La Biblia y el FNF

El Frente Nacional por la Familiadice seguir todos sus preceptos.

En estos días en que el tema del matrimonio igualitario pareciera ocupar más la agenda nacional que los nada bíblicos temas de corrupción medular, de violencia, de narcotráfico, de feminicidios, de salarios insuficientes, de dólares desorbitados, de candidaturas cuestionables, de exgobernadores multiamparados... En fin. Que la Biblia se ha puesto de moda (tan así que ahora no sólo López Obrador la cita; lo hace también Enrique Peña Nieto). Y ni hablar del Frente Nacional por la Familia, que dice seguir al pie de la letra todos sus preceptos y mandamientos. Sólo que yo le voy a exigir aquí al FNF que sea congruente y siga la testamentaria regulación en TODOS los temas de sus vidas cotidianas (y no sólo en lo que atañe a meter su bíblica nariz en las vidas y los amores del prójimo). Ahí le va:

1. Mate a sus propios hijos. Si sus hij@s no le obedecen usted está obligado a quitarles la vida. Ajá, literalmente. Si los retoños de lo que el FNF denomina “familia natural” llegan a las tres de la mañana en lugar de a la una, como les habían indicado papá y mamá (es importante: ambos progenitores de distinto sexo), los padres están obligados a llamarle a todo el condominio (o a toda la delegación o municipio) para que participen en el asesinato de los críos desobedientes. Así es como lo mandata la sagrada escritura en Deuteronomio 21:18-21: “Si alguien tiene un hijo rebelde que no obedece ni escucha cuando lo corrigen, lo sacarán de la ciudad y todo el pueblo lo apedreará hasta que muera”.

2. Examine su pene y sus testículos. Ningún varón circuncidado resiste a esta bíblica ordenaza asentada en Deuteronomio 23:1, 2: “El que tenga los testículos aplastados o el pene mutilado no será admitido en la asamblea de Yavé. Tampoco el mestizo hasta la décima generación”.  Así pues, si usted tiene el pene mutilado (circuncidado por decisión de su papá y su mamá de “familia natural” que lo decidieron sin antes consultárselo a usted, como objeto de mutilación) está bíblicamente impedido de poner un pie en la iglesia. Ni siquiera para confesar que se anda tocando el pene, así sea sólo para examinar si estaba o no mutilado.

3. Sáquese los ojos (o mátese). Cualquier hombre que haya mirado a una mujer con cualquier tipo de deseo o apetito sexual habrá cometido adulterio sólo por el hecho de pensarlo. Así lo determina la escritura (Mateo 5:28): “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”. Y en caso de que aquello pudiera antojársele (al cabo que a los hombres casi nunca les sucede) podrá usted prevenirlo sacándose un ojo antes de posarlo en las posaderas de una mujer que no sea su mujer, según lo ordena el Nuevo Testamento en Mateo 5:29: “Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno”. Y si la opción de ser tuerto no le acomoda y se dejó ir al lecho de una mujer ajena, no le quedará más opción que quitarse la vida según lo estipulado en Levítico 20:10: “Si alguno comete adulterio con la mujer de su prójimo, morirán los dos, el adúltero y la adúltera”.

4. ¡Viva el poliamor! Pero para qué tanto lío con el deseo y la lujuria si la propia sagrada escritura faculta a los hombres a tener no una, sino varias “familias naturales”, según se acepta en Deuteronomio 21:15-17: “Si un hombre tuviere dos mujeres, la una amada y la otra aborrecida, y la amada y la aborrecida le hubieren dado hijos, y el hijo primogénito fuere de la aborrecida, en el día que hiciere heredar a sus hijos lo que tuviere, no podrá dar el derecho de primogenitura al hijo de la amada con preferencia al hijo de la aborrecida, que es el primogénito; mas al hijo de la aborrecida reconocerá como primogénito, para darle el doble de lo que correspondiere a cada uno de los demás; porque él es el principio de su vigor, y suyo es el derecho de la primogenitura”. (Ernesto Alonso habría enloquecido con este argumento, de puro regocijo dramático). Pero ¿para qué dos “familias naturales” si se puede tener una gran, gran, gran “familia diversa” en el reino de los cielos? Porque no me diga usted que lo escrito en Mateo 25:1 no es una invitación al poliamor: “Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que, tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo”.

En fin. Podríamos seguirnos durante diez columnas con este tipo de ejemplos. Resulta divertido. Por sus decenas de contradicciones, sinsentidos, delirios e insensateces. Pero era la única ley que podía escribirse para una especie bastante barbárica: la nuestra. Hace mil 800 años. La paradoja es que, mil 800 años después, la especie se pone barbárica defendiendo ésta, que sigue considerando ley.

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