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Me impacta que ningún político está logrando leer lo que ha ocurrido con la sociedad desde hace una semana, cuando el sismo de 7.1 grados de magnitud le recordó a una gran y maravillosa mayoría, que en sus manos se teje, también, el futuro de nuestro país. Me ...
Me impacta que ningún político está logrando leer lo que ha ocurrido con la sociedad desde hace una semana, cuando el sismo de 7.1 grados de magnitud le recordó a una gran y maravillosa mayoría, que en sus manos se teje, también, el futuro de nuestro país. Me impacta, me entristece y, sobre todo, me preocupa porque ésta es la oportunidad perfecta para que aquellas manos y las que forman al Estado se estrechen de nuevo y se sienten a dialogar. Y es que ese diálogo es parada obligada si lo que queremos es que México sea un mejor país a partir de esta tan desafortunada experiencia.
“Estamos en medio de la emergencia y lo único que podemos hacer en este momento es prever lo que viene, eso es lo que distingue a una sociedad que enfrenta con éxito una tragedia como la que estamos viviendo (...) La reconstrucción va a tomar meses y años, tenemos que empezar a cuidar desde ya los recursos que vayan para la reconstrucción de las viviendas en la Ciudad de México, Morelos y en otras entidades, haciéndolo con absoluta integridad. Tenemos que asegurarnos que nadie que haya sido dañado, sea condicionado recurso alguno por razones políticas u otras razones...”, me dijo Eduardo Bohórquez, director de Transparencia Mexicana, hace un par de días en Imagen Radio.
Y no es paranoia. Ya ha pasado en otras ocasiones: los damnificados se convierten en clientelas políticas, y a la pena por los daños, le tienen que sumar el suplicio para la obtención de los recursos prometidos que les ayuden a recuperar algo de lo que perdieron. Y bueno, si en la víspera tenemos una elección... ¡peor aún! Basta abrir las redes sociales para notar las denuncias ciudadanas. Pasó con la ayuda tras el sismo del 7 de septiembre, pasa, ahora, con el sismo del 19. Y es que, para mala suerte de los funcionarios, ya todos tenemos al alcance un dispositivo que documenta y registra cada paso suyo, más aún, cuando éstos son pasos en falso o con trampa.
“Lo que hemos visto es una sociedad que se activó muy rápidamente y de forma orgánica (...) Tenemos que organizarnos de una manera distinta los ciudadanos, para que esos recursos sean monitoreados con el tiempo, porque en tres meses habrá algún diputado local, un síndico y algún secretario de Estado que van a tratar de lucrar políticamente con esto, irán a decirle a las comunidades “yo te apoyo si tú me apoyas...”, para construir relaciones clientelares de las que ya queremos deshacernos. No encuentro otra manera de contrarrestar esto, que no sea una buena organización de la sociedad civil...”, agregó Bohórquez.
Y es que debe haber más de dos que ya estén babeando por lo que les significaría entregar ayuda a los damnificados con su nombre en una estampita. Aunque la ayuda no haya llegado, precisamente de su bolsa, sino de la de los ciudadanos solidarios. La caravana con sombrero ajeno es un modus operandi cotidiano en la política nacional. Ahí están los partidos “donando” dinero de su presupuesto... ¡que les dan de nuestros impuestos!
Justo, en los últimos días, en redes sociales se cuestionó la manera en que el gobierno de Morelos canalizó la ayuda que llegó para los afectados del sismo. Tanto Graco Ramírez, el gobernador, como su esposa y presidenta del DIF estatal, niegan que hayan interceptado la ayuda para entregarla en bolsas rotuladas. Dicen que eso es un complot en su contra. Y como el miedo no anda en burro, ayer en Imagen Televisión el gobernador me aseguró que su gobierno se someterá a la lupa de Transparencia Mexicana, para que sean ellos quienes revisen el teje y maneje de la ayuda y los recursos destinados al estado para la reconstrucción. Se comprometió a ello en televisión nacional. Y será gracias a la organización ciudadana y al trabajo que junto con organismos como Transparencia Mexicana puedan lograr, que ni Graco ni ningún otro funcionario convierta esta tragedia en una ventana de oportunidad política.
