Ana Gabriela (y miles de mexicanas)
No fue un accidente, tampoco fue un atentado, como me lo dijo Ana Gabriela Guevara ayer en entrevista. La agresión contra la senadora fue una inmunda muestra de violencia de género, de bestialidad, de un regreso a un salvajismo que no sólo no hemos desterrado, sino que ...
No fue un accidente, tampoco fue un atentado, como me lo dijo Ana Gabriela Guevara ayer en entrevista. La agresión contra la senadora fue una inmunda muestra de violencia de género, de bestialidad, de un regreso a un salvajismo que no sólo no hemos desterrado, sino que parece crecer con los años. Un episodio más de los tantos que se viven en México (y lamentablemente en tantas otras partes del mundo), a veces con consecuencias todavía más terribles. “Yo venía bajando del puente que viene de Valle de Bravo (…), esta persona, con toda alevosía, me tumba en la moto, yo le hago la señal de que se pare porque sí hubo rayones en mi moto y pues no lo hace; hace señas soeces y después le toco el cristal para que se pare y, acto seguido, bajan dos personas de este carro, él y su hijo me empiezan a insultar (...) De repente aparecen las otras dos personas que yo no veía porque están a mis espaldas, me patean por la espalda en la costilla izquierda y esto me hace caer al piso, al momento que caigo en el piso, golpeada a patadas por los cuatro (...) El hombre no paró de ofendernos, de ofenderme. Tampoco paró de hacer alarde de que no le iba a pasar nada, de que ‘se la íbamos a pelar’ (...) en el momento en que voy rumbo a mi moto, me doy cuenta de que mi cara está fracturada...”, me dijo la senadora en la entrevista en Imagen Televisión, momentos antes de ofrecer una conferencia de prensa. Una conferencia en la que hasta una mujer tan fuerte y tan plantada como ella no pudo evitar quebrarse y romper en llanto. Así, nuestra impotencia cuando alguien nos agrede de esa forma, tan inexplicable, tan brutal, tan insensata.
Desde cualquier ángulo, es una agresión de género. Hombres golpeando brutalmente a una mujer. Punto. Hombres débiles
—intelectual, espiritual y moralmente— que encuentran en la fuerza física su única ilusoria superioridad. No podemos permitir actos como éste. Ni por las mujeres, ni por las cuarteaduras que generan en la sique de los hombres. Está demostrado que cada golpe dado les empequeñece todavía más la percepción de sí mismos y la espiral de violencia sólo crece con sus efectos contraproducentes.
Pero lo más lamentable es que este episodio no sólo mostró la brutalidad de la violencia física. Métase a leer cualquier nota al respecto, busque publicaciones en Facebook o en Twitter, luego lea los comentarios. Cuente la cantidad infame de “chistes” o cosas parecidas que sugieren que esta golpiza fue porque “las mujeres no deben salir de la cocina”, porque “parece hombre”, porque “eso le pasa por andar en moto”, porque “pues ella se lo busca por pendeja”, porque “bla, bla, insultos, bla”. Bueno, hay quienes de la manera aún más ruin utilizaron el argumento de las preferencias sexuales. Como si ése fuera tema. No cabe duda de que los mexicanos también son eso que tanto le critican y rechazan a Donald Trump y su discurso de discriminación, odio y las cavernas. Igual. Igualitos.
A ti, lectora, te pregunto, ¿cuántas veces han usado tu género para hacerte una “bromita”?, ¿para decirte que “no lo entiendes” porque eres mujer?, ¿cuántas veces te han dicho que no, porque eres mujer y eso es cosa de hombres?, ¿o cuántas veces te lo buscaste, que es tu culpa, que tú lo provocaste? En redes sociales es fácil encontrar videos en los que se intenta provocar risa con prejuicios sobre la feminidad. Ana Gabriela fue atacada cobardemente por cuatro sujetos en la carretera, y con la misma o mayor cobardía por miles de sujetos anónimos en redes sociales. Seguramente muchos de ellos brincaban entusiasmados cuando Ana Gabriela, a toda velocidad, le traía medallas a nuestro país. Así que además de cobardes, hipócritas y estúpidos.
Para la tarde noche de ayer, se informó que ya había un detenido. Y es que hablamos de un personaje de alto perfil, Ana Gabriela no sólo es medallista olímpica, también es senadora de la República (que jamás utilizó su condición de servidora pública para amedrentar a los agresores; la senadora viajaba sola, sin escoltas). Y surge la pregunta: ¿cuántas mujeres pasan por esto diario, cuántas y por qué? Miles. El feminicidio como uno de nuestros principales problemas de violencia. Así de grave es el problema. “Yo sigo creyendo en mi México, y en ese México es en el que tenemos que trabajar...”, me dijo. Y yo también sigo creyendo en él, en ese México que se muestre menos cavernario y entienda que hay cosas que son imperdonables, como la violencia contra una mujer... desde la que les quita la vida hasta la que se escribe en un tuit.
*Este espacio se toma un descanso, regresa para su publicación el próximo día 22 de diciembre.
