la incógnita sobre quién será su candidato.

Eso por un lado y, por el otro, Peña Nieto parece más estar “probando” a cada uno de sus candidatos rumbo a la sucesión. Porque sería un error que al final la única “herramienta” de la que decida disponer sea la de las encuestas, que, además, en los últimos años han demostrado que ya no son ni lejanamente un parámetro confiable para tomar decisiones de ese tamaño (véase Brexit, Estados Unidos o lo que ha ocurrido en las últimas elecciones en el mundo). Por eso es que, desde Los Pinos, parecieran estar “subiendo y bajando” el tono de cada uno entre quienes se mencionan como aspirantes (confesos o de clóset).

Ojalá y la evaluación de EPN no se nuble por la coyuntura ni por los coyotes del viejo PRI que seguramente quieren hablarle al oído. Con el mundo como está, los retos tanto nacionales como internacionales, pero, sobre todo, anticipando cuáles serán los temas que dominarán el debate durante estas campañas (corrupción e impunidad, inseguridad y relación bilateral en tiempos de Trump), Peña deberá observar, además de los resultados que han arrojado hasta hoy sus precandidatos, muchos aspectos adicionales. Por supuesto, su trayectoria, su nivel probado de honestidad, sus posibilidades de crecimiento, su conexión y su imagen ante la gente, así como su capacidad para enfrentar los retos económicos del país, sus habilidades para cohesionar grupos políticos dentro y fuera del PRI, la aceptación de los mercados y su capacidad de interlocución con los diferentes grupos políticos en Estados Unidos, eso es lo que el Presidente deberá tomar en cuenta para que su decisión cumpla con las necesidades que exigen los tiempos y el lugar que México tiene hoy en el mundo. De otra manera, sería poco competitivo en la contienda electoral. Ese es el mayor reto en la decisión del Presidente. Porque más que un personaje con altos niveles de reconocimiento de nombre (¿de qué sirve eso si al nombre sólo se le asocia con malos resultados?), requiere de una figura con potencial de crecimiento sumado a su buena percepción entre los votantes, pues solamente eso permitirá que el PRI postule a un personaje lejano al desprestigio asociado con su marca.

Tal vez por eso Peña Nieto se está tomando su tiempo. Y porque esto le da a los priistas la oportunidad de enviar un mensaje: el de seguir con su proceso interno, priorizando las formas y fomentando el respeto entre contendientes, por eso cada uno de los que vemos como aspirantes. No les conviene un enfrentamiento: ahí está el espejo blanquiazul, que les dice lo mucho que se pierde cuando se agarran a trancazos.

Y mientras tanto, EPN alimenta la liturgia y el imaginario. Aunque el tiempo corre y la prisa llegará tarde o temprano... Para ser exactos, en aproximadamente un mes.

Temas: