Sembrar la desconfianza
La muerte de un ser humano nos disminuye, afirmó John Donne. Casi en cada sesión, al cruzar por el pasillo para llegar a mi lugar, saludaba al compañero diputado Gabriel Gómez Michel. La noticia de su asesinato resulta inexplicable y todavía inaceptable por la mayoría ...
La muerte de un ser humano nos disminuye, afirmó John Donne. Casi en cada sesión, al cruzar por el pasillo para llegar a mi lugar, saludaba al compañero diputado Gabriel Gómez Michel. La noticia de su asesinato resulta inexplicable y todavía inaceptable por la mayoría de quienes lo conocimos. A la normalidad cotidiana del trabajo legislativo ahora anteponemos la anormalidad de un hecho de sangre. El luto y la tristeza ya nos había llegado hace algunas semanas cuando, quizás apesadumbrada por las críticas en las redes sociales, nuestra compañera Irma Elizondo Ramírez sufrió un infarto. Había sido acosada por una fotografía que hizo explícito el cansancio durante la semana de sesiones en donde se discutió la Reforma Energética.
A vista pública, resulta políticamente incorrecto defender a un político o manifestar nuestra inconformidad como sector. Y es así porque —justa e injustamente— la desconfianza sobre el quehacer público se ha incrementado. No obstante, es necesario expresar nuestros pensamientos con respecto a lo acontecido en los dos casos y, sobre todo, en el caso del crimen sucedido en contra de un representante del Poder Legislativo porque lesiona y vulnera la confianza en las instituciones.
Lamentablemente, aun cuando las acciones del combate a la inseguridad han logrado disminuir los índices de violencia y algunos otros delitos, actos como estos se anteponen a los buenos resultados. Los autores de esta letal agresión tenían la intención de generar desconfianza porque saben que es la mejor forma de lograr que una sociedad cuestione a las instituciones y tenga temor.
Por otra parte, hay otros elementos que influyen para fortalecer esa desconfianza mediante imágenes magnificadas de delincuentes como “hombres extraordinarios” que violan la ley y corrompen instituciones tal y como vemos en algunas series televisivas que se han puesto de moda en las diferentes regiones del mundo. Mientras que del trabajo legislativo pocas veces se difunde lo positivo, y los diputados pierden el anonimato sólo si están relacionados con escándalos mediáticos.
Por supuesto que no estamos ajenos al dolor que causa cualquier muerte producida por la delincuencia o su combate. Tampoco estamos ajenos a la función del Estado para garantizar la seguridad de los ciudadanos, tengan o no cargos públicos. Pero debemos estar alerta sobre lo que significan algunos crímenes en el contexto de la función que las instituciones están realizando.
Por estas y muchas razones este crimen tiene que esclarecerse y tiene que ser la punta de lanza para iniciar una revolución en cuanto a resultados se refiere de combate a la impunidad. Si para ello se requiere un periodo extraordinario nuevamente para concretar las normas secundarias pendientes (si las hubiera) o se requiere un cambio total de personal de los ministerios públicos, pues que se realicen.
No podemos estar ajenos a las palabras del titular de la Procuraduría de la República, Jesús Murillo Karam, en su comparecencia del martes: “…Ya estamos dando capacitación… Éste ha sido el reto a futuro, que es más importante, porque incluye no sólo la implementación de un nuevo sistema, es fundamentalmente la implementación de una nueva forma de hacer justicia, que requiere una nueva concepción de funcionarios públicos, que traigan adentro la vocación, que tengan adentro los principios éticos que requiere un funcionario que tiene que hacer justicia y que puedan aplicarlo y que pueda darse y sostenerse…”.
Pero, por otra parte, sin esperar resultados mágicos, las reformas constitucionales en materia de justicia penal y procuración de justicia en general, en los últimos diez años, con las diferencias o coincidencias que tengamos sobre ellas, definen una propuesta sobre la cual reconstruir la confianza en las instituciones de procuración de justicia, hagamos todos nuestra parte lo más pronto posible y evitemos que el tiempo nos gane y destruya lo avanzado.
Porque es importante señalarlo, reitero que la desconfianza sobre las instituciones y sus representantes también significa un retroceso en el avance social y democrático de nuestro país y un triunfo de los grupos criminales. No hay que perderlo de vista, aquí, todos los ciudadanos perdemos.
*Maestra en derecho constitucional por la UNAM
