La Legión Holk
“La mañana del 18 de enero del día de hoy nuestro colega F...G..... efectuo el tiroteo en su colegio tal y como lo habiamos planeado y con la calibre .22 que ayudamos a comprarle con la colaboracion de nuestra amada legion holk, no nos equivocamos al elegirlo y es que ...
“La mañana del 18 de enero del día de hoy nuestro colega F...G..... efectuo el tiroteo en su colegio tal y como lo habiamos planeado y con la calibre .22 que ayudamos a comprarle con la colaboracion de nuestra amada legion holk, no nos equivocamos al elegirlo y es que muchos pensaron que se iba a acobardar pero como vemos no nos decepsiono y cumplio. DESCANSA EN PAZ F..., viviras en nuestros recuerdos y moriste como leyenda Alerta Roja Monterrey Para que recuerden a nuestro heroe”. (Las faltas de ortografía son del mensaje original publicado en el perfil de Facebook denominado “Legión Holk”, por otro de los miembros adolescentes de esta aterradora página que cuenta con más de 150 mil “me gusta”. Los nombres los omito por respeto a la Ley de Protección a los Derechos de los Niños y los Adolescentes).
Éste fue uno de los múltiples mensajes que conocí ayer por la noche y que me dejaron la sangre helada. Ya había terminado la redacción de esta columna, reflexionando sobre la tragedia acontecida ayer por la mañana en el Colegio Americano del Noreste en la ciudad de Monterrey, cuando en un chat de amigas –casi todas ellas mamás– comenzaron a enviar capturas de pantalla de lo que en dicha página comentaban los adolescentes, lo que compartían, los memes posteriores a la balacera, la sensación de absoluta virtualidad que los chicos daban a lo ocurrido en la realidad. Helada. La sangre helada al escuchar, adicionalmente, un mensaje de voz de una maestra regia alertando y pidiendo compartirlo a quien lo escuchara, alertando sobre la existencia de ésta y otras “legiones” en Facebook, colectividades del tipo sectario en las que se alienta a los miembros a consumir contenidos altos en violencia y pornografía, a reproducir y compartir videos o fotografías en los que hacían escarnio de otros compañeros, y ahora sabemos, alentar la comisión de crímenes, incluso uno tan horrendos e innombrables como el que atestiguamos ayer... Borré todo lo previamente escrito: estamos ante un fenómeno mucho más grave y complejo que el de un muchacho afectado sicológicamente y deprimido (por definición, todos los adolescentes lo están); estamos ante una posible epidemia de violencia virtual organizada para trasladarse al mundo de lo real.
Más tarde, mis colegas Ciro Gómez Leyva y Johnatan Pardinas presentaban en la tercera emisión de Imagen Noticias, adicionalmente, capturas de los chats de WhatsApp entre varios de los alumnos del Colegio Americano del Noreste, en los que se podía leer cómo varios de ellos estaban perfectamente al tanto de lo que iba a acontecer en ese salón de clases. Y no sólo eso: estaban colaborando en la organización del “evento”. Mientras escribo esto, siguen subiendo materiales a Facebook que acaso ayuden a entender mejor qué exactamente pasó a las ocho y media de la mañana en esa escuela. Pero sobre todo qué exactamente está pasando con nuestros adolescentes. Por ahora, la ficción nos ha rebasado por completo.
Sin tener conocimiento aún de la existencia de esta página, ayer entrevisté por la tarde en Imagen Noticias al vocero del grupo de Coordinación de Seguridad de Nuevo León, Aldo Fasci: hablaba de la urgencia por identificar la procedencia del arma (que pudo ser del famoso operativo “Rápido y Furioso”), así como investigar quién o quiénes habían capacitado al agresor a utilizarla con tanta pericia.
Porque lo cierto es que, amén de los problemas sicológicos que pudiera tener el agresor, amén de la existencia de la “Legión Holk” y similares, la diferencia entre la vida y la muerte (para él, para su maestra y para sus compañeros) la hizo el simple hecho de que tuvo acceso a un arma de fuego. Punto. ¿Qué dirá ahora Jorge Luis Preciado sobre su iniciativa para permitir el uso de armas a cualquier ciudadano?
No puedo imaginar lo que han de sentir los padres de los jóvenes atacados e incluso los del joven que ayer les disparó. No puedo ni imaginar el horror de no haber sabido que aquello que a sus hijos “divertía” en las redes sociales al final les costó o les pudo costar la vida.
El 2017 arranca con nuevas y terribles realidades que se suman a las añejas y que hemos arrastrado durante demasiado tiempo. Las antiguas al menos las conocemos. Y a las abominablemente nuevas hay que estudiarlas con premura, antes de que nos cuesten más dolor y más sangre. Pretender tapar el sol con un dedo no servirá absolutamente de nada.
