Los disidentes intelectuales del 68: Paz y Krauze

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Ruth Zavaleta Salgado 28/02/2014 02:38
Los disidentes intelectuales del 68: Paz y Krauze

Treinta años de la publicación del ensayo Por una democracia sin adjetivos motivaron a que la Cámara de Diputados rindiera un reconocimiento a su autor. Coincidentemente, dos días después, este órgano legislativo aprobó que el año 2014 sea considerado como el de Octavio Paz, con quien Enrique Krauze vivió aventuras culturales y políticas importantes desde los años 60.

El ensayo de Krauze planteó de entrada un tema poco reconocido en México: la necesidad de hablar de democracia, ya sin muchos adjetivos, simplemente retomando la idea de Francisco I. Madero. Y era ella la que debería responder al agravio que los sucesivos gobiernos de la Revolución habían creado. Definió así nuestra necesidad histórica: “Las sociedades más diversas y las estructuras más autoritarias descubren, sobre todo en momentos de crisis, que el progreso político es un fin en sí mismo. Confiar en la gente, compartir y redistribuir el poder, es la forma más elevada y natural de desagravio”.

La publicación del ideario democrático de Krauze abrió un debate solamente planteado por Octavio Paz y quienes lo acompañaban en la revista Plural. El mismo nombre de esta publicación era un oasis en un mundo bipolar donde el Muro de Berlín parecía tambalearse ante el avance de la democracia.

La presencia de Enrique Krauze en el panorama cultural mexicano también significó un cambio en el trato que los medios de comunicación tenían con sus lectores. Ante el discurso vacío, hueco, acartonado y cerrado de las páginas cercanas a las posiciones oficiales, un conjunto de escritores altamente preparados ponían en la opinión pública los temas que ella debería escuchar, discutir, vivir. La sociedad que vivía con la tormenta social por los errores económicos y con el agravio de la clase política, escuchaba hablar de la cosa pública sobre la que tendrían que decidir.

Mirar el ensayo de Enrique Krauze a 30 años no significa desconocer la importancia que tiene aún. Ahí están todavía las referencias a la izquierda y al partido en el poder en ese entonces. Ese PRI que en marzo cumplirá años, pero ahora instalado en la Presidencia de la República, afirmó su necesidad de reconocer, en los ochenta, las victorias de sus opositores, lo que lo obligaría a “modernizar su sistema de reclutamiento, a definir sus diferencias con la izquierda y la derecha, a recuperar el siglo XIX —la herencia liberal y el sentido original de la Independencia— y, quizá, a encontrar formas imaginativas de renovar para las nuevas generaciones y para sí mismo, la imagen de la Revolución Mexicana”.

A la izquierda, Krauze le hizo un gran reconocimiento: “…pocos cuerpos políticos hay en México con la vitalidad e iniciativa de la izquierda. Si los partidos de izquierda evolucionasen hacia formas europeas podrían constituir un motor positivo de reforma”. Y así fue, luego de 2006, ante la disyuntiva entre la radicalidad o la posibilidad de aprovechar el gran voto recibido de los ciudadanos, la izquierda mexicana se debatió y fracturó. La posibilidad para ejercer como segunda fuerza política responsable en el país y en el Congreso de la Unión se fue diluyendo. Se alcanzaron importantes logros, entre ellos la proyección de la Reforma Política y la Reforma Judicial, que en este año se concluye. Sin embargo, las tendencias radicales promovieron una imagen diferente y fueron construyendo la deificación de un candidato que pudo haberse convertido, como Cuauhtémoc Cárdenas, en un líder moral de la izquierda.

Treinta años después, Enrique Krauze estuvo en la Cámara de Diputados ante un auditorio plural que escuchó con atención y tolerancia sus observaciones, sus alertas y su reafirmación para que la democracia continúe como el proyecto de Estado en el que nos encontramos. Tres décadas son pocas para valorar lo que un ensayo promovió entre la sociedad y el sistema político pero, afortunadamente, como lo dijo Paz en su Piedra del sol: “El río…avanza, retrocede, da un rodeo y llega siempre”.

Y como lo señaló Krauze en una entrevista: “Nuestro tiempo es una cátedra abierta de historia”.

                *Maestra en derecho constitucional por la UNAM

                ruthzavaletas@hotmail.com

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