“Política ciudadana” los peligros que debemos evitar

Somos académicos y gruposde ciudadanos los que hemos tomado en nuestras manos crear las leyes anticorrupción de este país. El desprestigio de la clase política y su inacción nos lo han permitido. Ello representa una enorme responsabilidad para la sociedad civil organizada que no viene sin peligros. Esta columna es una reflexión sobre tres retos de esta nueva “política ciudadana”.

Esta semana el Wilson Center, un centro de investigación en Washington D.C., tuvo un evento ampliamente concurrido en donde invitó a organizaciones de la sociedad civil (Imco y Transparencia Mexicana) y académicos a discutir los avances que se tenían en la aprobación de las leyes anticorrupción en México. La discusión no sólo fue interesante e inspiradora (invito a los lectores a que vean el video), sino que también dejó en el aire y muy claro los enormes retos que supone el surgimiento de la “política ciudadana” para nuestro país.

Tener “política ciudadana”, es decir, tener a grupos ciudadanos directamente involucrados en la discusión y aprobación de leyes como la #Ley3de3 y tener gobernantes que no le rinden cuentas a ningún partido, como El Bronco en Nuevo León es, sin duda, un avance democrático. Lo es porque ha roto el monopolio que tenía la clase política para escoger la agenda de temas a discutir y los candidatos, un monopolio en el que los ciudadanos sólo éramos testigos, sin voz, de decisiones fundamentales para el país. Lo es, también, porque ha permitido que las discusiones políticas sean cada vez más abiertas y públicas, por ejemplo, todos los debates de la #Ley3de3 se llevaron a cabo en foros abiertos, televisados, en donde grupos de la sociedad civil exponían sus argumentos a la par de los congresistas. Sin embargo, los avances que representan la creación de esta “política ciudadana” vienen, también, con importantes retos que debemos tener en mente. Hay, al menos, tres retos que no debemos perder de vista:

Primero, no debemos romantizar a los candidatos ciudadanos, porque ser ciudadano no significa ser buen gobernante o ser buen político. Debemos ser igualmente críticos de sus plataformas y verificar con detalle la calidad de sus credenciales y motivaciones. Por ejemplo, muchos candidatos de Movimiento Ciudadano en Jalisco fueron elegidos por su cercanía con la sociedad civil, pero sin experiencia o conocimientos. Confiar en los ciudadanos sólo porque son ciudadanos puede llevarnos a desastres en el futuro.

Segundo, debemos comenzar a preparar a nuestras instituciones electorales y políticas para los retos que supone la “política ciudadana”. Hay asuntos básicos para el funcionamiento de los candidatos y gobernantes ciudadanos para los que no estamos preparaos aún o para los que estamos sólo preparados con parches. Por ejemplo, el número de firmas y los requisitos para ser candidato ciudadano en distintos estados no están homologados, las boletas electorales con candidatos ciudadanos son muy largas y confusas, y no se ha logrado determinar una fórmula única para saber quiénes y cuánto dinero se podrá dar a los candidatos ciudadanos. Debemos preparar a nuestras instituciones desde un inicio para evitar que termine siendo el Poder Judicial el que determine las reglas.

Tercero, no debemos caer en la trampa de pensar que los ciudadanos son más transparentes o que la pura transparencia reduce la corrupción, porque no lo hace. La transparencia no sirve para nada si no se le acompaña con un sistema judicial funcional que permita sentenciar a los funcionarios que no cumplieron con la ley. Aún más, incluso, teniendo todos los datos abiertos, será necesario financiar periodismo de calidad y activismo de datos que permita analizarlos. De nada sirve tener datos si no hay quién los convierta en información y de nada sirve la información si no hay quien la traduzca en actos concretos. Sin duda, estos años recientes serán recordados históricamente como los años en el que los ciudadanos irrumpieron en la política para hacerla propia, los años en que surgió la “política ciudadana”. Tengamos los ojos abiertos no sólo a las bondades, sino a los retos que esto representa.

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