2017

Se acabó el annus horriblis que fue el 2016. Pero este nuevo año, este flamante, no está empezando mejor, nada alentador. Ni a nivel nacional ni global. Aunque es obvio que nada cambia de un día para otro, sin duda en el ánimo colectivo, ya de por sí muy lastimado, ...

Se acabó el annus horriblis que fue el 2016. Pero este nuevo año, este flamante, no está empezando mejor, nada alentador. Ni a nivel nacional ni global. Aunque es obvio que nada cambia de un día para otro, sin duda en el ánimo colectivo, ya de por sí muy lastimado, hay un efecto negativo cuando el año que empieza no permite siquiera incubar debidamente la esperanza de que todo pueda ir para mejor. Por ejemplo, aquí en México todavía no recibíamos el 2017 cuando ya nos estábamos enterando de que en Estambul 39 personas morían mientras despedían el año viejo en el interior del Reina, uno de los lugares favoritos de los turcos y los turistas. Morían a manos de un terrorista del Estado Islámico. Luego supimos que de igual forma cerraban diciembre y comenzaron enero en Irak. Ayer por la mañana, un coche-bomba dejaba 36 personas muertas y decenas de heridos. Y más cerquita, en Brasil, se amotinaban presos del Centro Penitenciario Anísio Jobim: murieron 50 internos, aunque aseguran que la cifra podría llegar a más, por la gravedad de los heridos. En Tailandia, una camioneta de transporte público se impactó contra una camioneta de carga. Ahí 25 personas perdieron la vida. Ha sido un trágico inicio de año. Nadie habría querido contar tantos muertos y menos tantos de ellos producto de ataques planeados y sostenidos en discursos que comienzan a estar agotados, aunque siguen siendo igual de letales.

Aquí en México sabíamos que las cosas no serían sencillas. El anuncio del incremento en el precio de la gasolina puso en alerta a todo el país. Por un lado, muchos conductores corrieron a hacer compras de pánico; en varios lugares hubo desabasto, y aunque esto lleva más de una semana, todavía no se ha terminado de regularizar la oferta de combustible. En la Ciudad de México se anunciaron varias manifestaciones contra el alza de precios, pero extrañamente la irritación que se lee en redes sociales y que se escucha en todas las sobremesas no se hizo presente en las movilizaciones; pocos fueron los ciudadanos que acudieron a los llamados del domingo y lunes. Y también se anunció que la Comisión Federal de Electricidad subirá las tarifas de luz eléctrica para el sector industrial entre 3.7 y 4.5%, el sector comercial entre 2.6 y 3.5% y el uso doméstico de alto consumo en 2.6%, como parte de los ajustes que ha realizado la comisión durante los últimos meses. El gas LP, desde luego, también subirá de precio. Y claro, ya se encarecieron los capuchinos en las cafeterías, las comidas corridas en las fondas y, bueno, el efecto dominó de los nuevos precios de la gasolina llegará hasta productos tan cotidianos como los tacos al pastor, según una nota publicada ayer en Milenio.

Nadie ha pensado que 2017 será un año fácil. En pocos días (17 para ser exactos), Donald Trump tomará protesta y comenzará a despachar desde la Casa Blanca. Con esto iniciará una nueva época en la región y en el mundo, en la que todo aquello que antes considerábamos impensable ya tendrá un lugar y una justificación: el racismo, el odio, la intolerancia. El nuevo proteccionismo comercial. Trump será la cara en la que personajes como Vladimir Putin encontrarán a un nuevo y poderoso aliado. Y, de paso, para que los estallidos del Estado Islámico sigan hallando una razón para escucharse con más frecuencia y más sonoridad. Eso ha pasado en las últimas semanas.

Un arranque alarmante el del 2017. Apenas dos días y ya nos lamentamos en torno a tantos hechos que, heredados de 2016, apenas están asomando la dimensión que podrían alcanzar… Ojalá que las instituciones que todavía están en pie, que todavía operan y que todavía no han sido dinamitadas logren detener el tsunami de sinsentido que ha venido arrasando con tanto desde el año que ya terminó. No hacerlo implicará que estamos completamente abiertos a la posibilidad de que en el futuro próximo tengamos que reconstruirlo todo, absolutamente todo, a partir únicamente de las ruinas...

ADDENDUM. Lo que no queda tan claro es como por qué razones aumenta el precio de trámites en la CDMX (trámite de licencias de conducir, emisión de tarjetones, de pasaportes, de verificación, etc.), ¿acaso los hacen con magna? ¿Con premium? ¿Con diesel? ¿O la candidatura presidencial de Miguel Ángel Mancera necesita gasolina para andar?

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