Game of (Bel)Thrones

Del hasta ayer dirigente nacional del PRI se podrán decir muchas cosas, algunas extraordinarias, otras terribles. Dependiendo de quién las diga, por supuesto. Como si de una leyenda viviente se tratara, lo mismo se le han concedido poderes casi sobrenaturales para el ...

Del hasta ayer dirigente nacional del PRI se podrán decir muchas cosas, algunas extraordinarias, otras terribles. Dependiendo de quién las diga, por supuesto. Como si de una leyenda viviente se tratara, lo mismo se le han concedido poderes casi sobrenaturales para el quehacer político, que se le ha comparado en el imaginario colectivo con personajes hoy icónicos como Frank Underwood. Pero en algo coinciden tirios y troyanos, sus amigos y sus enemigos: Manlio Fabio Beltrones es un animal político de pies a cabeza. Es reconocido como un hombre de palabra y por ello con indudable talento para la construcción de acuerdos políticos y legislativos. No ha sido gratuitamente llamado el Virrey Beltrones durante tres sexenios, casi cuatro. Factor para evitar que el PRI se desmoronara, literalmente, tras la derrota de Labastida en la elección presidencial del año 2000. Y al mismo tiempo ser una oposición lo suficientemente responsable para convertirse en factor de gobernabilidad para el inexperto gobierno de Vicente Fox. Y lo mismo durante los seis de Calderón. Y una vez que su partido regresó a Los Pinos, se convirtió (a pesar de las versiones de encono de parte del gabinete peñista hacia su persona) en uno de los más importantes operadores del Pacto por México para que las reformas de Peña Nieto pudieran ser acordadas y aprobadas en ambas Cámaras. Y de ahí a dirigir un partido cuya marca recibió muy lastimada.

Ayer Manlio renunció al PRI. La teoría de los sistemas democráticos asumiría qué es lo que tiene que proceder en toda democracia que se precie de serlo: las dirigencias asumen sus yerros y presentan su renuncia ante resultados electorales adversos. Pero el que esté pensando que Manlio hizo sus maletas porque se quedó sin opciones, definitivamente está cayendo en una lectura un tanto ingenua. En el discurso que dio el día de ayer dejó varias claves sobre el tintero. Voy por partes: 1) Hasta ahora él ha sido el único en dar acuse de recibo de las razones reales de la derrota: habló de corrupción y habló de impunidad. Dijo (con todo lo que ello implica rumbo al 2018) que es momento de que una nueva generación tome las riendas de la política mexicana y que el proyecto que debe prevalecer en México es el proyecto modernizador (yo le escribiría aquí los nombres, pero asumo, querido lector, que usted es lo suficientemente avispado para saber de quiénes sí y de quiénes no hablaba Beltrones). 2) Dijo que la ciudadanía no se equivoca al esperar que el sistema se modifique, porque si el sistema no cambia y no se reforma para facilitar los gobiernos de coalición (es decir, uno de corte semiparlamentario), lo único que terminará pasando es que el cambio de nombres y de partidos sólo dará paso a mayores desencantos ciudadanos porque lo que ya no sirve es el sistema (¿con cuál o cuáles partidos además del típico PVEM podría el PRI impulsar una reforma así de importante?). 3) Graficó a la perfección la radicalización de las derechas y las izquierdas en los últimos meses. A las primeras no las bajó de fascistas (en clara alusión a esa ultraderecha que ha salido del clóset en las últimas semanas) y a las izquierdas que o le hacen el caldo gordo a la derecha (en alusión al PRD y sus alianzas) o se radicalizan violentamente con discursos que ya demostraron su fracaso (AMLO, ahí te hablan); una exacta gráfica del mapa ideológico-político de los próximos años. 4) A pesar de la falta de autocrítica (al menos pública) del actual gobierno federal y los gobiernos locales priistas, ayer Manlio se atrevió a facturarles la parte de culpa que sí les corresponde en la derrota (“los partidos resienten las acciones de los gobiernos emanados de sus filas”), en clara referencia a lo que el electorado sí facturó al gobierno federal y a varios de los impresentables gobernadores de los estados que fueron a las urnas.

Pero lo que más llama la atención es el momento en el que Manlio Fabio Beltrones (quien de ninguna manera es un improvisado y mucho menos un apostador a ciegas), hace este anuncio: cuando, por segunda vez en lo que va de este sexenio, sangre de civiles corre por las calles. Y otra vez, con la policía de por medio. Y todo lo que eso implica al interior y al exterior de nuestro país. Y por eso, ahora sí, más que hablar de House of Cards, yo hablaría de Game of Thrones. The Game of (Bel)Thrones...

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