Mensajero de la paz
Hoy llega el Papa con el antecedente —o aclaración— de que su visita es como la de un misionero de la paz. Eso es un buen principio porque, según la encuesta del Gabinete de Comunicación Estratégica, los mexicanos desean que su mensaje sea, precisamente, sobre derechos humanos y seguridad.Además, el 80% de la comunidad católica quiere que, como líder,Francisco se pronuncie en contra de la violencia.
Seguramente, esta convicción está influida por los últimos acontecimientos en nuestro país. Esto incluye, por supuesto, la desaparición de personas y los asesinatos cometidos por parte del crimen organizado. Y justo en ese contexto, el caso Ayotzinapa es emblemático porque, a más de un año de haber ocurrido, todavía es una herida sangrante que no ha cerrado. Y se comprende. Nada podría herir más a una persona que la incertidumbre que produce no saber si un familiar desaparecido está vivo o muerto.
Es evidente que la sociedad mexicana necesita paz y reconciliación. Pero tampoco hay ingenuidad entre nosotros. Nadie cree que, tras la llegada del Papa esos imperativos se lograrán en automático. La paz requerida sólo se obtendrá con certeza, y ésta sólo se alcanzará con el restablecimiento del Estado de derecho y el combate total a la impunidad en cada entidad de la federación. En el caso especial de Iguala, cabe mencionar que los esfuerzos del gobierno, en sus tres niveles, se han encaminado a restablecer el orden, aclarar lo sucedido y lograr que la vida cotidiana regrese a su curso normal. Pese a ello, los acontecimientos violentos que continúan produciéndose en aquella entidad, junto a las muchas especulaciones que han surgido entorno a las investigaciones, no han permitido que eso suceda.
Bajo esta perspectiva, cobra especial relevancia que el Papa pueda reunirse con las víctimas de los desaparecidos. Pero, sobre todo, es importante que los padres de los normalistas de Ayotzinapa sean recibidos por él (y no sólo los tres que fueron invitados a Ciudad Juárez). En este caso, ni siquiera es significativo que sean católicos (ignoro si lo son), sino porque, el sólo hecho de entrevistarse con ellos los reconfortaría. Ellos precisan ser escuchados, tener un hombro como el del Papa para llorar, pero también necesitan escuchar palabras de aliento que permita recuperar la confianza.
Por otra parte, las encuestas hablan de que no sólo los católicos quieren escuchar al Papa, por lo que es importante que sus palabras se dirijan a ayudar a disminuir o combatir problemas concretos en nuestro país. Por ejemplo, la violencia contra las mujeres en todas sus modalidades. Desde la violencia por falta de condiciones de igualdad mínima para desarrollar sus capacidades, hasta la violencia feminicida que, en un alto porcentaje, según la Organización Mundial de la Salud, sucede dentro del mismo hogar (38% de los asesinatos de mujeres es cometido por la pareja).
Otra problemática grave respecto del sector femenino es el de las mujeres recluidas. El 58% de encarceladas en los centros penitenciarios del país es por delitos contra la salud. Muchas de ellas fueron utilizadas por el crimen organizado para trasladar droga y reciben sentencias con penas excesivas que las mantienen largos periodos en reclusión sin poder cuidar a sus hijos.
El Papa también tiene que pronunciarse contra la violencia hacia los niños, no sólo de aquellos que por la pobreza son excluidos socialmente de forma cotidiana, sino también por aquellos que tienen que vivir en la cárcel con sus madres o incluso de los que pierden la vida acribillados por los sicarios de alguna banda delincuencial.
La voz del Papa influye no sólo para reconfortar a quienes lo necesitan sino, además, para hacer reflexionar a muchos de sus seguidores. Para nadie es ajeno que muchos de los sicarios que graban y presumen cómo asesinan a sus víctimas son los mismos que van al confesionario y se sienten absueltos para cometer un nuevo delito. Sería ingenuo pensar que, tan sólo porque lo diga el Papa, aquellos que son católicos dejarán de cometer delitos pero, seguramente, su palabra influirá en varios miles de ellos.
El Papa ha demostrado ser un actor de cambio y de liderazgo universal porque se ha pronunciado en temas fundamentales como el del medio ambiente, el de la problemática de las mujeres que han abortado, el de los derechos de la comunidad gay y contra los pederastas. Es decir, es una voz progresista que pugna por los derechos de las personas como centro de desarrollo de las naciones. Por todo eso es tan relevante su visita en nuestro país.
