El Presidente, jugador #13

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Victor Gordoa 04/06/2014 03:03
El Presidente, jugador #13

La permeabilidad de la imagen pública es un principio axiomático, es decir, una proposición tan clara y evidente que se admite sin necesidad de demostración. En la Ingeniería en Imagen Pública, existen dos axiomas que proponen que, en todos los casos, la imagen de la titularidad permeará en la institución y que la de ésta permeará en sus miembros. Pongo un ejemplo y así la teoría se volverá práctica: En la empresa Bimbo, orgullo de organización mexicana, sus dueños y titulares han permeado su imagen en ella, no hace falta demostrarlo, sencillamente como han sido los señores Servitje, ha sido su gran empresa panificadora. Por el otro lado, si alguien dice trabajar en Bimbo, la percepción inmediata que generará en su entorno es que se trata de alguien eficiente, que posee calidad en su trabajo y, además, es una buena persona. Debo aclarar que titular no solamente será el dueño o el número uno de una institución, sino cualquiera que, en un momento dado, lleve la representación de ella. Si a usted, querido lector, lo trata mal el mesero de un restaurante, dirá que el restaurante es el malo y nunca que el mesero, y jamás disculpará a la empresa. ¿Ya vio? Así funciona la permeabilidad de la imagen, porque así somos.

Un Gran Montaje…

Traigo todo esto a colación por la forma en la que todos presenciamos el gran acto, más político que deportivo, con el que el presidente Enrique Peña Nieto abanderó a la Selección Mexicana de Futbol, llevándolo al extremo de portar en la indumentaria sus mismos códigos de comunicación no verbal, uniéndose así plenamente a su imagen y causa, dándoles su apoyo, permitiendo que, en ese acto, las imágenes públicas de ambos permearan entre sí. Yo hubiera hecho lo mismo, pero...

Se Necesita Cautela…

El problema que la permeabilidad de la imagen tiene es que une a dos imágenes entre sí, convirtiéndolas en una sola en la mente de quien la percibe, fusionándolas y uniéndolas en su destino que, si es bueno, impulsará el valor de ambas, pero que si es malo, invariablemente perjudicará a la otra, aunque no tenga la responsabilidad. Así, ante la gran ciudadanía que es aficionada al futbol, el presidente Peña Nieto logró una gran identificación y ganó mucha simpatía, objetivo que seguramente se planeó, pero dejó a la suerte su imagen, al atarla al resultado real y verdadero que su abanderada arroje en el inminente campeonato mundial.

Destinos Unidos…

Si a la selección le va bien, el Presidente podrá cosechar los frutos del triunfo, decir que siempre le tuvo fe, que sabía de lo que los mexicanos éramos capaces y ver subir sus bonos al permearse el triunfo de la selección en su imagen presidencial. La apuesta habría entonces tenido sentido pero... ¿Y si no? Miren... cuando un patrocinador decide respaldar a determinado deportista, lo hace porque lo sabe exitoso, pero además, anticipa que si el deportista se portara mal, tendría que afrontar un daño a su imagen, es por ello que se fijan muy bien en el sujeto a patrocinar, que estudian su comportamiento y palmarés deportivo para, con lógica, minimizar la posibilidad de fracaso. En el caso de nuestra selección, si revisamos sus antecedentes de clasificación, el comportamiento personal de algunos de sus integrantes y las actuaciones deportivas recientes, veremos que el Presidente jugó una apuesta que tal vez no pueda cobrar y que al regreso pasará un trago amargo ¿cómo la va a recibir? ¿qué les va a decir? Les aclaro que, como cada cuatro años, albergo la esperanza de vivir la alegría de una selección mexicana triunfadora, pero también, como cada cuatro años, ya estoy preparado para recibir explicaciones, no resultados.

                *Rector del Colegio de Imagen Pública

                Twitter: @victor_gordoa    

                  www.imagenpublica.mx

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