La triste historia de la princesa

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Victor Gordoa 12/02/2014 02:11
La triste historia de la princesa

¿Le hubiese a usted gustado nacer princesa? ¿Haber podido disfrutar del dinero real sin haber hecho esfuerzo alguno para merecerlo y además gozar de la simpatía popular hacia el régimen monárquico al que hubiera pertenecido? ¿Qué hubiera sentido si a donde fuera sus súbditos le brindaran un cariño espontáneo y al mismo tiempo una conducta respetuosa ganada a pulso por su padre el rey? Y ya puestos a imaginar un escenario idílico… ¿que su posición le hubiese ganado el amor de un hombre guapo y caballeroso que la tratara ya no como princesa sino como reina? Bueno… pues así era la historia de la infanta Cristina, la segunda hija del rey de España y séptima en la sucesión al trono ibérico, hasta que el hada maléfica de la imagen pública se apareció en su vida de ensueño, haciéndole daño bajo la influencia de los actos deshonrosos protagonizados por los dos hombres más importantes en su vida: primero su padre y luego su esposo.

Los Villanos de la Historia…

Don Juan Carlos de Borbón asciende al trono español el 22 de noviembre de 1975, dos días después de morir el caudillo Francisco Franco. Aquel día prometió a todos los españoles restablecer la democracia en su país y vaya que sí lo cumplió. Su rol de monarca logró aglutinar a las figuras más diversas y divergentes de España como Adolfo Suárez, Felipe González, Santiago Carrillo o Manuel Fraga, quienes abandonando sus diferencias partidistas e ideológicas firmaron los Pactos de la Moncloa que dieron al país un nuevo y certero rumbo. Se dijo entonces que el nuevo monarca se ganó a pulso la corona y la simpatía de la inmensa mayoría de los españoles. Iñaki Urdangarín Liebaert, un vasco nacido en Zumárraga, se casó con la infanta Cristina en 1997 después de haber sido un destacado deportista en la disciplina del balonmano. Gozó por muchos años del favoritismo hacia su posición de consorte para finalmente caer en la tentación del dinero fácil mal habido, ser sorprendido y desencadenar un serio problema de imagen pública para la casa real española, escándalo que permeó en la supuestamente inocente princesa.

Verdades Irrefutables…

Dos de los axiomas inmutables de la ingeniería en imagen pública dicen que la imagen de la titularidad permea en la institución y que la imagen de ésta permeará en sus miembros, pero la trampa que ellos encierran es que suelen aplicarse pensando que la permeabilidad será positiva sin detenerse a reflexionar en que también actúan como doloroso látigo cuando se cometen errores que perjudican la percepción en torno de la persona o de la institución importantes. Tal es el caso de la linda princesa del cuento, la infanta Cristina, quien sin deberla ni temerla (¿Será tan inocente?), está viviendo un verdadero problema de imagen pública ocasionado primero por los yerros de su padre el rey como despilfarros, cacerías inoportunas y varios amoríos ilícitos y luego por los de su esposo, el exdeportista y ahora exempresario fraudulento.

¿Final de la Historia..?

La señora Cristina, así se refirió a ella el juez Castro, quien se pasó por alto el protocolo nobiliario y quien la interrogó durante muchas horas, ahora vive la paradoja de haber comparecido en los juzgados de Palma de Mallorca en una sala presidida por una enorme fotografía de su padre el rey Juan Carlos y haber tenido que responder con un “no lo sé, no me consta, no lo recuerdo o eso fue así porque confiaba en mi marido”, a las incisivas preguntas que le realizaron sus varios interrogadores, sin saber a ciencia cierta cuál será el futuro que le deparará el desprestigio ocasionado por los hombres de su vida, todo lo cual seguramente hará que ya nadie quiera soñar en llegar a ser una princesa… al menos como ella lo ha sido.

                *Rector del Colegio de Imagen Pública

                Twitter: @victor_gordoa                              www.imagenpublica.mx

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