Usar o no corbata

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Victor Gordoa 29/01/2014 02:53
Usar o no corbata

Pocas prendas le dan al hombre la oportunidad de expresar tanto su individualidad como la corbata, siendo muchos los factores que intervienen en ese proceso de comunicación no verbal: el material de que esté hecha, el color, la textura y el patrón de la tela, la manera como se haga el nudo y el largo usado, elementos que revelarán el carácter, los hábitos y, por supuesto, el estatus de quien la porte, de ahí que para muchos varones el prescindir de ella de pronto signifique una gran pérdida de seguridad personal. La corbata como la conocemos ahora es una derivación de un ornamento militar que las tropas croatas usaban por allá del siglo XVII. Corría el año de 1635 cuando un grupo de soldados y caballeros croatas se apersonaron en París para dar su apoyo al entonces rey Luis XIII y la cosa fue que el echarpe colorido y pintoresco que usaban al cuello como parte de su uniforme llamó muchísimo la atención a los franceses, quienes pronto lo empezaron a adoptar agregándole un aire de distinción. El empujón que hizo saltar a la prenda del ámbito militar al de la realeza se lo dio el rey Luis XIV, quien decidió adoptar el estilo croate del la (de la Croacia) en su vestimenta creando la moda de la corbata e impulsando la expresión del refinamiento a través de ella. A partir de entonces la vistosa tira de tela anudada al cuello, le cravate (la corbata) se adoptó como código de comunicación no verbal para cualquier caballero que deseara transmitir formalidad y elegancia.

Usarla o no usarla

Me llama poderosamente la atención que en plena segunda década del siglo XXI, tiempos desde luego más relajados para las relaciones interpersonales, muchos caballeros todavía se pregunten si se pierde autoridad o presencia personal cuando se decide prescindir de su uso en determinados eventos sociales o reuniones laborales. Ante la disyuntiva de usar o no la corbata, los hombres siempre se dividirán en dos grupos: los que darán las gracias por haberse librado del estrangulamiento de la prenda (sin comprender que lo que los ahorca es la camisa con talla de cuello equivocada) y los que se sentirán desnudos o faltos de seguridad al carecer de ella, cuando la decisión dependerá de la etiqueta obligatoria que se haya señalado por decreto o costumbre para un evento en especial, caso en el que no habrá otra cosa que hacer más que portarla y, por el otro lado, del conocimiento que se tenga para saber vestir bien sin ella y además seguir transmitiendo autoridad sin deterioro de la imagen personal.

¿Cómo resolver eso?..

La solución es muy fácil: vestir sin corbata no significa que sólo deban retirarla de su traje y camisa de vestir y dejar el resto del atuendo igual. Si así lo hicieran siempre se verán mal vestidos, pues evidentemente “algo les faltará”. Para vestir bien sin corbata deberán de cambiar todo el atuendo por una combinación de saco sport y pantalón de vestir, la cual, por sus telas y colores formales, no signifiquen pérdida de autoridad. La camisa deberá de cambiarse por una de cuello button down (con botoncitos) planchado lo más rígido posible para que sobresalga y se mantenga firme un dedo por encima del cuello del saco. El cinturón y los zapatos deberán de ser del mismo color, los calcetines siempre oscuros y finalmente será aconsejable usar unos buenos mocasines perfectamente aseados. Como ven, se trata de cambiar la apariencia desaliñada del pobre burócrata cansado que acaba de quitarse la corbata, por la del hombre exitoso liberado de los yugos del vestir subordinado. Inténtenlo, los tiempos han cambiado.

                *Rector de Colegio de Imagen Pública

                www.imagenpublica.mx

                Twitter: @victor_gordoa

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