¿Quiere la reforma que le cambiará la vida? ¡Llame ya!

Las reformas son de amplio espectro y de liberación lenta, por eso es que ninguna de las aprobadas ha tenido el impacto o resultados esperados.

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Vianey Esquinca 08/12/2013 01:58
¿Quiere la reforma que le cambiará la vida? ¡Llame ya!

Las reformas estructurales han sido noticia durante todo el año, aparecen a la menor provocación en los medios de comunicación y a todas horas. Se venden como productos milagrosos que ofrecen empleos, crecimiento de la economía y el gas más barato en un año, todo sin dietas ni ejercicios dolorosos. Son la medicina salvadora que curará a México de casi todos los males.

Las reformas son de amplio espectro y de liberación lenta, lentísima, por eso es que ninguna de las reformas aprobadas ha tenido el impacto o resultados esperados.

Todos los actores políticos quieren que los mexicanos terminen aceptando su punto de vista sobre las reformas, por lo que utilizan declaraciones espectaculares o utilizan anuncios en tiempos oficiales.

Son recurrentes y ocupan la misma estructura que los infomerciales, para tratar de convencer a la gente.

Primero hacen un complejo y pesimista diagnóstico sobre la situación del país: ¿Está cansado de vivir en un país tercermundista donde paga caro el gas y la luz? ¿No soporta más a sus maestros flojos que asisten cuando quieren a los salones de clase? ¿Desea de una vez por todas que su hijo deje de ser un burro y repruebe los exámenes de Enlace o PISA? ¿Se ha quedado alguna vez sin cobertura telefónica cuando más lo necesita? ¿Desearía un servicio de televisión por cable más económico y sin señal interrumpida? ¿Quisiera que se acabara la pobreza en México?

A continuación viene la promesa: “¡Pues no espere más!, es el año de las reformas, el próximo será de la eficacia”.

Luego salen los presentadores, en este caso los legisladores o los dirigentes de los partidos y narran sus maravillosas experiencias: “Hola, soy Jesús Zambrano, dirigente nacional del PRD, y lo recuerdo muy bien, el PRD estaba pidiendo una reforma de carácter social sin IVA en alimentos y bebidas, cuando dije ¡oh Dios!, ésta es la reforma que el país necesita”. “México vivía en la incertidumbre, en la oscuridad, pero entonces llegó el gobierno del presidente Peña Nieto y todo cambió, no volví a ser el mismo. Soy César Camacho y te digo que yo ya las probé, las reformas, sí funcionan”. “Yo no quería aprobar las reformas, tenía desconfianza, incluso hasta nos pusimos nuestros moños, pero al ver que todos ceden ante nuestros reclamos, sólo me queda decir, yo Gustavo Madero, sí confío en las reformas, y te pido hoy que lo hagas también”.

Otra estrategia altamente usada es emplear a los “expertos” que hablen desde un punto de vista “científico” del producto, en este caso las reformas. Entonces todos se ponen a opinar. “Yo no daría mi nombre si no supiera que esta reforma sí funciona”.

Los ejemplos internacionales también son usados como medida persuasiva: “México y Costa Rica son los únicos países de América Latina que no permiten la reelección de sus legisladores”, “Si en todas las partes mundo se ha podido ¿por qué en México no?”.

También utilizan términos complicados para demostrar sabiduría, inteligencia y superioridad y también amenazan: “Si no se aprueban las reformas el país perderá su momento” o “No habrá segunda oportunidad”.

Los políticos no ofrecen devolver el dinero si el producto o la reforma no sirve, lo más cercano que hace el Presidente es ofrecer al principio de su mandato un “… y si así no lo hiciere que la nación me lo demande”.

Al finalizar inicia la labor de venta: “Si usted quiere su reforma estructural al momento. Llame ya. Si llama en los próximos cinco minutos junto con su Reforma Política le enviamos también la Energética. Esta oferta la ofrece únicamente el Congreso, no la encontrará en ninguna otra parte”.

El problema es que no se puede acudir a la Profeco a reclamar publicidad engañosa, porque además fácilmente los funcionarios de la Procuraduría pueden decir: “No hay nada que perseguir, no se le prometió bajar siete kilos en una semana, pero se ha adelgazado la economía y muchos mexicanos ya se han apretado el cinturón”.

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