Tres imágenes bipolares

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Victor Gordoa 26/02/2014 02:55
Tres imágenes bipolares

“De Diógenes compré un día la linterna a un mercader, distan la suya y la mía cuanto hay de ser o no ser. Blanca la mía parece; la suya parece negra; la de él todo lo entristece; la mía todo lo alegra. Y es que en el mundo traidor nada hay verdad ni mentira; todo es según el color del cristal con que se mira”. Estos son parte de los versos que el escritor asturiano Ramón de Campoamor (1817-1901) incluye en su poema “Las dos linternas”, perteneciente a su obra Doloras, y que constituye una bella manera de decir que el subjetivismo, la arbitrariedad y el relativismo impera en todas las cuestiones que se juzgan en la vida y cómo el terreno de la imagen pública comparte con la ley Campoamor su parte relativa, lo he tomado como inicio del análisis de tres casos bipolares que encontrarán a continuación. Siga leyendo por favor.

El Caso Maduro…

El presidente venezolano Nicolás Maduro no es Hugo Chávez, eso aquél lo tuvo muy claro desde que vislumbró la posibilidad de suceder al gran cacique en el poder, de ahí su intento de colgarse de la imagen del fallecido Presidente, ya fuera intentando momificarlo o haciendo referencias constantes a la inspiración metafísica que recibía del difunto en la forma de pajaritos parlantes o de cualquier otra jalada que se le viniera a la mente. La imagen de la titularidad permea en la institución y la imagen de Chávez fue tan fuerte que había que permearla en Maduro y su presidencia el mayor tiempo posible, sólo que la polarización de la misma también se le permeó, por un lado en forma positiva mediante la percepción de los pobres a quienes benefició, pero por el otro muy negativa a través de todos aquellos a quienes censuró, persiguió, atropelló y despojó. Aquí mismo escribí hace poco menos de un año que el tiempo iba a ser el peor enemigo del señor Maduro, que en cuanto pasara el efecto Chávez, el nuevo Presidente se las iba a ver negras. Hoy las revueltas opositoras que tiene parada de cabeza a Venezuela así lo demuestran. Maduro no es Chávez.

El Caso Peña…

El presidente Enrique Peña Nieto es otro buen ejemplo de lo que es una imagen pública bipolar. Para la percepción externa es un Presidente fuera de serie. El logro de las reformas política, energética, educativa y fiscal lo sitúan como el salvador de México a nivel de superhéroe, tal como lo exhibió la revista Time en su portada. Sin embargo, para la percepción interna está situado del lado contrario, basta ver la cantidad de memes, que circulan en torno a su figura, para leer el termómetro calificativo en el cual se mueve. El Presidente mexicano tiene un gran reto que vencer: hacer que la percepción hacia adentro sea la misma que hacia afuera, de lo contrario pronto la otra cara de la moneda podría meterlo en camisa de once varas.

El Caso de El Chapo…

Finalmente, la polarización de la imagen de El Chapo Guzmán tiene, además, tintes románticos ¿Es héroe o villano? Porque por un lado tenemos la imagen de un individuo nocivo, por criminal, narcotraficante y despiadado, y por ende perseguido; y, por el otro, el de un hombre inteligente, al fin y al cabo logró evadirse y burlar a la justicia durante más de una década, benefactor de comunidades, titular de leyendas y narcocorridos, y modelo a seguir para miles de jovencitos que ven en él a la encarnación del éxito en sus formas de poder y dinero, a lo que contribuyó la revista Forbes al mencionarlo entre los hombres más ricos del mundo hasta convertirlo en algo parecido a un CEO del crimen organizado. Como le dije al principio, la relatividad de la imagen pública está presente en estos tres ejemplos por lo que finalmente le pregunto: y usted… ¿Con qué cristal los mira?

                *Rector del Colegio de Imagen Pública

                Twitter: @victor_gordoa

                www.imagenpublica.mx

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