Fue el Estado

Hay una diferencia fundamental entre el México hoy y el de hace cinco días. Hoy sabemos con certeza que no fue el crimen organizado el asesino de los normalistas de Guerrero, sino que fue el Estado. O más bien, que fueron ambos, porque son lo mismo. Fue el presidente ...

Hay una diferencia fundamental entre el México hoy y el de hace cinco días. Hoy sabemos con certeza que no fue el crimen organizado el asesino de los normalistas de Guerrero, sino que fue el Estado. O más bien, que fueron ambos, porque son lo mismo.

Fue el presidente municipal de Iguala el que ordenó el ataque contra los normalistas.

Fue el Estado, confirmó la PGR.

Y saber esto con certeza, saber que fue el Estado, cambia el panorama de nuestro país para siempre. Lo cambia porque nunca antes habíamos tenido pruebas tan fehacientes de México como un Estado criminal.

Lo cambia porque nos confirma algo que antes sólo especulábamos: que en lugares como Guerrero, el crimen organizado y la política organizada son lo mismo. Que utilizan los mismos medios. No se trata de una colusión corrupta entre estado y criminales, se trata de algo más grave. Se trata del Estado utilizando tácticas de criminal organizado. Matando y desapareciendo. Despellejando o mandando a despellejar a los que consideran disidentes.

Lo cambia porque si bien antes existían rumores y ejemplos de colusión entre autoridades y gobierno, nunca a ningún gobierno reciente se le habían adjudicado de manera tan directa asesinatos múltiples y desapariciones. Existían narcomensajes que argumentaban la colusión. Existían periodistas que la describían anecdóticamente. Pero no existía una línea de investigación federal que concluyera, con base en declaraciones del líder máximo de un cártel, que el alcalde Iguala, una de las más importantes ciudades de Guerrero, había ordenado la acción contra los normalistas.

Lo cambia porque aunque “Guerrero no es México”, México sí es un lugar en el que pueden surgir guerreros. Y las condiciones de Guerrero no son marcadamente diferentes a las de otros estados que conjuntan su bajo crecimiento económico y sus pobres oportunidades laborales con el hecho de ser un punto estratégico para el crimen organizado. Está Durango, cuya economía es, junto con Guerrero, la que menos ha crecido en la última década, y que es un punto estratégico para la droga del triángulo dorado (INEGI, promedio variación anual, serie original ITAEE 1t-2014). Está Morelos, un estado donde siete de cada diez personas no puede comprar la canasta básica alimentaria con su ingreso salarial y que se ha vuelto el centro de operación de bandas organizadas que se dedican al secuestro (Coneval, ITLP 2t-2014). Está Oaxaca, conocido por la ingobernabilidad que permea ciertos municipios en donde los presidentes municipales operan como caciques locales y que pudiera servir de puerta de entrada de narcóticos, provenientes de Colombia. Están algunas zonas del Estado de México. Está la costa de Nayarit. Está la frontera de Tamaulipas.

Lo cambia porque muestra que nuestro sistema legal es tan débil que no disuade a los asesinos en masa. Muestra que un presidente municipal en funciones puede ordenar un asesinato múltiple y creer que se saldrá con la suya. Ya sabíamos que al menos 93.8% de los crímenes cometidos en México no se persiguen porque ni siquiera se denuncian a las autoridades (Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2014). Aún así, quedaba la duda de que si los pocos casos que verdaderamente fueran perseguidos serían aquellos que fueran más graves. Pero no es así. Al menos no en el imaginario de los criminales potenciales. Es claro que el presidente municipal de Iguala pensó que podría salirse con la suya. Y hasta ahora, por lo que sabemos, lo ha hecho.

Lo cambia porque nos habían dicho que la gran mayoría de los asesinatos que se han presentado en los últimos años eran casos explicados por rivalidad entre bandas del crimen organizado, rivalidad que había sido detonada por la captura de líderes criminales por parte de autoridades. Pero ahora sabemos que una de esas bandas criminales es el estado mismo.

Lo cambia porque, a partir de hoy, sabemos con certeza que algunos de nuestros gobernantes municipales matan. 

                *Doctora en gobierno por la Universidad de Harvard

                vrios@post.harvad.edu

                Twitter: @Viri_Rios

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