El Papa del año

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Yuriria Sierra 14/12/2013 01:42
El Papa del año

Cuando llegó Benedicto XVI al cargo máximo de la Iglesia católica en la tierra, dicho así porque de tal forma lo escriben, siempre se pensó que uno de los grandes obstáculos que tendría el —en aquel entonces— nuevo Papa, sería la falta de carisma de su antecesor. Y es que la figura de Juan Pablo II se construyó alrededor de ese poder de convocatoria que tuvo y que le permitió convertirse no sólo en el líder de una institución religiosa, sino que incluso eso lo llevó a recibir trato de un verdadero líder de Estado, uno que tenía influencia política y social.

A la salida de Benedicto XVI, se pensaba de nuevo en las cualidades que debería reunir el nuevo Papa. Si Juan Pablo II fue un líder carismático, Joseph Ratzinger fue uno mucho más mesurado, “el cardenal que no quería ser Papa” y que entonces se fue. Jorge Bergoglio, no sólo llegó como el primer Papa en no ser europeo, sino que además cargó de inmediato con el peso de una institución que se sabe vieja.

Han pasado meses, apenas en marzo se cumplirá el primer año de papado de Francisco, el jesuita; el mismo que dijo no a las comodidades que le ofrecían en el Vaticano, desde los zapatos Prada al departamento todo incluido. El mismo que lo mismo da misa en la Basílica de San Pedro, que en un barrio humilde. El mismo que ha asombrado con el cambio del discurso, de las formas. Ha dejado atrás la condena como elemento riguroso: “No podemos insistir sólo en temas relacionados con el aborto, el matrimonio gay y el uso de métodos anticonceptivos. Eso no es posible. No he hablado mucho de estas cosas y fui reprendido por eso(...) Pero cuando hablamos de estos temas, tenemos que hablar de ellos en un contexto. La enseñanza de la Iglesia sobre este asunto es clara y soy hijo de la Iglesia(...) En la vida, Dios acompaña a las personas, y nosotros tenemos que acompañarlas, empezando por su situación. Es necesario acompañarlas con misericordia(...) Debemos investigar más el rol de las mujeres en la Iglesia. Tenemos que trabajar más duro para desarrollar una profunda teología de la mujer. Sólo dando este paso será posible reflejar mejor su situación dentro de la Iglesia...”.

Y es que justo en esos temas es en donde más se ha notado el cambio, porque la institución que representa ha sido tajante. Y sí, también es cierto que esto no representa una reforma —¡la palabra de moda por nuestra coyuntura!— a los preceptos en los que se basa el catolicismo, pero el mensaje del papa Francisco ha sido compasivo y no de condena.

Todo lo anterior, para justificar el porqué la revista Time lo nombró el Personaje del Año. Por encima del presidente de Estados Unidos (quien fuera nombrado igual hace un año) o de Bashar al Assad, el presidente de Siria. Por encima también de Edward Snowden, el ex agente de la CIA que hoy goza de asilo político en Rusia y que hoy es uno de los enemigos públicos favoritos del gobierno estadunidense.

Muchos se preguntan el porqué, teniendo un año tan complicado en tantos temas. Pero muy seguramente las razones de Time, una de las publicaciones más prestigiadas del mundo, se da en que  por primera vez en mucho tiempo, se tiene a un líder —en este caso religioso— que logró lo que pocos en los últimos tiempos: tomarnos por sorpresa. No cambió el discurso, pero sí las formas, y eso en un mundo que se vive viciado, es una esperanza de que la perspectiva con la que se ven acontecimientos deje de ser la misma que ha motivado odio e intolerancia. Y para ser menos de un año en que Bergoglio está al frente del Vaticano, la sorpresa ha ido en beneficio de la institución que representa, y es que por y para algo llegó ahí.

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