Cadenas de amargura

¿De verdad alguien pensó que sería como Michelle Obama o la reina Rania de Jordania?

Vianey Esquinca

Vianey Esquinca

La inmaculada percepción

La figura de la primera dama en México ha ido variando con el tiempo. Las esposas de los Ejecutivos le han imprimido su toque a la presidencia: de la extravagancia de Carmen Romano, a la discreción de Nilda Patricia Velasco, pasando por el protagonismo incómodo de Marta Sahagún o la prudencia obligada de Margarita Zavala.

Hoy, esa posición la ocupa Angélica Rivera quien ha despertado toda clase de Cañaveral de pasiones desde que se dio a conocer que era la pareja del ahora Presidente. Su paso por el gobierno podría compararse con la de una telenovela. Ayer era Simplemente María buena, bella, capaz de conquistar al soltero más codiciado, hoy se le ha convertido en La intrusa.

En la campaña de Enrique Peña Nieto y en los primeros meses de administración fue el Rayito de luz, un activo para el gobierno. La gente la reconocía en México y en el mundo. Las crónicas de las giras en donde ella era protagonista eran recurrentes. Vivía el sueño de María la del barrio. Sin embargo, de repente llegó El maleficio con el escándalo de la Casa Blanca y comenzó la picada. Paso de la Alborada a las Cadenas de amargura.

Se convirtió en La usurpadora de una casa de Las Lomas, se reprochó que haya viajado con su maquillista a China, se le criticó por haber usado vestidos de alta costura en la gira presidencial por Gran Bretaña, también que se fuera a pasear con sus hijas a Beverly Hills. En resumen se le ha etiquetado como frívola e insensible, incapaz de llevar con decoro su papel de primera dama.

Estas críticas han crecido y acentuado significativamente en las últimas semanas. Es una gran casualidad que mucha gente en los medios —casi al mismo tiempo— se haya concentrado en hablar de los grandes y graves errores de la esposa del presidente Peña. Eso obliga a realizar varias preguntas ¿de verdad alguien pensó que sería como Michelle Obama o la reina Rania de Jordania? ¿Qué por arte de magia adquiriría conocimientos y experiencia de una estadista? Angélica Rivera era actriz y todo México lo sabía. Entonces, se le puede cuestionar de sentirse La dueña, pero no por

La mentira.

¿Quién o quiénes y por qué están tan interesados en que Rivera se convierta en la Querida enemiga? ¿Quién quiere y por qué verla como el signo más ominoso de la actual administración? ¿Por qué ya nadie está Destilando amor por ella? ¿Por qué no entra una Misión SOS para apoyarla desde Los Pinos?

¿Se ha decidido convertirla en un distractor de lo verdaderamente importante que es cuestionar los problemas que más aquejan a la gente como son la seguridad y la economía? ¿Quién decidió crearle El Infierno en el Paraíso? ¿Fuego amigo?

Se ha dicho que tiene tan baja popularidad que comienza a ser un lastre para el Ejecutivo. Si bien, Angélica Rivera no está ayudando a la imagen presidencial como lo hacía al principio, sería un error pensar que ella es la causante completa de la mala calificación que pesa sobre Los Pinos.

Pero esta telenovela no ha termina ahí, seguramente seguirán más capítulos de esta historia. Sólo que deben tener cuidado en que a Rivera le dé por tener el Corazón salvaje, convertirse en La fiera y hartarse de vivir En carne propia ser el pararrayos de lo malo que pasa en el gobierno.

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