Deporte sin violencia

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Ruth Zavaleta Salgado 28/03/2014 01:58
Deporte sin violencia

El deporte es, por antonomasia, una práctica humana que evidencia las mejores capacidades de los seres humanos. Bajo los hechos gloriosos de un corredor, de un jugador de futbol o de una patinadora, muchos hemos vibrado. Hay pocas personas en este país que no soñaron con ser un deportista profesional y tener días maravillosos.

El mundo del espectáculo en el que hemos vuelto la vida moderna ha pervertido muchas de las acciones humanas. Hace menos de 20 años, los niños de bajos recursos usaban las camisetas de futbol soccer con orgullo y por el bajo costo de ellas. Ahora, éste es un espectáculo donde el dinero importa más, donde lo preponderante es estar ahí, no por ver el partido de futbol sino lo que importa es presumir la playera más cara, beber y emborracharse para festejar el triunfo del equipo.

El 26 de mayo de 1985, en el estadio de Ciudad Universitaria, el cierre del túnel 29 provocó una tragedia. No fueron entonces los aficionados los responsables. Todos nos horrorizamos, nos preocupamos y no fueron pocos los que afirmaron que “nunca más debería suceder”. Sin embargo, durante esta semana, hemos sido testigos por los medios de comunicación y redes sociales de cómo un grupo violento agredió a policías y estuvo a punto de que la tragedia vistiera de luto a las familias de los mismos.

El debate no se hizo esperar, las opiniones se vertieron en contra de las autoridades locales, que, lejos de cobijar a los policías que fueron violentados, los señalaron para ser investigados, pero también algunos pusieron el dedo en la llaga: el Poder Legislativo, que desde hace varios meses venía discutiendo el tema en diversos foros para presentar reformas que obligaran a poner un alto a la violencia en estos lugares de alta concentración masiva. Por ello, la aprobación de las reformas a la Ley General de Cultura Física y el Deporte que ayer verificó la Cámara de Diputados significa una respuesta, aunque tardía, para los ciudadanos que esperan una mayor eficiencia del quehacer del Congreso de la Unión.

Pero la violencia no se acaba por decreto y no son suficientes las leyes si las autoridades, los medios de comunicación y los aficionados no ponen su parte.  Las confrontaciones entre dos equipos no deben ser presentadas como batallas donde todo se gana o se pierde; el deporte y su ética son más importantes que la simple victoria para ofender al contrario. Un partido de fútbol inicia y termina cuando el silbatazo suena; no es una batalla que día con día tengamos que revivir y preparar.

Y también importa lo que hagan los dueños de los equipos y la Asociación Civil conocida como Federación Mexicana de Fútbol. Los dueños de los equipos deben asumir su responsabilidad porque muchos de ellos fomentaron a esas porras, barras o hinchadas que hoy son la amenaza. ¿Por qué las porras reciben boletos gratis y no pagan su costo como todos los demás aficionados? ¿Por qué tienen privilegios, regalos, transporte, cuando son los violentos?

Las porras, con importantes excepciones, generan —como en el caso de Argentina e Inglaterra— un conjunto de reglas y “principios” para estar integrados a ellas. Son una forma de pandillerismo disfrazado de afición, una mafia que fue apropiándose de las gradas y los espacios. Insisto, no son todas, afortunadamente; hay las que cuidan y protegen sus formas y disfrutan como una familia las victorias y las derrotas.

Sé que no fue motivo de la ley que ayer se analizó y aprobó, pero parece importante que el gobierno de la República también revise puntualmente cuál es el estado o la condición en la que se manejan las federaciones del deporte, que, como ya se ha demostrado, también tienen manejos discretos sobre los beneficios que aportan para el fomento al deporte y están más dedicados a la producción de riqueza sin algún compromiso social.

Las reformas aprobadas ayer pretenden que el deporte sea base del desarrollo de nuestro país y no refugio de grupos violentos independientes o auspiciados desde el anonimato por quienes su negocio es el escándalo, aun con los riesgos de personas muertas, en este caso los policías.

                *Maestra en derecho constitucional por la UNAM

                ruthzavaletas@hotmail.com

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