Federalismo y derrotados
El jueves de la semana pasada se votó en la Cámara de Diputados la iniciativa que limita el endeudamiento de los Estados. Con el argumento central de la corrupción y el mal uso de los recursos se espera que el Senado y la mayoría de los estados aprueben la bien ...
El jueves de la semana pasada se votó en la Cámara de Diputados la iniciativa que limita el endeudamiento de los Estados. Con el argumento central de la corrupción y el mal uso de los recursos se espera que el Senado y la mayoría de los estados aprueben la bien intencionada y descongelada minuta.
Pero, si bien es cierto esta reforma constitucional es necesaria para combatir la corrupción, cabe mencionar que no todos los gobiernos locales hacen un mal uso de los recursos. Algunos por negligencia, otros por falta de presupuesto y otros por falta de conocimiento de cómo lograr financiamientos compartidos entre la Federación y los gobiernos locales han caído en el endeudamiento. Sin embargo, la respuesta del Congreso de la Unión sigue encaminada a la concentración de facultades en detrimento del federalismo tradicional mexicano establecido en la Carta Magna.
En general, de forma teórica, pueden observarse dos visiones del federalismo: la sustentada por Montesquieu y la de James Madison, Hamilton y Jay en Los Papeles del Federalista. La primera afirma la necesaria preservación de la pluralidad de las entidades integrantes del pacto y la segunda señala la importancia de fortalecer al Estado-Nación dando más poder al centro para evitar la inestabilidad de los estados.
En el caso mexicano optamos formalmente por la primera. Pero ante acontecimientos como los de Guerrero, Tamaulipas y Michoacán, desde hace mucho tiempo, practicamos la segunda. Sin embargo, la problemática es heterogénea y el país está dividido en tres regiones tal y como lo hemos dicho en otras ocasiones: La zona norte, que ha sido beneficiada por su cercanía con el país más poderoso del mundo. La centro, que está conformada por la población más participativa del quehacer público y la sur, la más pobre y también la más susceptible en términos sociales y políticos.
El principal reto ante estas características particulares, tiene que ver con respondernos la siguiente pregunta: ¿Cómo podemos lograr que las tres regiones se empaten en la misma línea de desarrollo para lograr estabilidad política, desarrollo económico, combate a la pobreza, disminución de las brechas de desigualdad y, sobre todo, seguridad pública para todos los ciudadanos? Las respuestas pueden ser muchas pero me concentraré en la lógica de la práctica política. Si consideramos que el Pacto por México fue exitoso por lograr grandes acuerdos con los partidos políticos para lograr reformas estructurales, tendríamos que pensar que se tiene que impulsar una nueva versión de pacto por la nación. Por supuesto impulsado por el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, que en el cobijo de sus facultades, y ante la conformación plural de los gobiernos locales, logre construir una agenda mínima con gobernadores y presidentes municipales.
De la misma forma, el poder legislativo tiene que buscar acuerdos entre el ámbito federal y local para que lo aprobado en el Congreso de la Unión sea el resultado de una relación coordinada de respeto y equilibrio. La lógica de la subordinación incondicional es obsoleta y se requiere que el flujo de la relación se fundamente en reglas claras pero, sobre todo, en la lógica de la consolidación de la democracia local.
Tan sólo en la reforma que se acaba de aprobar respecto a los controles del endeudamiento, el argumento más repetido en la fundamentación fue que “todos son corruptos” y la Constitución se enmienda, precisamente, ante expresiones tales como: ¿podemos pedirle al constituyente permanente que apruebe la minuta?; ¿verdaderamente todos son corruptos?; ¿acaso todos son responsables del abuso de algunos?; ¿qué pasa con aquéllos que, auténticamente, luchan por transformar la sociedad y lograr una vida mejor para los ciudadanos?; ¿qué pasa con aquéllos que quizás, hasta de forma utópica, piensan sí podemos combatir la impunidad y con ello lograr un país próspero con paz y justicia? Sin embargo, debemos negar todas aquellas tesis de derrota prematura. En mi caso, estoy convencida de que estamos a tiempo de retomar el rumbo del país con la misma pasión y emoción con la que iniciamos este sexenio. Las problemáticas locales son importantes y sintomáticas, pero enfrentarlas y superarlas es fundamental para seguir construyendo políticas de Estado.
*Maestra en derecho constitucional por la UNAM
