Inegi: de Aguascalientes, con amor
Me dirijo hoy a quien en los próximos días tomará la que será una de las decisiones más trascen-dentes de este sexenio: nombrar al próximo presidente del Inegi, al sucesor de Eduardo Sojo. Me dirijo a él porque nadie está listo para dejar ir a Eduardo Sojo. A Sojo que tomó al Instituto Nacional de Estadística y Geografía cuando éste era una bodega en Aguascalientes y lo convirtió en una institución de talla mundial.
Me dirijo a quien elegirá al siguiente presidente del Inegi como miembro activo de una sociedad civil nueva. Una que pide cuentas al gobierno basándose en datos y en información objetiva. Una sociedad civil que no hubiera podido existir de no ser por los confiables datos que el Inegi genera.
Me dirijo a él porque esta decisión es más importante que el nombramiento de cualquier otro secretario de Estado. Lo es porque vivimos en un mundo nuevo. Uno en el que la información se ha vuelto nuestra más importante moneda de cambio, donde el mejor predictor del crecimiento económico es la acumulación de conocimiento y en donde las más grandes innovaciones son aquellas que nos permiten filtrar y organizar datos que hace apenas una década hubiera sido imposible siquiera almacenar. En este mundo, la institución que genera, cuida, ordena y provee la información, el Inegi, se ha convertido en la que permitirá (o impedirá) todo avance económico y político futuro.
Me dirijo a él porque la decisión se deberá tomar antes del 15 de diciembre, y no podemos errar.
Cuatro son las características que debe tener todo presidente del Inegi.
Primero, el nuevo presidente del Inegi deberá ser innovador y vanguardista. La vieja escuela, los conservadores, los que miran hacia atrás, no tienen cabida. Fue el Inegi de Eduardo Sojo el que abrió la puerta a medidas alternativas de bienestar, al mapeo de unidades económicas, al uso de big data y contenidos de redes sociales, a la creación de áreas de investigación con capacidad de análisis similar al de las mejores universidades extrajeras.
Segundo, el nuevo presidente del Inegi deberá ser abierto a la crítica. Al respecto, les comento una anécdota personal. Hace un año un grupo de 50 académicos que integramos el observatorio económico México ¿Cómo Vamos?, hicimos una petición al Inegi para que cambiara la forma de reportar ciertos indicadores. Días después, recibimos un correo personal por parte de Eduardo, agradeciéndonos lo que amablemente calificaba como asesoría gratuita, e invitándonos a tener grupos de trabajo con su equipo. Su apertura a la crítica nos abrió la boca y nos desarmó. El resultado fue un mutuo acuerdo que mejoró nuestro entendimiento de las funciones del Inegi, y la forma en la que éste compartía la información.
Tercero, el nuevo presidente del Inegi deberá ser técnicamente capaz y excelente administrador. El actual presidente de la institución tiene un doctorado de la prestigiosa Universidad de Pennsylvania, ha coautoreado artículos académicos con premios Nobel en economía, tiene experiencia en la creación de encuestas y censos (fue director de encuestas de corto plazo del Inegi), y maneja una institución que tiene 17 mil trabajadores permanentes, y cuando hay censo, 190 mil más. Quien suceda a Sojo, dirigirá un instituto que es mayor que 51% de los municipios de México.
Finalmente, el nuevo presidente del Inegi deberá ser hábil políticamente y un defensor incansable de la autonomía del instituto. Dicen los cercanos de Eduardo que llega a la Cámara de Diputados y saluda por igual a políticos de todas banderas. Posiblemente relacionado es el hecho de que el Inegi haya logrado evitar recortes presupuestales y mantener autonomía. Quien substituya a Sojo deberá ser tan inteligente emocionalmente como lo es Eduardo, creando un grupo de aliados y un equipo de trabajo que lo admira y lo apoya incondicionalmente.
No tengo duda: Así como el IFE (ahora INE) creó el terreno para la democratización del país, nivelando las reglas del juego electoral, así el Inegi erigió los cimientos para el surgimiento de la sociedad civil, dándonos herramientas e información única para poder tener impacto.
En esta decisión, no podemos errar.
