María Elena Chapa y Elvia Carrillo Puerto

“…A la sombra de las palabras, crezco como la luz que de la noche despierta…”, de Dolores Castro
En el momento que escribo estas líneas, en el Senado de la República están entregando el galardón “Elvia Carrillo Puerto” a María Elena Chapa Hernández.  Con este homenaje, se reconoce la larga lucha que durante su vida ha encabezado para lograr la igualdad de género y contra la violencia femenina. Enhorabuena para ella y para quienes nos sentimos emocionadas por esta decisión. 

El reconocimiento “Elvia Carrillo Puerto” es, en sí mismo, un reconocimiento a la lucha incansable de las mujeres del pasado y del presente, pero también reconocimiento a quienes han desafiado los tiempos y no se han limitado para pugnar por los derechos de las mujeres. Recordemos que en 1916 el gobierno socialista de Yucatán, encabezado por el general Alvarado, impulsó los primeros dos congresos feministas para discutir los temas sobre sexualidad, divorcio, política y el derecho al sufragio. Ese mismo gobierno socialista, encabezado por Felipe Carrillo Puerto, en 1922 promulgó la primera ley que otorgó el derecho de voto a la mujer, por lo que Rosa Torres fue nombrada concejal de Mérida y Elvia Carrillo Puerto, Raquel Dzib y Beatriz Peniche fueron diputadas hasta 1924, año en que fue derogada esa misma ley después del asesinato de Carrillo Puerto. También el gobernador Aurelio Manrique, de Coahuila, aprobó una ley a favor del sufragio de las mujeres y después en Chiapas se hizo lo mismo, pero los periodos sólo eran coyunturales mientras los gobernadores progresistas ejercían el cargo.

Es doblemente significativo que el 8 de marzo se entregue el reconocimiento “Elvia Carillo Puerto”, porque, aun siendo una fecha que surgió de la indignación por la muerte violenta de 140 obreras en una fábrica textil de Nueva York en 1857, también es una fecha que se convirtió en bandera de unidad de la lucha inquebrantable de las mujeres de los cinco continentes del planeta para lograr un mundo sin discriminación económica, social o política.

En México, las mujeres unidas hemos logrado muchas acciones a favor de la igualdad de género, pero afirmar que la igualdad de género y la no discriminación están conquistadas es cerrar los ojos a la realidad. A pesar de los presupuestos especiales de perspectiva de género, las leyes nuevas contra la violencia y la reforma constitucional por la igualdad política, tenemos nuevos retos, porque todavía las mujeres siguen siendo discriminadas y violentadas por el hecho de ser mujeres.

La discriminación no sólo se manifiesta en forma de violencia extrema, que ya es un asunto muy grave, sino también de forma sutil, por ejemplo, en el ámbito legislativo; si bien es cierto las mujeres han logrado tener una presencia de más de 40 por ciento, también es cierto que las comisiones ordinarias más importantes siguen siendo sólo para los hombres (las mujeres dirigen 14) igualmente, si bien es cierto algunas mujeres han logrado presidir la mesa directiva, no ha sido lo mismo en la Junta de Coordinación Política que es en donde realmente se decide la política del poder legislativo.

En el Poder Ejecutivo, si bien es cierto en este sexenio se realizaron avances importantes en materia de paridad de género para los cargos de representación popular, las mujeres tienen un crecimiento en número sólo en las presidencias municipales (de 5 a 17% en el sexenio), pero por lo que respecta a las gubernaturas y el ámbito federal, son muy pocas las mujeres que han logrado espacios de primer nivel en el ejercicio del poder público.

El problema mayor se encuentra en los partidos políticos, los cuales, si bien es cierto ahora impulsan más a las mujeres para los cargos de representación política, lo hacen obligados por la reforma constitucional de paridad de 2014, pero si revisamos los liderazgos nacionales y estatales se podrían contar con los dedos de las manos los institutos que han sido encabezados por alguna de ellas desde que aparecieron los primeros partidos en la vida nacional.

Como se ve, la lucha de las mujeres tiene un camino largo por recorrer, mientras, seguiremos conmemorando la fecha del 8 de marzo como un homenaje a quienes han dado sus ideas, su corazón y hasta su vida para acabar con la discriminación.

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