Esa otra cara
Es cierto que muchísima gente salió a las calles a entregarlo todo en auxilio de quienes fueron afectados por el sismo; pero también salió otra tanda de personas a aprovecharse de las circunstancias
Estos días hemos visto demostraciones de solidaridad a manos llenas. Se nos ha alimentado el alma con toda la ayuda desinteresada que los mexicanos nos hemos brindado. También con ese cariño en especie que nos han mandado de otros lugares del mundo. El sismo reveló el mejor de los rostros de millones de personas. Desafortunadamente, también está esa otra cara, la de otros tantos que se aprovecharon de la tragedia: cínicos, inhumanos, cobardes.
Ayer nos enteramos que a pesar de los 19 alumnos que murieron en el colapso del Colegio Enrique Rébsamen, la directora y dueña de esta escuela pide que con puntualidad y sin oportunidad de prórroga, se pague la colegiatura del mes que está por iniciar. Así, sin más, una minuta que ayer publicó este diario, reveló esa sangre fría que no cambia ni con la pérdida de vidas de alumnos, maestros y empleados. Mónica García Villegas, quien tenía una suerte de roof garden en la azotea del edificio escolar que colapsó, ya fue citada a declarar en la Procuraduría capitalina; pero este citatorio se debe a una denuncia presentaba hace siete meses por el Invea, por una investigación sobre el uso de suelo del terreno donde se encuentra el colegio. Un personaje que el sismo reveló como una verdadera fichita, a quien no le importa ni le duele la tragedia y que espera el pago de la mensualidad por unas clases que no se van a impartir. Eso sí, que el pago sea a través de sus representantes, porque no crean que va a dar la cara.
Y así como Miss Mónica, como le llaman, están también aquellas personas que se disfrazaron de elementos del cuerpo de Protección Civil, para tocar las puertas de algunas casas, fingir que realizarían peritajes a las construcciones y asaltar a los habitantes. O aquellos otros que, por su mala fama, obligaron a los voluntarios en los centros de acopio a marcar cada producto recibido, con tal de que éstos no acabaran siendo vendidos en el mercado negro. O esos que montaron centros de acopio falsos, como se denunció en redes sociales.
También están los comerciantes que se aprovecharon del momento para subir los precios en productos de necesidad; y aquéllos que incluso fueron capaces de robar la ayuda que transportaban a Oaxaca un grupo de jóvenes, que logró traer de California una camioneta repleta de víveres, además de 40 mil pesos que serían entregados a los damnificados de Juchitán. Fueron 40 hombres armados quienes los atacaron, les dispararon, y aunque la autoridad dice que la denuncia presentada sólo fue por robo, también se habla de la supuesta violación a una joven parte de la brigada de ayuda de la Fundación Papa Francisco Pro Felicitas.
Y como ellos, que se han aprovechado en las calles de la tragedia que nos representó el sismo, están también quienes, desde el anonimato y la comodidad de su hogar, comenzaron a colectar vía electrónica. Armaron falsas páginas de ayuda en las que se recaudaba dinero que, según, sería para los damnificados, pero que no tenían ni una sola seña de verificación ni respaldo de autoridades u organizaciones civiles. Viles fraudes.
Es cierto que muchísima gente salió a las calles a entregarlo todo en auxilio de quienes fueron afectados por el sismo; pero también es cierto que salió otra tanda de personas a aprovecharse de las circunstancias, incluso hubo sitios y cuentas en redes sociales que, prácticamente de manera anónima, se encargaron de difundir noticias falsas que sólo entorpecieron la divulgación de información que, en momentos de contingencia como éste, exige rigor. Ésos también pertenecen a ese lado oscuro.
Los seres humanos podemos emitir relámpagos de amor y solidaridad gigantescos, pero también momentos abismales de mezquindad y, sí, desvergüenza... Qué jodida contradicción.
