Hecho (otra vez) en México

Ante una crisis bilateral con Estados Unidos, como no recuerdo 
que hayamos tenido antes, de ninguna esquina han salido ideas 
que de verdad representen un mecanismo distinto.

Ayer al mediodía, Enrique Peña Nieto presentó “Hecho en México”, una estrategia que busca dar énfasis a los productos que se elaboran y comercializan en nuestro país, para diferenciarlos de la mercancía de importación. Ahora que el ánimo está muy molesto con todo lo que tenga que ver con Estados Unidos, y algunos torpemente llaman al boicot a las marcas extranjeras (donde los únicos y más inmediatos afectados son los trabajadores mexicanos que las hacen funcionar en nuestro país). La cosa es que esto no es nuevo: este concepto fue presentado como una marca durante el sexenio de Felipe Calderón, fue parte del Acuerdo Nacional en Defensa de la Economía y el Empleo para Vivir Mejor. Y antes de él, Miguel de la Madrid. Y antes de ellos, aunque no fuera una marca registrada, fue todo el sustento del discurso de Luis Echeverría. ¿Será eso suficiente para abonar al ánimo de nacionalismo que hemos vivido durante estas semanas? ¿Es suficiente el entendimiento de la calidad, creatividad e innovación de las cosas hechas en nuestro país para contrarrestar los efectos de los tiempos que se avecinan?

Todo lo que a últimas fechas nos han anunciado desde la trinchera del gobierno federal ha sido justo para estirar este humor social que hoy, con razón, está muy irritado por las decisiones que toma Donald Trump. Por todos lados se nos dice que debemos mirar hacia el interior, y las propuestas no van más allá del anuncio de iniciativas como ésta. Lo mismo sucedió respecto del mentado muro y las políticas antiinmigrantes (mexicanos y latinos) que se pondrán en marcha en Estados Unidos. ¿Qué sucedió con ello? Sólo se presentó una serie de medidas para mejorar la atención consular, ninguna estrategia que de verdad fuera un giro de 180 grados. Ahora hasta se endurecieron los mecanismos para la entrada legal a Estados Unidos, pues la visa ya estará sujeta a una obligada entrevista con un representante consular estadunidense, sólo estarán exentos de ella quienes llevan menos de 12 meses sin visa vigente. Todo comienza a marchar mal, y aquí sólo podemos ofrecer dinero para mejorar la asistencia consular.

Eso es tal vez lo que más preocupa. Ante una crisis bilateral con Estados Unidos como no recuerdo que la hayamos tenido antes, de ninguna esquina han salido ideas que de verdad representen un mecanismo distinto, nuevo. Incluso, según lo narraba ayer Carlos Loret en su columna en El Universal, la reunión que Enrique Peña Nieto tuvo con los gobernadores hace un par de días en Los Pinos no arrojó nada más allá de lo evidente: todos se quieren mantener unidos (faltaba más) mientras se lidia con el personaje que hoy gobierna a Estados Unidos. Pero todo parece seguir funcionando igual, bajo los esquemas que ya existen. Todos quieren sonar a personajes de coyuntura, que entienden la crisis, que tienen la intención de hacer algo, pero hasta hace un mes los veíamos a todos muy “desconvencidos” (sic) de una política de solidaridad ante la otra crisis —que aún no termina— como la del gasolinazo. Todo marcha igual. Cuando el viernes la nota eran los decretos de Donald Trump para impedir el ingreso a EU a los ciudadanos de siete países con mayoría de población musulmana, aquí ya muy iniciado el fin de semana se nos anunció que Virgilio Andrade sería el nuevo director de Bansefi. Hoy ya despacha desde ahí. ¿En serio no había nadie más?

Uno de los botes salvavidas ante la crisis bilateral con EU era la empresa turística a la que varios secretarios le habían puesto todo el empeño, pero entonces pasó el tiroteo en Playa del Carmen, para recordarnos que la realidad es mucho más complicada de lo que parecen entender.

Ahora resurge la marca “Hecho en México”, presentada con bombo y platillo, pero no deja de ser el rescate de una política ya implementada. Una crisis como la que estaremos afrontando mientras el diálogo y el acuerdo no sea una prioridad para Trump, merece mucho más que el reforzamiento de lo que ya existe: exige creatividad, estrategia y arrojo para pensar en tiempo presente y futuro, no sólo en pasado perfecto.

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