Gatito ternurita

¿Cómo creer que un amigo y subalterno será capaz de llevar a la hoguera a sus empleadores y camaradas?

Virgilio Andrade fue uno de los nombres más escuchados la semana pasada al ser nombrado titular de la resucitada Secretaría de la Función Pública. Nadie cuestionó su experiencia o probidad, más bien lo que se criticó a él y al presidente Enrique Peña Nieto fue la ingenuidad. El candor de pensar que esta designación y el plan de ocho puntos para combatir la corrupción serían suficientes para calmar las feroces críticas que no han dejado de señalar el conflicto de interés del propio mandatario, su esposa y el secretario de Hacienda, Luis Videgaray.

Inocencia de suponer que pidiéndole al flamante nuevo funcionario que los investigara iba a obtener el beneplácito de toda la opinión pública. Si existiera un pecado capital de la credulidad, el gobierno federal ya se hubiera condenado.

¿Cómo creer que un amigo y subalterno será capaz de llevar a la hoguera a sus empleadores y camaradas? ¿Cómo si además no existe un marco legal que los haga culpables de conflicto de interés? ¿Se supone que hay que aplaudir esas medidas anunciadas por el Presidente cuando su partido está luchando como gato boca arriba para ponerle trabas al Sistema Anticorrupción y a la Ley de Transparencia que debía estar lista para este 7 de febrero y no estuvo?

Debe reconocerse que las medidas anunciadas son un avance y que podrían ser un camino, el inicio de una luz al final del túnel. Sin embargo, el Presidente y el PRI podrían, si quisieran, realmente ponerse a la cabeza en la lucha contra la corrupción acelerando el marco jurídico y el nombramiento del fiscal Anticorrupción.

La ternurita no es exclusiva del gobierno federal. La Línea 12 se ha convertido en una fuente inagotable de ridículos. Los encabeza el exjefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, quien ha asumido que una mente diabólica y mal intencionada que le tiene muchísimo coraje y sed de venganza, ha sido capaz de armar un complot de dimensiones descomunales en su contra. 

De acuerdo con el otrora “Mejor Alcalde del Mundo”, esa confabulación que ha afectado la movilidad de miles de capitalinos y ha significado millones de pesos al erario, tiene una sola intención: detener sus aspiraciones políticas. Así de grande es su autoconcepto.

Pero también están haciendo el ridículo aquellos que piensan que la gente se traga el cuento de que se llegará hasta las últimas consecuencias, que Ebrard o Mario Delgado serán sancionados. Ellos, como suele suceder, llegarán a una negociación y, en todo caso, dejarán que los que eran sus subalternos paguen.

No importa que sea evidente que Ebrard sabía de los riesgos y de las fallas de la Línea 12, él siempre se podrá hacer la inocente palomita que se dejó engañar y confió ciegamente y sin ninguna supervisión de sus empleados.

Tampoco es relevante que el Gobierno del Distrito Federal haya anunciado que prácticamente tendrá que hacer una nueva Línea 12 en algunos tramos y que haya anunciado la reconstrucción de esa línea como si fuera el hombre nuclear: “Línea 12… línea del Metro… su vida está en peligro… lo reconstruiremos. Poseemos los trenes y los proveedores para convertirlo en un transporte más o menos útil, que ande al menos”.

Lo único que parece valer es quién aprovecha políticamente este escándalo.

Ahora, todo este lío de la Línea 12 del Metro debe tener muy preocupado al Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Sabe que significa una molestia muy grande para toda la gente que ya no puede transportarse adecuadamente. Por eso, y tratando de aliviar el dolor e inconformidad de la gente, anunció la semana pasada el lanzamiento de la campaña contra el pie de atleta. Así, garantiza que al menos la gente que tenga que caminar largos trayectos para moverse a su casa u oficina lo haga de una manera cómoda y no con esa desagradable enfermedad.

Pero eso no es todo, después de ese campanazo mediático, el funcionario capitalino no se piensa quedar ahí, tiene un as bajo la manga, presentar el programa: “CDMX libre de la cerilla en los oídos y la masilla entre los dientes”.

Con esto pretende poner a la Ciudad de México a la vanguardia en temas que realmente le preocupan a la gente.

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