Presidente: Viva Iguala
Fue en Iguala donde Agustín de Iturbide selló con Vicente Guerrero el Plan de Iguala, que a la postre significaría la Independencia de nuestro país. De dicho plan, producto de la unión entre conservadores y liberales, resultó la primera bandera nacional, confeccionada por el sastre Magdaleno Ocampo, mejor conocida como la Bandera Trigarante, queya llevaba los colores verde, blanco y rojo.
El primero en jurar la bandera fue el propio Iturbide, seguido de Vicente Guerrero. Por ese acto, entre los dos caudillos de la independencia, conmemoramos el Día de la Bandera. En las páginas de nuestra Historia Nacional quedó retratado este episodio con la frase: “1821, el primer año de soberanía”. De esa manera, la imagen de la jura de bandera por Iturbide y Guerrero convirtió a Iguala en símbolo de la libertad y la unión de los mexicanos, siendo llamada, incluso formalmente, Iguala de la Independencia. En su entraña, se trata de una imagen muy poderosa: hacer a un lado las diferencias para ir tras un objetivo en común.
De Iguala tengo el recuerdo de una ciudad muy calurosa, comercialmente muy prospera y el centro educativo de los habitantes de los municipios conurbados como Tepecoacuilco, Cocula, Huitzuco, Buenavista, Teloloapan y Taxco. No obstante, todo empezó a cambiar cuando se construyó la Autopista del Sol. En ese momento, Iguala empezó a decaer debido a que dejó de ser un lugar de tránsito obligado. En corto tiempo, la pobreza y la desigualdad comenzaron a leerse en el abandono de sus calles y sus plazas públicas. Tal vez por eso, la imagen del presidente Enrique Peña Nieto en Iguala causa una gran expectativa y, en el fondo, perfile el anhelo de reconstruir a este municipio como el símbolo que fue: el lugar de la reconciliación y la prosperidad.
Hay que reconocer que la visita del Presidente cobra un realce particular. En primer lugar, marca un compromiso con el futuro del municipio, del estado y del país. Iguala siempre ha sido un importante punto comercial y manufacturero. Pero hoy, a casi 200 años de aquél episodio de la Independencia, Iguala significa otra cosa. Tal y como sostiene José Reveles, se presupone que la ciudad es un centro de procesamiento de la amapola, la planta con la que se fabrica la heroína y otras drogas ilegales. Bajo esta perspectiva, en Iguala se inicia una ruta que termina en Chicago, uno de los principales mercados de drogas de Estados Unidos. Esta realidad, que se adentra en el terreno de la geopolítica, es la que explicaría que se tengan, al menos, 350 desaparecidos durante los últimos seis años y que, además, se hayan encontrado fosas clandestinas con docenas de cadáveres que aún no han sido identificados.
No obstante, la presencia del Presidente debe dar pie a que se deje atrás el miedo y se vea a Iguala con otros ojos y de otra forma. Por eso es importante el anuncio que hizo el gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo, en el marco de la ceremonia, al decir que volverá la Policía Federal, ya que eso significa paz y orden. En segundo lugar, el discurso ha enfatizado la palabra unión. Pero al leer entre líneas, en realidad, de lo que se habla es del reencuentro. ¿Cómo lograrlo? Sencillo: la imagen de Iguala tiene que servir para subrayar la necesidad de seguir avanzando en el camino de la ley y las instituciones. Ahora bien, el reencuentro entre los ciudadanos sólo será posible si hay vigencia del Estado de derecho y se procura la justicia. Sólo así se podrá acabar con la impunidad y la corrupción y, sobre todo, con la debilidad de las instituciones.
En ese sentido, Peña Nieto se presentó en Iguala para hablar de la unión, del reencuentro y del futuro. No hay duda de que nuestro jefe de Estado intenta darle un matiz optimista a la imagen de Iguala y de sus símbolos. Ello tendrá el eco necesario en la actitud que, de aquí en adelante, muestren los igualtecos, los guerrerenses y, quizás, todos los habitantes de la República Mexicana.
Por supuesto que no podemos dejar de lado que Iguala es una herida abierta por lo ocurrido con los estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos. La tragedia de Ayotzinapa es la última imagen que hoy nos transmite Iguala. Incluso, si tomamos como metáfora la alegoría de Iguala, podríamos decir que la violencia, la desafección de la política como mecanismo de resolución de conflictos, la fragmentación social, las tensiones de seguridad, los problemas relacionados con la economía —todo junto o separado—, ha influido para que la imagen se distorsione y nos llene de indignación, pero también de coraje para decir: Por iguala, por Guerrero, por México, todos vamos.
