¡Hombres aficionados al fut, uníos!

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Victor Gordoa 18/06/2014 01:29
¡Hombres aficionados al fut, uníos!

Lo tengo claro y lo declaro: el hombre tiene absoluto derecho de ver todos los partidos del mundial Brasil 2014 sin ser importunado durante el tiempo que la gesta dure, aun menos con solicitudes inoportunas de cumplimiento de los usuales roles de proveedor, guía familiar, sustento emocional y apoyador incondicional de todos los caprichos y ocurrencias que vengan a la cabeza de los miembros femeninos de su clan. Así de fácil… los varones de todo el mundo vivimos esperando este mes desde hace cuatro larguísimos años y ahora que por fin vuelve a aparecer este espacio de solaz y esparcimiento masculino, merecemos que se nos otorgue el lugar histórico que hemos ganado a golpe de tambor desde hace muchas, muchísimas centurias. Voy a justificar mi postura plenamente.

Esfuerzo Incomprendido...

Desde tiempos inmemoriales, el jefe del clan ha tenido que desempeñar el rol del cazador y, junto con otros hombres, salir a rifarse la vida para conseguir el alimento que la prole necesita, mientras la madre debe quedarse en la cueva a cuidar del hogar, palabra que describe a la brasa encendida del fuego que era vital para sobrevivir. Ya de entrada, esta diferencia de roles tuvo que haber marcado para siempre la memoria genética de los miembros de la familia con respecto al padre, por lo que se nos ha otorgado a priori la calificación de figura ausente en la familia. Se nos acusa de habernos perdido el ver crecer a nuestros hijos por haber estado trabajando, ¡precisamente para que nuestros hijos pudieran crecer! Háganme el paradójico favor... o estábamos en la peregrinación o tocando las campanas, pero imposible aparecerse en ambas. Cuán injusta recriminación.

Merecida Distracción...

(Disoluto.- Licencioso, entregado a los vicios) El hombre, al salir a cazar, siempre ha tenido que arrostrar vivencias muy difíciles, luchar contra la bestia, sufrir las inclemencias del tiempo, pasar hambre, enfermedades y heridas de batallas mil para por fin conseguir el alimento que permitiera al clan sobrevivir la larga temporada invernal. Es lógico, entonces, que después de tantas penalidades el jefe del clan hubiera tenido ganas de festejar el cabal cumplimiento de la misión y que para ello haya buscado reunirse con sus compañeros de aventuras y entregarse en cuerpo y alma a comer, beber, cantar y jugar; al final de cuentas, se lo merecía. Nadie se atrevía a echarle bronca por hacerlo. Pero los tiempos han cambiado y ahora resulta que cuando el sufrido padre desea distraerse un poco viendo el mundial de fut con sus cuates en alguna reputada cantina, lo único que merece es la calificación de irresponsable, de disoluto. Cuán injusta recriminación.

Refocilamiento Necesario...

(Refocilar.- Recrear, alegrar. Dícese particularmente de las cosas que calientan y dan vigor) En los tiempos prehistóricos, el clan estaba constituido por hombres y mujeres que nada sabían de mandatos instituidos para otorgar en posesión exclusiva una mujer a un hombre. Simple y sencillamente eran las mujeres del clan y, por tendencia natural, debían aparearse para conservar la especie. Cuando el hombre llegaba después de haber luchado con todo y contra todos, era lógico que sintiera cierta necesidad de refocilarse y que, para ello, tomara a la mujer que más le apeteciera, por supuesto, con su correspondiente anuencia. Era lo normal. Ah, pero si hoy lo hacemos, se nos acusa de libertinos e infieles, cuando lo único que hacemos es responder a una imperiosa necesidad genética arraigada en el inconsciente colectivo masculino. Cuán injusta recriminación. Así que, hombres incomprendidos del mundo, debemos unirnos en torno de la causa masculina del futbol. Defendámosla con todo; se los digo por su propio bien, no vaya a ser que perdamos el último bastión familiar que nos queda.

                *Rector del Colegio de Imagen Pública

                www.Imagenpublica.mx

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