Las palabras vetadas en Los Pinos

Urgencia: necesidad o falta apremiante de lo que es menester para algún negocio / inmediata obligación de cumplir una ley o un precepto; Seriedad / serio: importante, de consideración; Oportunidad: momento o circunstancia oportunos o convenientes para algo. Estas son las ...

Urgencia: necesidad o falta apremiante de lo que es menester para algún negocio / inmediata obligación de cumplir una ley o un precepto; Seriedad / serio: importante, de consideración; Oportunidad: momento o circunstancia oportunos o convenientes para algo. Estas son las definiciones que la Real Academia Española da a tres palabras que no son conocidas en Los Pinos, e incluso parecen estar vetadas permanentemente.

En términos generales, la comunicación de la administración del presidente Enrique Peña Nieto es todo menos asertiva. El esfuerzo permanente de minimizar los acontecimientos o justificar los errores es casi conmovedor, darían ternurita si no fuera tan grave su arrogancia. En estos días esa tendencia ha quedado más que evidenciada. 

Ante la muerte de varios periodistas, se han exigido y clamado garantías para que estos puedan hacer su trabajo. Frente a eso, el subsecretario de Gobernación para Derechos Humanos, Roberto Campa, dio una entrevista en la que señala que realmente ésta no es la peor época para los comunicadores, pues en los primeros años de la administración de Felipe Calderón más periodistas perdieron la vida. Se supone que ¿ese argumento debería servir como prueba de descargo? ¿Los reporteros deben sentirse aliviados de no romper el récord de muertes todavía?

Cuando salieron las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública señalando que el mes de mayo pasado había sido el más violento desde 1997, de inmediato el comisionado nacional de Seguridad, Renato Sales Heredia, salió a culpar al Nuevo Sistema de Justicia Penal (Mancera dixit). A su juicio, que la violencia haya aumentado es porque se quitó la detención preventiva a delitos cometidos con arma de fuego.

En su lógica, si se modifican unos cuantos artículos de algunas leyes de este nuevo sistema, la situación mejoraría sustancialmente. Sólo un detalle, ¿por qué si el Sistema de Justicia Penal se implementó tal y como está en junio de 2018, es hasta mayo de este año que el homicidio repunta?

Pero el gobierno federal se superó a sí mismo con el caso del presunto espionaje a periodistas y activistas sociales. En este caso se han equivocado hasta el cansancio. De entrada, la respuesta que dio Presidencia al reportaje de The New York Times a través de una carta sin membrete, con faltas de ortografía y en español —a pesar de ser dirigido a un medio estadunidense— fue de antología. Además, en esa carta no negaban el hecho, sino que señalaban que no había pruebas de la acusación.

No responder oportunamente a esta crisis y dejar que el problema creciera, obligó al propio presidente Enrique Peña a tener que salir al paso a fijar la posición de su gobierno, pero ojalá y mejor no hubiera salido.

El mandatario pidió aplicar todo el rigor de la ley a quienes hayan levantado falsos señalamientos contra su gobierno. Además señaló que él también se había sentido espiado y que incluso no dudaría que saliera alguna de sus conversaciones. Si estas palabras pretendían crear alguna empatía, lograron todo lo contrario. Si el hombre que lleva las riendas de este país, la seguridad y la inteligencia de México, teme a ser espiado ¡que corran a sus oficiales de seguridad!

Después se tuvo que retractar, diciendo que no dijo lo que dijo, o al menos que eso no fue lo que quiso decir, porque conforme dice una cosa, dice otra, y pues haiga sido como haiga sido, esas cosas suceden. Sin embargo, el daño ya estaba hecho.

El gobierno federal perdió su capacidad de distinguir la seriedad, urgencia y oportunidad con lo que requiere ser tratado un caso. Cuando una crisis les explota en la cara piensan que son juegos artificiales.

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