El gran problema y dos soluciones

El gran problema de que el 42.9% de los mexicanos no pueda alimentarse con el ingreso laboral que se genera en su hogar, no es la pobreza. Al menos, no sólo es la pobreza. El gran problema es cómo esta cruda situación afecta los incentivos de las personas por trabajar, ...

El gran problema de que el 42.9% de los mexicanos no pueda alimentarse con el ingreso laboral que se genera en su hogar, no es la pobreza. Al menos, no sólo es la pobreza. El gran problema es cómo esta cruda situación afecta los incentivos de las personas por trabajar, por invertir en su educación y por responsabilizarse de su situación económica. El gran problema son los incentivos, y la gran solución yace en mejorar dos aspectos que describo abajo.

La mayoría de las personas que no pueden alimentarse con el ingreso de su trabajo  sobreviven a partir de transferencias en especie, programas de gobierno, remesas y pagos en especie. De hecho, entre el 10% de la población que menos ingresos tiene, cuatro de cada 10 pesos que tienen (42%) provienen de transferencias y pagos en especie. Es decir, sólo 222 pesos de los 387 per cápita que tienen de ingresos mensuales promedio provienen directamente de su trabajo.

Esta situación supone una enorme perversión porque hace que muchos mexicanos (42.9%) sepan que una parte importante de su ingreso total (42% de éste, para ser exactos) continuará fluyendo independientemente de si se trabaja o no, o de si invierte en educarse o no, o de si es o no productivo. Viven de regalos y caridad, o viven del trabajo de otros.

El debate económico actual ha llevado a pensar que la única solución a este dilema es aumentar los salarios (y, sin duda, ello es muy importante y debe tener una altísima prioridad en la agenda); sin embargo, hay otros dos ingredientes que deben modificarse, y de los cuales se ha hablado poco:

Primero, es necesario mejorar los incentivos de los programas sociales. Debemos asegurarnos que toda transferencia monetaria o en especie por parte del gobierno esté condicionada a acciones que requieran que los individuos que las reciban inviertan en mejorar sus capacidades y su productividad en los mercados laborales. Los programas sociales no deben ser caridad. Deben ser becas, apoyos o créditos para que las personas que los reciban sean (o se vuelvan) más atractivos para los mercados laborales y tengan acceso a trabajos más especializados y, por tanto, mejor pagados.

Segundo, es necesario generar las condiciones para que más personas puedan trabajar. Una importante razón por la cual el 42.9% de las personas en México no puede vivir de los ingresos laborales que generan en su hogar es porque en éste trabajan pocas personas, y el poco ingreso de los que trabajan tiene que dividirse entre todos los que lo habitan. Hay mucho por mejorar en este sentido. La flexibilidad de horario, el incremento de facilidades para el acceso a guarderías y el incremento de escuelas con horarios extendidos, permitirían que muchas mujeres pudieran formar parte de la fuerza laboral. La capacitación para personas que han salido del mercado laboral por varios años y que ahora encuentran dificultad en integrarse a un trabajo sería también importante para incrementar el número de personas que labora.

En general, las soluciones al problema de la pobreza salarial deben pasar por entender que la batalla es contra el hecho de que en México vivir de nuestro ingreso laboral es un lujo. La lucha es por evitar que parte de la población esté acostumbrada a recibir un ingreso fijo, independientemente de sus méritos o de sus capacidades. O, lo que es peor, esté acostumbrada a vivir en pobreza independientemente de que trabaja.

En general, no puedo estar más de acuerdo con las palabras de Muhammad Yunus, empresario social y Premio Nobel de la Paz (2006), quien profesa en contra de la caridad y de las transferencias, y en favor de trabajos dignos y créditos accesibles que permitan a todos vivir de su salario o crear otras fuentes propias de ingreso. Como Yunus, yo quiero empleos, capacitación, educación y capacidad para mantenernos a nosotros mismos a partir de nuestro trabajo, no programas sociales paternalistas, no caridad.

*Doctora en Gobierno por la Universidad de Harvard

vrios@post.harvard.edu

Twitter: @Viri_Rios

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