¿Igual que todos?
López Obrador se tardó una semana entera en dar un posicionamiento sobre el asunto en Tláhuac y su delegado. Durante siete días, el asunto no estuvo en ni en su agenda ni en la de su partido, apenas el pasado jueves, la dirigencia de Morena en la ciudad declaraba su respaldo al delegado
Parece que Morena, en realidad, podría significar Movimiento de Repetición Nacional, como lo escribí aquí en mayo, cuando estallaba el escándalo de Eva Cadena y el dinero que recibió para darlo a AMLO, como se evidenció en tres videos difundidos por El Universal. En aquel entonces, Andrés Manuel López Obrador tuvo una oportunidad para desmarcarse de toda la clase política, demostrar que no es todo eso que dice repudiar y que identifica a lo que llama “mafia en el poder”, responsable de todos nuestros males, según él. La oportunidad pasó y sí, en ese entonces dijo que esa “mafia” lo único que quería era denostar a su partido y, claro, su persona; porque todo, siempre, se trata de él, hasta su partido, que más que colectivo, es un movimiento unipersonal.
El cuento de siempre: “Es un asunto que tiene como propósito manchar a Morena, porque están muy nerviosos por el crecimiento (...) la mafia del poder va a intensificar la guerra sucia con sus medios de información que son bastantes periodistas, caricaturistas, pero no van a lograr nada...”, dijo hace un par de días en un evento en Guanajuato. Se refería al tema de Rigoberto Salgado, delegado de Tláhuac y los nexos que tendría con El Ojos, el líder del Cártel de Tláhuac, abatido la semana pasada en un operativo de la Secretaría de Marina, la PGR y la SSP de la Ciudad de México, y que están siendo investigados de manera conjunta por autoridades locales y federales.
Cuando lo de Eva Cadena, celebramos que hubiese integrantes de Morena que pidieran una investigación. Claro, no fue AMLO quien lo hizo, porque él acuso de “compló”, porque parece que la condena sólo llega cuando el personaje en cuestión no pertenece a Morena, porque entonces sí exige rendición de cuentas. López Obrador se tardó una semana entera en dar un posicionamiento sobre el asunto en Tláhuac y su delegado. Durante siete días, el asunto no estuvo ni en su agenda ni en la de su partido, porque también, apenas el pasado jueves por la mañana, la dirigencia de Morena en la ciudad declaraba su respaldo al delegado. Una semana se tardaron y para lo que dijeron. Y es que lo dicho por Morena en la CDMX fue como alfombra para dar paso a lo que diría AMLO por la tarde en Guanajuato: lo respaldan porque es un plan de sus enemigos. Un asunto de seguridad que se vuelve estrategia política para seguir jugando el papel de mártir de la democracia.
Si es AMLO es tan distinto al resto, ¿no debió salir de inmediato para pedir una investigación? ¿No debió abrir las puertas de su movimiento y dar los elementos necesarios para resolver si hay o no nexos de Salgado con El Ojos o con la familia del “narcomenudista”? ¿No debió Morena cooperar con las autoridades en lugar de buscar una confrontación? López Obrador asegura que todo es una guerra sucia en su contra, ¿pues qué no la política también se trata de eso? ¿Qué no a él también le gusta exponer a sus rivales?
El cuento del “compló” lo hemos escuchado tantas y tantas veces. Es su estrategia favorita para defenderse él y a su movimiento ante acusaciones que lo colocan junto a esos políticos que tanto critica. Cuando a pesar de las evidencias y las dudas, él prefiere cerrar filas y agregar confrontación que nada, absolutamente nada le abona a la vida institucional del país. Cuando salieron a la luz las transas de Javier Duarte, fue el primero en condenarlo a él y a su partido. AMLO se tardó una semana en hablar de Rigoberto Salgado y Tláhuac. Siete días enteros. Y se limitó a decir que todo es un plan en su contra. Porque siempre todo se trata de él. Sin darse cuenta que, el primero en actuar en su propia contra, con este tipo de omisiones, es justamente él: Andrés Manuel contra López Obrador.
