2017, el año en que el PRI perdió las elecciones
Seguramente 2017 se recordará por muchas cosas, pero una de ellas será que fue el año en que el PRI le regresó la Presidencia a la oposición. Hay varias voces que señalan que el presidente Enrique Peña Nieto y su gabinete actuaron responsablemente al quitarle el ...
Seguramente 2017 se recordará por muchas cosas, pero una de ellas será que fue el año en que el PRI le regresó la Presidencia a la oposición.
Hay varias voces que señalan que el presidente Enrique Peña Nieto y su gabinete actuaron responsablemente al quitarle el subsidio a las gasolinas a costa de su popularidad; que la historia será quien les dé su justa recompensa a estos valientes funcionarios que, cuales Niños Héroes, prefirieron morir en el campo de las elecciones antes de perjudicar al país; que los mexicanos que hoy protestan son de esa clase media acomodada, insensible con las carencias del país, unos ignorantes que de macro y microeconomía no entienden nadita y que en medio de su ignorancia critican las medidas aplicadas por el gobierno. Esas voces son las que preguntan: “Ustedes, ¿qué hubieran hecho?”.
Sin embargo, no será la eliminación del subsidio de las gasolinas, lo cual, además, era una medida necesaria que tarde o temprano tenía que pasar, el motivo por el cual el PRI perderá las elecciones en 2018, sino porque la liberación de los precios es la gota que derramó el vaso de una serie de desaciertos del gobierno federal, que lo ha llevado a una espiral de desprestigio.
Van a perder, por la forma en que implementaron esta famosa liberación. No van a ganar porque, cuando se trataba de comunicar y de dar explicaciones, la mayoría del gabinete —incluyendo al Presidente— andaba de vacaciones mientras el país comenzaba a arder. Si acaso sólo el secretario de Hacienda hizo la visita de las siete casas a diversos medios, intentando explicar lo que sigue pareciendo inexplicable.
Van a perder, porque el Presidente no ha sido capaz de articular un discurso en el que, además de echar culpas, anuncie un verdadero programa que haga frente a la realidad económica que se vive. No es suficiente que se diga que a partir del primer trimestre se reducirá en 10% la partida de sueldos y salarios de funcionarios públicos del mando superior, eso sólo debería ser el inicio del recorte de privilegios.
Van a perder, porque, aunque traten de disfrazarlo, el Presidente sí prometió una tierra prometida donde bajaría la luz, las inversiones llegarían a manos llenas y no habría gasolinazos.
Van a perder, por el espíritu inmobiliario de los funcionarios del gobierno federal que lo mismo tienen una Casa Blanca que una en Malinalco. No ganarán las elecciones porque son incapaces de responder adecuadamente a las crisis, llámese Ayotzinapa o Tanhuato, o la cancelación de una inversión de mil 600 millones de dólares. Cuando algo así sucede, se quedan cual venaditos lampareados a la mitad de una carretera mientras el tráiler les viene de frente.
Van a perder, porque la anunciada renovación del PRI con cuadros jóvenes se quedó en gobernadores cuestionados y perseguidos (a medias) por la justicia mexicana y porque la impunidad que reina en el país es abrumadora y la complicidad inconcebible.
Van a perder, porque eligen a funcionarios que vienen a aprender a los puestos de alta responsabilidad y porque piensan que una relación con el gobierno de Estados Unidos sólo se basa en una empatía personal.
La oposición no tiene que hacer gran cosa, sólo capitalizar los errores, uno tras otro, del gobierno federal. Se frotan las manos porque saben que en 2017 el PRI está herido de muerte, y en 2018 pueden desplazarlo fácilmente. Que no se les olvide, sin embargo, que ellos también son culpables de lo que está pasando en el país.
