De guerra contra el narco a guerra contra la corrupción

Mientras que el enemigo a vencer el sexenio pasado era el crimen organizado, el enemigo a vencer en este sexenio es la corrupción institucionalizada. Ese cambio de paradigma es, sin duda, uno de los cambios políticos más importantes de la última década. En este espacio, les dejo una reflexión sobre las consecuencias que tendrá este cambio para México en los años por venir.

Alguna vez México creyó que su principal problema eran los narcos. Comenzamos una lucha contra ellos en 2006. Calderón desplegó militares en Michoacán. Rodaron cabezas. Los cárteles se fracturaron y la violencia aumentó. México dobló su tasa de homicidios de 2006 a 2010.

Poco a poco fuimos cayendo en cuenta que la violencia era resultado de un problema más profundo que sólo los narcos. Juárez nos lo enseñó. A partir de mediados de 2011 que la violencia comenzó a disminuir como resultado de un cambio de estrategia, uno que ya no se enfocaba sólo en perseguir y atrapar criminales, sino también en atacar la impunidad. La reducción en homicidios en Juárez se dio sólo cuando la sociedad civil, gobierno local y federal, coordinaron esfuerzos para contener la impunidad mediante la creación de nuevos cuerpos policiacos, menos susceptibles a la corrupción.

Fue, entonces, cuando México se dio cuenta de que la única forma de ganar la guerra contra el narco era derrotar la corrupción. La corrupción que permitía que la impunidad sobreviviera y que el crimen lo hiciera también.

Pero tardamos en darnos cuenta de la intensidad del problema, hasta que Carmen Aristegui, OHL, Ayotzinapa, Coahuila, y demás escándalos nos lo restregaron en la cara. Fue, entonces, cuando nos dimos cuenta de que la guerra que siempre debimos haber luchado no era una guerra contra el crimen organizado, sino contra la corrupción institucionalizada. Contra una forma de operar que existe en México en donde la clase política y los ciudadanos corruptos se protegen unos a otros para ganar, a costa de que todos perdamos. 

Este cambio de “guerra” que he descrito tiene tres componentes principales que debemos tener en cuenta, pues son críticos para entender la dirección que tomará nuestro país en los próximos años: 

Primero, mientras que la guerra contra el narco tenía por enemigos a “los otros”,  a “los criminales”, la guerra contra la corrupción nos tiene por enemigos a todos. Si bien la clase política es, sin duda, la más directamente implicada, lo cierto es que por cada político corrupto hay un privado corruptor, o viceversa. México ha despertado para darse cuenta de que el problema somos todos, no sólo “ellos”, y que la respuesta vendrá de todos en conjunto. El México que viene es un México de amplia participación ciudadana, no de estratégicos despliegues militares.

Segundo, mientras que la guerra contra el narco fue detonada por el Estado, sin el apoyo ciudadano, la guerra contra la corrupción fue detonada por la ciudadanía, sin el apoyo del Estado. El primer compromiso de campaña de Enrique Peña Nieto (la creación de la Comisión Anti-corrupción) permaneció dormido hasta que grupos ciudadanos cabildearon la aprobación de la reforma del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA). El  SNA permaneció sin leyes hasta que grupos ciudadanos presentaron las iniciativas para regularlo. El México que despertó es un México que ya no espera a que sus políticos reaccionen, sino que también pone manos a la obra para hacerlo él mismo. El México que viene empuja, exige y cuestiona.

Tercero, mientras que la guerra contra el narco ocasionó elogios internacionales hacia el gobierno de Calderón, la guerra contra la corrupción tiene sumergido a Peña en su mayor crisis de credibilidad internacional. La guerra contra el narco posicionó a Calderón como un Presidente fuerte en el extranjero, un Presidente que, como nadie antes, se había animado a luchar contra los malos a pesar de pérdidas en popularidad. La guerra contra la corrupción ha dejado a Peña Nieto y al Congreso mexicano en vergüenza, destrozado su imagen de reformista, y agregándolo a la lista de villanos favoritos de The New York Times.

Sin duda, el México que luchó contra el narco no es el mismo que lucha hoy contra la corrupción. El de hoy, es un mejor México con una mejor batalla.

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