Margarita: ¿Qué sigue?
La renuncia de Margarita Zavala a la candidatura para la Presidencia, independientemente de las razones que ha expuesto, tiene que hacer reflexionar a varios actores involucrados en la vida política del país. En primer lugar, a los legisladores que participamos en las reformas del 2013-2014, porque cuando aprobamos las candidaturas independientes se pensaron como una alternativa de elección ciudadana por la falta de credibilidad y pérdida de confianza en los partidos políticos (esto sucede en todo el mundo, no sólo en México); además, era una respuesta a la sociedad civil que señalaba una falta de apertura del sistema democrático a la participación política fuera del monopolio de los partidos políticos
Nada más ingenuo que haber aprobado esta figura constitucional sin exigir que se le dotara de condiciones idóneas para hacerse realidad. Ya hemos visto el tortuoso camino que han recorrido quienes han osado en aspirar a la Presidencia de la República por este medio. Los aspirantes no sólo han tenido que enfrentar las exigencias de presentar un millón de firmas con un sistema ineficiente para recolectar y evaluar su autenticidad, sino también han tenido que aguantar el escarnio público en las redes sociales y en diversos medios de comunicación cuando no han podido demostrar que quienes les ayudaron a recolectar las firmas (muchos de ellos de forma voluntaria) lo habían hecho de manera correcta y honesta.
En segundo lugar, la renuncia de Margarita tiene que hacer reflexionar a los propios partidos políticos, porque cada vez que se pueden hacer buenas reformas constitucionales éstas se pudren antes de aplicarse, ya que se construyen a medias o se busca hacerlas fracasar por el cálculo político coyuntural. Por ejemplo, en el contexto del Pacto por México, la reforma política pudo haber sido completa con la aprobación de la reglamentación de los gobiernos de coalición y la segunda vuelta electoral en todos los niveles, pero la experiencia en San Luis Potosí impidió que el PRI se arriesgara. Si hubiera segunda vuelta, José Antonio Meade estuviera en otras condiciones de negociación política, en un escenario en donde se reconocería a quien podría ser el actor de unidad de otros actores participantes.
En tercer lugar, tiene que haber una profunda reflexión del sector feminista y grupos organizados de mujeres de la sociedad civil porque, a pesar de haber logrado la paridad política constitucional, no hemos logrado revertir una cultura de intolerancia y exclusión hacia las mujeres. Muestra de ello es que nos hemos quedado sin ninguna mujer candidata a la Presidencia de la República. Se podrá decir que fue voluntad de ella renunciar; incluso, hay quienes han expresado que “su retirada es para regresar con más fuerza”, lo cual es, a lo menos, un buen deseo de alguien que quizá le tenga aprecio, en realidad, cuando un actor político “renuncia” o “se retira” es difícil que se vuelva más fuerte en un futuro inmediato por sí mismo. Muestra de ello somos quienes hemos renunciado a la militancia partidaria sin prever una alternativa real y viable para seguir participando en la vida política y el quehacer público.
Ayer, Pascal Beltrán del Río nos recordaba cuando Heberto Castillo renunció en 1988 y le dio un impulso a las aspiraciones presidenciales de Cuauhtémoc Cárdenas. A esa reflexión yo le sumo el hecho de que, posteriormente, el registro del PMS (Partido Mexicano Socialista), que dirigía Castillo, sirvió para fundar el PRD. En concreto, no es lo mismo renunciar que declinar. Lo primero que ya se anunció ayer hizo que viéramos a una Margarita más serena, como si se hubiera quitado un peso de encima, pero eso no significa que deje de ser una de las políticas más importantes en esta coyuntura, por lo que no coincido con su hermano Ignacio de que tal vez necesita unas vacaciones (lo dijo en tono de broma en la entrevista con Ciro Gómez Leyva). Lo segundo (declinar y convocar a votar por alguien más) podría generar que tuviéramos a Margarita como senadora o diputada federal, aunque eso implique ir con las siglas del PAN o del PRI.
Sobre el debate entre los candidatos presidenciales el domingo próximo, me gustaría mucho que respondieran las preguntas que ha hecho Comexi, pero, principalmente, deseo que los cuatro señores se pronuncien contra la violencia política que ha costado la vida a más de 90 aspirantes a diferentes cargos de representación popular.
Maestra en derecho constitucional por la UNAM
