Política doméstica

Rick Perry es el nombre que suena con más fuerza para convertirse en el candidato presidencial de EU.

Hace unos días escribíamos aquí sobre la visita de Hillary Clinton a nuestro país. Vaya manera la suya de hacer política. Vaya manera de sembrar terreno de la política exterior con miras a la elección presidencial estadounidense que, dice ella, tal vez la tenga como candidata demócrata. Política exterior que es, finalmente, política doméstica.

Nicolás Sarkozy llegó a uno de sus momentos cumbres tras la liberación de Ingrid Betancourt, quien aunque colombiana de nacimiento, adquirió la nacionalidad francesa gracias a su matrimonio con un diplomático de aquel país. Y sí, aunque en realidad el rescate de la ex candidata presidencial de Colombia de aquel largo secuestro que vivió en manos de las FARC, lo logró, justamente, el gobierno de Álvaro Uribe, Sarkozy intentó por todos sus medios hacerlo suyo. Aunque fuera manteniendo una relación cercana con Hugo Chávez. Lo mismo intentó hacer con Florence Cassez en nuestro país, que para su beneplácito aquélla acusada de secuestro salió libre gracias a tecnicismos legales que jamás la declararon inocente, sino que fue liberada por errores en su procedimiento. Sin embargo, aunque éste último no fue un tema tan taquillero, al expresidente francés ambos episodios, sobre todo el de Betancourt, lo catapultaron al interior como un gobernante preocupado por sus ciudadanos.

Y lo mismo habrá pensado el gobernador de Texas, Rick Perry. Lo mismo, pero mal. O lo mismo, pero  bien si pensamos que es republicano y esta declaración cumple con la línea política que este partido ha tenido al respecto de los asuntos fronterizos con nuestro país. Y, claro, además de que es el nombre que suena con más fuerza para convertirse en el candidato presidencial.

Que se culpe a nuestro país como el único responsable, es más bien una insensatez y —oh, ironía— una irresponsabilidad. Pero es también un movimiento estratégico para convencer al partido de que él es la opción para buscar la presidencia.

Será éste un punto a su favor al interior de los grupos republicanos más radicales (y sí, intolerantes) para él y sus aspiraciones. Pero es también un golpe fuerte a la relación que México tiene con Estados Unidos. No se sentía tal tensión diplomática entre ambos países desde aquel episodio del no respaldo a la guerra con Irak en los tiempos del sexenio de Vicente Fox. Cuando aquel memorable discurso de Adolfo Aguilar Zinser en la ONU (“...lo primero que se aprende cuando llega uno a las Naciones Unidas es a criticarla. Lo segundo que se aprende es a defenderla y a quererla y lo tercero que se aprende es a necesitarla...”).

Es claro que Perry está haciendo campaña. Está, pues, haciendo política exterior que más bien es doméstica. Lo que le importa ahora es lograr la candidatura y eso sólo lo conseguirá convenciendo así a su partido. Es claro que no ha pensado en las consecuencias. O tal vez sí, pero también por lo mismo es aplaudible que el gobierno de Obama esté dando, sino un revés, sí al menos un mensaje de acercamiento con México al nominar a María Echaveste, una abogada de origen mexicano, como la posible próxima embajadora de los Estados Unidos en nuestro país. Ya nada más falta la ratificación del Senado...

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