“¡No disparen!”

Israel Galindo es albañil, tiene 66 años y vive en San José, California. Desde la mañana del 27 de septiembre, no se despega de un iPhone y un iPad que los adquirió con mucho esfuerzo. Los compró para informarse, para leer cualquier nota nueva que se genere en los ...

Israel Galindo es albañil, tiene 66 años y vive en San José, California. Desde la mañana del 27 de septiembre, no se despega de un iPhone y un iPad que los adquirió con mucho esfuerzo. Los compró para informarse, para leer cualquier nota nueva que se genere en los medios con respecto a los 43 estudiantes desaparecidos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa.

Desde hace tres semanas, han sido muchísimas las preguntas que nos hacemos con respecto a todo lo que verdaderamente ocurrió en Iguala. Aunque, claro, para las 43 familias de estos jóvenes sólo cabe una en su cabeza, la misma que se repiten una y otra vez; siempre con la esperanza de que pueda ser respondida: ¿viven? Que nos digan, que nos digan dónde están…

Don Israel se fue a Estados Unidos hace ocho años. Dejó en Guerrero a su esposa y sus tres hijos. Al menor de ellos le puso su nombre. Desde su partida del país, sólo lo conoce por fotografías. Lo dejó cuando todavía era un niño, tenía casi 11 años. Sus otros dos hijos son maestros egresados de la escuela normal que hoy ocupa los diarios de todo el mundo. Del más chiquito, Israel, sabe que quiso seguir el ejemplo de sus hermanos y decidió inscribirse a la normal rural.

Lo que cuento en estas líneas, lo extraigo del reporte publicado hace unos días por Joe Rodríguez en el San Jose Mercury News, el diario más influyente de aquella localidad californiana. Israel Galindo le contó también a Rodríguez, que la mañana del 27 de septiembre recibió un mensaje de voz de su hijo mayor, Ricardo. Quien le contó que una noche anterior habló por teléfono con Israel, su hermano, y en la llamada alcanzó a escuchar: “¡No disparen! ¡No estamos armados!”. Habrá sido el momento en que el vehículo fue interceptado por la policía municipal de Iguala.

Galindo precisó que lo último que su hijo Ricardo escuchó de su hermano Israel fue un “estamos bien”. Después le volvió a marcar, pero la llamada jamás volvió a entrar. Directo al buzón. Una y otra vez. Un día tras otro. Al maldito buzón de voz. Al jodido buzón de la incertidumbre y de la angustia… y claro, desde entonces, de Israel no ha sabido, como de los otros 42 muchachos, absolutamente nada.

Este reportaje se publicó justo en el tiempo medio entre el hallazgo de las terribles primeras fosas en las que se descubrieron 28 cuerpos y los trabajos que la autoriadad realizó para la identificación de éstos. La mamá de Israel dio una muestra sanguínea a la autoridad para realizar las pruebas de ADN. Hoy sabemos que ninguno de los cuerpos encontrados correspondían ni a Israel ni a ninguno de los todavía hoy faltantes estudiantes. La esperanza entre lo terrible, porque a la pregunta de dónde estarán aquellos, se nos viene encima junto con la interrogante de a quiénes pertenecen los restos encontrados en las hoy ya 19 fosas encontradas.

Todos los días, según lo narra el reporte, Galindo llama a México, habla con su esposa y le pregunta si ha regresado el hijo, si ha recibido novedades. Mismas que, por supuesto, no ha obtenido. O al menos no alguna que les ofrezca algún indicio. No saben nada. Ni sus acercamientos con las autoridades consulares en California han servido para obtener alguna, la más mínima certeza de nada. El único dato certero que tiene sobre su hijo, es que su nombre se encuentra en la lista de los 43.

Hace un par de semanas, en la Segunda Emisión de Cadenatres Noticias, hablé con Clemente Rodríguez, padre de Cristian Alfonso Rodríguez Telumbre. Aquel momento coincidió con el encuentro de 14 de los estudiantes que aparecieron, sanos y salvos, días después de los hechos. En la llamada que hicimos antes de entrar al aire, el Sr. Rodríguez nos preguntaba si sabíamos nosotros si su hijo había sido uno de los que habían encontrado. La autoridad no les decía nada aún y ya pasaba del mediodía. Y nosotros no pudimos hacer nada, sino darle malas noticias. Y entonces pensamos en aquella imagen del Palacio de Gobierno en Chilpancingo incendiado el lunes por la tarde como una terrible, pero también metáfora del incendio interno que los familiares de estos 43 jóvenes deben sentir a cada hora, día, semanas ya en que no han tenido noticia alguna de su paradero…

La única (y desoladora) ventaja que don Israel Galindo podrá tener, como padre, por sobre don Clemente, será que su situación de trabajador en Estados Unidos, le abrirá las puertas para demandar ante la corte de EU, por la desaparición de su hijo, a los gobiernos de José Luis Abarca y de Ángel Aguirre Rivero. Y digo “desolada” ventaja, porque ni siquiera ganándola restaría ni un solo minuto a las horas de angustia que lleva viviendo este desafortunado padre. Ni a él ni a su esposa. Ni a los padres, hermanos, amigos y familias de los 43 normalistas que llevan ya tres semanas desaparecidos…

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