Underwood y Covarrubias

Fue un oso internacional. Pero al mismo tiempo todo un éxito. Un episodio tan revelador de nuestros pathos nacionales como de las fibras y resortes de la era en que vivimos en el mundo. Ese spot del exalcalde de Texoloc, Tlaxcala, Miguel Ángel Covarrubias, tomando ...

Fue un oso internacional. Pero al mismo tiempo todo un éxito. Un episodio tan revelador de nuestros pathos nacionales como de las fibras y resortes de la era en que vivimos en el mundo. Ese spot del exalcalde de Texoloc, Tlaxcala, Miguel Ángel Covarrubias, tomando palabras dichas por Frank Underwood, le dio la vuelta al mundo y, otra vez, encontramos una razón para la vergüenza. A la larga lista de razones para el descrédito (políticos transas, corruptos, irrespetuosos de los derechos humanos, etcétera) ahora se suma la de plagiarios, que es otra forma de hacer trampa. La política mexicana se anotaba un nuevo fail: un exfuncionario mexicano se convertía en el hazmerreír a nivel global. Ese video nos provocó pena ajena cuando desde las redes sociales de House of cards, recibió una respuesta. “La imitación no es siempre la mejor forma de adulación…”, dicho en voz de Doug Stamper, el leal asesor de Underwood en la famosa serie. Y es que además, estábamos muy indignados, porque apenas hacía unas semanas vimos a otro político, Daniel Zairick, candidato a la alcaldía de Orizaba, plagiar un spot de Mauricio Macri. ¿Qué acaso nuestros políticos no saben comunicar? Bueno, de eso hemos escrito aquí varias veces, mismas en las que hemos concluido que no. Por esa razón me pareció decepcionante el video de Covarrubias, pero de igual forma, me resultó inteligente y veloz la manera en la que le dio la vuelta al tema. Y es que  respondió a House of cards, con la misma inmediatez con la que la producción de la serie de Netflix le mandó un mensaje. La misma tarde en la que ese oso fue noticia internacional, el exalcalde envió otro video a la producción del noticiario de Ciro Gómez Leyva en Imagen Televisión, y lo que ahí dijo, bueno, sin duda habrá tomado por sorpresa al mismo Underwood: que no quería competir, que sólo quería atención, la de Frank y la del resto del mundo. Y no podemos decir que su experimento salió mal. La consiguió, sin duda.

Y es que un par de días después, Covarrubias insistía en que todo se trató de una práctica de comunicación política. En realidad, lejos de lo que este asunto nos provocó en un principio, es cierto que la manera en cómo se comunican los demás políticos mexicanos da vergüenza, pero de la otra: la que se siente cuando miras productos incompetentes, sin creatividad, sin ningún tipo de sustancia. Interesante experimento, porque justo una de las exitosísimas peculiaridades de la mercadotecnia que ejecuta Netflix para promover sus producciones, es la sinergia entre la realidad y la ficción. Aunque hoy, y justo hablando de House of cards, parece que la segunda está rebasando completamente a la primera.  De ahí que los mismos productores de la serie declaren que quedan atónitos con las decisiones de Donald Trump, porque de tan inverosímiles se sienten completamente rebasados.

Si alguien se pone listo, tomaría este tema sobre la comunicación política en nuestro país, como una ventana de oportunidad para abonarle cualidades a nuestra democracia. Algo más creativo que las despensas, los tinacos y las tortas. En el ejercicio de una democracia tan limitada, donde le huyen a cualquier tipo de debate o a cualquier entrevista que pueda resultar tantito retadora, en el que los políticos regresaron a la voz engolada y los lugares comunes de los discursos de cajón y utilería. Aquí no quieren salir de su zona de confort, del aplauso fácil, de la foto con el bebé en brazos, de las porras dichas por acarreados.

Tan evidente es la anémica creatividad, que el oso de Covarrubias se va a convertir en un caso de éxito. Ojalá y represente una ventana de oportunidad para la comunicación política en general. Con tanto ingenio, los mexicanos podrían lograr productos que hasta el mismísimo Frank Underwood tuviera ganas de plagiarlos. (Pero la pereza mental y la cobardía política en la vida real no serán temas que le resulten en absoluto atractivos a este icónico personaje de ficción. Ni a ningún otro. Peor aún: a ningún elector mexicano con credencial para votar su realidad).

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