Las guerras de Michoacán

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Yuriria Sierra 16/01/2014 01:16
Las guerras de Michoacán

Pasan los días y Michoacán sigue convertido en suelo de guerra. Y no es una, son varias las guerras que deben enfrentarse, con el triste, tristísimo detalle de saber que son los ciudadanos quienes están en medio de todas ellas. Entonces, el estado queda convertido en terreno resbalosísimo para enfrentamientos como los que se han registrado no sólo estos días, sino desde hace buen tiempo en cerca de 26 ayuntamientos y comunidades donde tienen presencia los grupos armados denominados autodefensas; mismos que habrían sido creados por iniciativa ciudadana ante la falta de resultados de las estrategias de seguridad impuestas por el gobierno estatal.

Son tres los campos que hoy debe revisar el gobierno. Son tres las batallas que, desde ayer, Alfredo Castillo, nuevo comisionado para la Seguridad y Desarrollo de Michoacán, deberá resolver ahora que regresa el esquema de la comisión especial, como estrategia del gobierno federal para la resolución de un conflicto. Aunque también, en este caso muy particular, el de Michoacán, como refuerzo necesario para un gobierno que lo mismo ha sufrido violencia, como ausencias.  

Por un lado, el Estado mexicano enfrentado a las fuerzas criminales. Algo no distinto, por desgracia, en muchos otros puntos del país, pero con mayor fuerza en Michoacán, donde hace unos años un conflicto similar se vivió ahí, cuando eran Los Matazetas quienes se enfrentaban directamente con los integrantes de Los Zetas, por motivos meramente criminales. Se veían como los enemigos a vencer, al mismo tiempo del inevitable y constante enfrentamiento con las autoridades del estado.

Así, además de atender el conflicto con los cárteles del narcotráfico, al igual que ahora, se observaron más que riñas. Eran enfrentamientos, batallas campales entre los grupos criminales entre sí. La gran diferencia hoy, es que aparecen los grupos de autodefensa, que han tensado aún más la relación entre los pueblos y las autoridades. Más que por intención, sino porque las condiciones no se han prestado para el diálogo y el trabajo conjunto.

“Estamos exigiendo justicia con esas personas que mataron a nuestros compañeros (...) Nosotros tenemos, la verdad, a cuatro compañeros muertos —en los enfrentamientos del martes— (...) A las autoridades no les conviene decir la verdad...”, me decía ayer Mary Ibarra, integrante del grupo de autodefensa comunitaria de Buenavista Tomatlán, Michoacán. “Hace unas horas, en Apatzingán, estando lleno de gente del gobierno —autoridades— quemaron la farmacia. ¿Qué seguridad vamos a tener nosotros en nuestro pueblo?..”.

Y es que así se viven los pueblos de Michoacán, y bajo ese esquema se vuelve muy complicada la comunicación y la generación de confianza. Por un lado, las comunidades y sus grupos de autodefensa no ven un solo resultado en las estrategias de seguridad de sus gobiernos; por otro, el mismo gobierno debe resolver las dudas sobre el origen de todos los grupos que hoy se enfrentan. Separar a los que se originan de los ciudadanos, para así trabajar con ellos; pero también reconocer a  quienes trabajan con los criminales, para así enfrentarlos.

Entonces, tenemos tres guerras: la del Estado vs. el narco; la de las autodefensas vs. el narco; y las autodefensas vs. el Estado. Y todas, peligrosamente, en territorio resbalosísimo...

Addendum. En el texto de ayer citamos lo escrito por Luis Fernando García Muñoz en Nexos, con respecto al tema de la geolocalización que se discute en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Lamento haber omitido el título del texto: La corte y sus (malos) argumentos a favor de la geolocalización de celulares sin controles, que corresponde a lo publicado el pasado 14 de enero, en su espacio denominado El blog de la Corte.

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