El moderador del debate panista

¿Cómo entenderán al PAN Ernesto Cordero y Gustavo Madero? Mañana lo veremos en el debate.

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Víctor Beltri 28/04/2014 03:34
El moderador del debate panista

“Buenas tardes, damas y caballeros, señores candidatos. Como todos sabemos, nos encontramos aquí reunidos para dar lugar a un debate entre los aspirantes a la dirigencia de nuestro partido, lo que nos permitirá conocer más a detalle sus posiciones respecto al futuro de nuestra institución y, de esta manera, saber quién definirá el rumbo para los años venideros.

Sé que ambos aspirantes traen algunos temas preparados pero, antes de que comencemos con este ejercicio democrático, quisiera hacer algunas consideraciones que espero marquen el derrotero de nuestro debate.

‹‹Durante medio siglo, el PAN, impedido por la cultura y la práctica del fraude electoral derivado de una concepción excluyente y casi totalitaria de la política, convertida en violación sistemática e impune de las leyes electorales, se fue identificando como ‘la oposición’, en la misma medida que el PRI se identificaba con ‘el poder’. Por esta lamentable ruta, el uno y el otro olvidaron que un partido político no puede ni debe identificarse con la una ni con el otro, sino competir honesta y legalmente por los votos y ejercer aquélla o aquél según lo decidan los electores. No es de la esencia de un partido ser ‘la oposición’ ni ser ‘el poder’. Por eso el PAN, cuando empezó a ganar elecciones, atravesó por un periodo en que lo atribuló y confundió el hecho de dejar de ser la oposición. Análogamente, el PRI, cuando comenzó a perder en las urnas, se inquietó porque dejaba de ser el poder. Si este cambio todavía en curso condujera al PAN a pensar que su esencia es el poder y a actuar en consecuencia, Acción Nacional podría ‘electoralizarse’ hasta el olvido de que su esencia verdadera es luchar —desde la oposición o desde el poder— por la aceptación de más y más personas, de la cultura que expresa en política. Y no es que se proponga que el PAN renuncie a buscar seria y eficientemente el poder, sino señalar que, si se busca éste sin parar mientes en los medios que utiliza para conseguirlo, puede negar en los hechos la cultura propia. Un triunfo así obtenido sería un suicidio histórico. Sería como confundir la anécdota con la historia, la coyuntura con la estructura, la escaramuza con la batalla, el medio con el fin, el instrumento con el producto. Y no hay verdadera victoria electoral sin victoria cultural. Sobre todo si, con tal de conseguir el poder, se niega con los actos la cultura propia. El partido que en la práctica muestra que no cree ni confía en las propias ideas, ni respeta su propia historia, acaba por darle la razón y el poder a las ideas ajenas, por mentirse a sí mismo y engañar al elector. Lo que puede ser satisfactorio y hasta estético, pero no es ético y, finalmente, ni siquiera político, al menos en el sentido de político que hicieron suyo y heredaron a sus sucesores los fundadores y promotores del PAN.

‹‹Una cosa es votar junto con otros partidos en favor de iniciativas que, desde el punto de vista de la cultura panista, sirven al bien común temporal de los mexicanos. Así lo ha hecho el PAN durante toda su historia y con partidos que no comparten esa cultura. Otra muy distinta es aliarse disolviéndose culturalmente en un conjunto con tal de obtener el poder, porque de este modo el PAN deja de proponer al elector lo suyo, lo priva de su propia alternativa y lo deja sin opción, sobre todo si se piensa que, en la actualidad, los eventuales aliados son fruto cultural y político del priismo. Una alianza de esta naturaleza deja a los electores ante un callejón sin salida: no importa por quién vote, votará por la cultura política del PRI. Esto no es ‘sacar al PRI de Los Pinos’.

‹‹Si por un lado está la alternativa del PRI que mantiene el viejo nombre aunque ya no es totalmente lo que fue, y por el otro está el PRI con el nombre modificado pero con notas que son las del PRI de ayer o incluso las del PRI relativamente cambiado, el votante habrá de escoger entre el PRI y el PRI, lo que no es elegir libremente, sino someterse a una fatalidad: la victoria electoral de la cultura priista. Lo que significaría la más grande derrota para el PAN: la de su cultura.››

Como mencionaba hace unos instantes, sé que la competencia ha sido fuerte y los ánimos están caldeados. Los medios de comunicación convencionales, y las redes sociales, han dado cuenta de los conflictos internos que sufrimos desde hace años, y estamos perdiendo la preferencia del electorado a pasos agigantados. Sin embargo, quiero proponerles que, en vez de comenzar con los ataques al contrario, las descalificaciones y, en pocas palabras, la guerra de lodo, nos centremos en las cuestiones verdaderamente importantes. Hablemos de ideas, que no de personas. Hablemos del papel de nuestro partido en la sociedad mexicana, de nuestra vocación al bien común, de nuestro papel como oposición y gobernantes. Hablemos de la honestidad perdida y lo que hemos aprendido de nuestro paso por la presidencia. Hablemos del papel de la democracia en nuestra vida diaria, y del México que soñamos. De la transición que no hemos terminado, y de nuestra racionalidad política como instituto. Pero, sobre todo, dejemos de dar el espectáculo lamentable que nos ha quitado la confianza de la ciudadanía.

Así, esperamos tener un diálogo en vez de dos monólogos. Esperamos ideas, en vez de acusaciones. Esperamos que, al terminar, el resultado sea un partido más sólido y enfocado en la ciudadanía. De acuerdo con el sorteo inicial, el primer turno es para el candidato...”.

Esto, evidentemente, es una ficción. El texto entre comillas inglesas, sin embargo, no lo es, y corresponde al artículo ¿Cómo entiendo al PAN?, de Carlos Castillo Peraza, publicado en 1999 a un año de haber renunciado a su militancia. ¿Cuál es el tamaño de los candidatos? ¿Cómo entenderán al PAN Ernesto Cordero y Gustavo Madero? Mañana lo veremos en el debate. Suena escalofriante.

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