Una inocente incapacidad juvenil
Miguel de Unamuno decía que el valor del hombre consiste en su palabra, y miren que el escritor bilbaíno debe haber sabido bien lo que decía, pues además fue diputado por la circunscripción de Salamanca, ni más ni menos. Por otro lado, el doctor Miguel Ruiz afirma en ...
Miguel de Unamuno decía que el valor del hombre consiste en su palabra, y miren que el escritor bilbaíno debe haber sabido bien lo que decía, pues además fue diputado por la circunscripción de Salamanca, ni más ni menos. Por otro lado, el doctor Miguel Ruiz afirma en el primer acuerdo, de los cuatro que proclama, que debemos ser impecables con las palabras porque ellas constituyen el poder que tenemos para crear; yo más sencillamente creo que la palabra bien, justa y precisamente dicha, marca la diferencia entre los hombres. La palabra puede ser la gran diferencia entre ocupar un trono o una tumba, entre el logro o el fracaso, el bienestar o la desdicha, el verbo es un don que viene directamente de quien nos creó y marcó nuestro privilegiado lugar entre todo el reino animal. La palabra es absolutamente necesaria para conseguir todo aquello que pretendemos y difícilmente podríamos imaginar, el encumbramiento de un líder desde Sócrates hasta Martin Luther King pasando por el gran Jesucristo o Churchill sin el gran uso que hicieron de ella.
Gran frustración…
En mi trabajo diario, en el rico campo de la imagen pública, debo enfrentarme continuamente al reto de usar las palabras correctamente para lograr los objetivos que se me encomiendan o para convencer a los demás de que el futuro que veo puede existir y aunque estoy muy lejos de lograr con ellas las posiciones que los grandes hombres que admiro han alcanzado, al menos trato de esmerarme en su estudio para saber usarlas lo mejor que pueda, ya en alguna temprana época de mi vida profesional en los medios de comunicación fui calificado como inculto, exhibido en público y por lo tanto humillado y esa fue una dura lección imposible de olvidar. Es por ello que hoy me resulta muy frustrante enfrentar el hecho de que en el sentido del buen uso del recurso oral y escrito de la palabra, el mundo y, especialmente, nuestro país marchan irremisiblemente al revés.
Un virus peligroso…
Doy por sentado el hecho de que hoy por hoy existen personas brillantes que saben hablar y escribir con corrección, capaces incluso de crear obra trascendental, pero lo preocupante es que cada vez sean menos y se localicen en un segmento de edad adulta. Al voltear a ver a los jóvenes descubro con horror que la gran mayoría viene inoculada de un virus terrible contraído en los planteles de su educación temprana, el cual les impide en su gran mayoría hablar y escribir con corrección y lo peor del caso es que con la introducción de nuevas formas de usar las palabras en la redacción de textos para las redes sociales, el virus ha encontrado un campo fértil para justificarse, establecerse con gran comodidad y crear una cepa altamente infecciosa. A la luz de ello, el futuro no se presenta promisorio, basta escuchar o leer a los medios de comunicación donde participan jóvenes para comprobarlo.
Lástima por ellos…
No soy fatalista, tampoco cerrado al cambio que empujan los propios jóvenes, al contrario, todos los días trato de hacer mi labor de coolhunting (ah ¿verdad?) para sumarme a las nuevas tendencias y mantenerme siempre actual, pero no me atrevo a sacrificar lo bueno por lo nuevo y mucho menos a cerrar los ojos ante un panorama entristecedor que viene a quitar a los propios jóvenes la oportunidad de disfrutar de la magia de la palabra correctamente dicha, de lograr resultados más grandes, mejores y rápidos, y de adquirir un poder hasta ahora escamoteado por su propia falta de educación. Falta tan sólo preguntar… ¿Quién tiene la culpa de ello? desde luego, los jóvenes no.
*Rector del Colegio de Imagen Pública
Twitter: @victor_gordoa
