Normalizar la corrupción
Yo no sé a usted queridoa lectora, pero a mí me escandaliza, me preocupa y me aterra el grado de normalización que está adquiriendo la corrupción en nuestro pobre país. Ayer fue un día particular en el tema. Tempranísimo Javier Duarte le dijo a Ciro Gómez Leyva, ...
Yo no sé a usted querido(a) lector(a), pero a mí me escandaliza, me preocupa y me aterra el grado de normalización que está adquiriendo la corrupción en nuestro pobre país. Ayer fue un día particular en el tema. Tempranísimo Javier Duarte le dijo a Ciro Gómez Leyva, entre muchas otras cosas, que el PRI perdió en su estado porque no lo dejaron defenderse y que él tiene las manos limpias, que no hay empresas fantasma y que él no tiene prestanombres. Le dijo que sería ilógico que un gobernador tuviera conocimiento de todos los movimientos que se hacen desde su gobierno con particulares. Que les cree a sus contralores, quienes le aseguran que no hay irregularidades, pero que avala lo investigado por el SAT, que ya dio de baja a aquellas empresas porque sí encontraron algo que investigar. Aseguró no temer nada, porque nada debe. Está a unos meses de acabar su gestión.
Pobres veracruzanos porque a Miguel Ángel Yunes, gobernador electo de Veracruz, también le siguen la pista por lavado de dinero. Dice el SNTE —sí, el SNTE— que son más de 230 millones de pesos. Según lo publicado ayer por El Universal, se realizaron transferencias por cerca de 116 millones 586 mil 926 pesos en 113 operaciones entre 2008 y 2011. Éstas mientras Yunes era director general del ISSSTE; los recursos llegaron de las retenciones a trabajadores disfrazadas de comisiones que fueron a dar a empresas propias y familiares de quien está a unos meses de asumir el cargo.
A Guillermo Padrés, exgobernador de Sonora, el mismo que se construyó una presa para uso familiar, dejando sin agua a cientos de personas, se le investiga por un acto de magia ya muy recurrente entre los políticos de nuestro país. En 2009, cuando iniciaba su gobierno, reportaba una fortuna de dos millones 100 mil pesos, seis años después la cifra llegó a 262 millones de pesos. Su administración heredó investigaciones por delitos como peculado, cohecho, uso indebido de funciones, tráfico de influencias y otras más, ya sabe, del mismo tipo. Su hija, Nicole Padrés Dagnino, solicitó un amparo para que sus cuentas no fueran embargadas, lo consiguió. No vayamos a pensar que tiene algo que esconder.
También ayer nos enteramos de que Rodrigo Medina, exgobernador de Nuevo León, jura y perjura ante la justicia regia que él no cometió delito alguno. Él, que dejó a su estado con una deuda de 61 mil 179.6 millones de pesos, se declara inocente. Es investigado por ser el dueño de varias propiedades en México y EU que superan los 900 millones de pesos. Junto con él, a otros diez exfuncionarios de su gestión les siguen la pista por la misma razón. Medina se presentó ante las autoridades luego de no obtener un amparo, dijo, así como Javier Duarte, que no debe nada. Ya lo habían llamado a declarar, pero no se presentó, aun así, dijo que espera que se haga lo correcto.
Ayer también a Presidencia le volvió a llover sobre mojado. Ahora sin Virgilio Andrade cerca, fue Eduardo Sánchez el encargado de desmentir lo publicado por The Guardian, que asegura que la primera dama, Angélica Rivera, sería dueña de dos departamentos en un exclusivo edificio en Miami. Uno lo compró en 2005, el otro en 2009, aunque quien aparece como dueño del último es Grupo Pierdant, potencial (según se reportó), contratista del gobierno federal. Desde Los Pinos se envió un desmentido al respecto; sólo se aclara que Rivera es dueña de uno, el adquirido en 2009. Sin embargo, la sola aparición del reportaje sirvió para que otros medios a nivel mundial, y las redes sociales en México, nuevamente pongan en duda si hay o no un conflicto de interés.
La tragedia es que si The Guardian miente (y no hizo una investigación con todo el rigor periodístico que un caso como éste requiere), la sola sospecha la convierte en nota verosímil cuando vemos que ninguno de los antes mencionados ha sido debidamente investigado y castigado menos. Los casos, claro, son muchos más de los que alcanzo a enlistar. Sorprende que todavía se escandalicen de que sea AMLO quien capitalice un discurso de combate a la corrupción que le está redituando en las encuestas rumbo a 2018.
Hemos pasado por un difícil y doloroso proceso en el que la violencia se normalizó; parece que la corrupción es el nuevo objetivo de la normalización política, social y mediática. Y así, poco a poco, la barbarie nos termina pareciendo un hábitat casi natural, de lo más normalizado.
