El otro #Porky

“La realidad es que todos vimos todo. Todos vimos que son gente bien, oei, niños bien que andan con niñas bien, oei, que van a las corridas de toros a barrera obvio y a las pasarelas de no se rían beneficencia ... Porque es lo normal, oei, ellos nacieron para eso, oei, ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

“La realidad es que todos vimos todo. Todos vimos que son gente bien, oei, niños bien que andan con niñas bien, oei, que van a las corridas de toros a barrera (obvio) y a las pasarelas de (no se rían) beneficencia (...) Porque es lo normal, oei, ellos nacieron para eso, oei, para que les vaya bien, oei, para poner de moda esos restaurantes que todos sabemos que son ilegales, pero que tienen el único permiso que cuenta: son negocios de un mirrey conectado con la corte de algún virrey...”, escribió hace unos días Salvador Camarena en El Financiero. Él hablaba de Javier Duarte (gobernador con licencia, expriista y prófugo de la justicia), y todo el “racional” que construye y posibilita la decadencia colectiva en la que hoy está sumida Veracruz (y claro, no sólo Veracruz, pero es un gran botón de muestra). Esas mismas líneas también servirían para describir cómo se mueven algunas élites de nuestro país, no necesariamente de quienes trabajan en el servicio público, como Duarte. Los #Porkys (los chiquitos, no el grandote), los cuatro jóvenes acusados de abusar de Daphne, una menor de edad veracruzana cuya historia conocimos a inicios de este año, son ejemplo preciso de esa dinámica social.

Qué otra cosa podemos pensar si ante una acusación el implicado decide huir. Estos cuatro jóvenes lo hicieron desde el primer momento, y cuando se sintieron acorralados, salieron a decir que en realidad todo era un invento. Igual que el #Porky mayor, juraron y perjuraron que ellos no tenían nada que esconder y que jamás habían cometido ilícito alguno. Han dicho que Javier Fernández, el padre de la joven abusada, los golpeó, los intimidó y hasta que les pidió dinero para no levantar la denuncia. Lo aseguraron después de que se inició la investigación, luego de que la Procuraduría de Veracruz se comprometiera a resolver el caso gracias a la presión desde los medios no sólo del padre de Daphne, sino también de organizaciones y miles de personas pendientes del tema. La insistencia de la defensa de los chicos, con sus padres como primeros interesados, ha llegado tan lejos que incluso han responsabilizado a la misma joven de lo sucedido. Dicen que el no haber aceptado la extorsión que pretendió la familia de Daphne es la razón de la persecución mediática que comenzó cuando conocimos el caso.

Es un tema que no ha dejado de estar en la agenda nacional. Así que mientras el Porky mayor se esconde para que no lo encuentre la PGR, el expediente del caso de Daphne sigue su curso. Hace unos días, uno de los pequeños #Porkys le lloró a un tribunal en España para no ser extraditado a México. Les suplicó para no enfrentar a la justicia en nuestro país. El tribunal no se conmovió y ayer dio el sí para su traslado. La defensa apelará, por supuesto.

“Estamos en el proceso de extradición, que tengo mucha fe que sí se va a llevar a cabo, es cuestión de tiempo nada más, que se cumplan los plazos, que lo traigan a México, que aquí lo juzguen (...) Es muy claro que todo lo que está diciendo, absolutamente todo, son mentira, son infamias”, me dijo en entrevista Javier Fernández, el papá de Daphne, cuando en Imagen Televisión le pregunté de esa escena de Diego llorando en un tribunal en Madrid donde, además, afirmó nuevamente que todas las acusaciones eran una mentira. Entonces, ¿por qué huyó?

Una de las cosas más lamentables de este caso ha sido cómo las familias de los jóvenes acusados decidieron defenderlos, solaparlos y llevárselos fuera de Veracruz o del país, con tal de que las leyes no los alcancen. Los #Porkys chiquitos y Javier Duarte, el mayor, actúan exactamente de la misma forma: abusan de su poder, creen que el dinero todo lo resuelve y que con poseerlo a manos llenas (obtenido por las buenas o por las malas) basta y sobra para evitar enfrentarse a la justicia. Representantes de los cinco de esa cada vez más destructiva y autodestructiva cultura de los privilegios impunes, la arrogancia salvaje y la aristocracia tan brutal como ficticia que este país ha construido a punta de violencia, corrupción y todas sus complicidades.

Hasta que, claramente, el propio sistema contaminado se autodestruye. Porque no hay cáncer que cure cáncer. Y la sociedad ya empezó a entender cuáles son las herramientas de su sistema inmunológico dentro de una democracia. Las primeras “quimios” las dieron en las urnas, las siguientes a través de las denuncias penales y en redes sociales. Los #Porkys, como enfermedad, simplemente no tienen cabida en el Estado de derecho que la ciudadanía en México ya está construyendo. Ni los grandotes ni los chiquitos.

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