Las cartas ciudadanas

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Ruth Zavaleta Salgado 06/12/2013 02:59
Las cartas ciudadanas

Más de 20 años pasaron, desaparecidos y muertos labraron el camino para que el Estado mexicano fuera democrático, para que en la tribuna del Congreso de la Unión las fuerzas políticas de todos los perfiles ideológicos pudieran expresarse libremente. Hoy, se logra una reforma política que responde a una herencia del pasado: la lucha democrática.

Este jueves en la Cámara de Diputados aprobamos reformas a diversos ordenamientos en materia político-electoral y, fundamentalmente, para garantizar los mecanismos de participación ciudadana eficaces. Esta es la reforma normativa más importante donde los ciudadanos se convierten en un eje para modificar el sistema político y coadyuvar con los partidos políticos para fortalecer la legitimidad del Estado.

La aprobación de las denominadas “reforma política” y de las “cartas ciudadanas” —vistas como mecanismos de comunicación y relación directa entre gobernantes y legisladores con los ciudadanos— define y clarifica a la consulta popular y a la iniciativa ciudadana, y otorga prerrogativas electorales a las candidaturas independientes para que compitan equitativamente en los procesos.

A nivel federal y local, en México tenemos cinco principales figuras de participación ciudadana: 26 estados tienen en su Constitución la figura del plebiscito y la del referéndum; 30 la iniciativa ciudadana; 16 la consulta popular y tres la revocación del mandato. En el artículo 71 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos —al igual que al Presidente de la República, los diputados y senadores y a las legislaturas de los estados—, garantiza el derecho a los ciudadanos para iniciar leyes o decretos. Sin embargo, la reforma decretada en agosto de 2012 no definió puntos cruciales.

Las reformas de ayer jueves garantizan el derecho de los ciudadanos para iniciar leyes o decretos, cuando tengan el apoyo de 0.13% de la lista nominal (106 mil), sobre materias de competencia del Congreso de la Unión, y define cuál será el procedimiento legislativo que seguirá la iniciativa. De esta forma, los ciudadanos tienen allanado el camino para llevar a buen puerto sus propuestas.

Después de estar garantizada la consulta popular en la Constitución Política, ayer, en la Cámara de Diputados, aprobamos la Ley Federal de Consulta Popular que la define como el “mecanismo de participación por el cual los ciudadanos ejercen su derecho a través del voto mediante el cual expresan su opinión respecto de uno o varios temas de trascendencia nacional” y que permite que tanto el Presidente de la República, el Congreso de la Unión y los ciudadanos promuevan e inicien consultas populares sobre temas de interés.

Entre otros puntos, dentro del ámbito de la reforma política, se aprobó la reelección de diputados locales y federales y senadores, con el fin de que los ciudadanos puedan calificar el desempeño de sus representantes y no se viva la vieja forma del candidato que promete todo, pero que luego olvida el voto que le otorgaron.

De suma trascendencia es la aprobación para que las candidaturas independientes cuenten con las mismas prerrogativas que tienen los partidos políticos para competir equitativamente en las campañas electorales. De esa forma, los ciudadanos tendrán un abanico más amplio para decidir y votar a favor de un candidato independiente cuando alguno de los partidos políticos no sea de su convencimiento.

Este conjunto de reformas político-electorales y ciudadanas es, sin lugar a dudas, un complemento importante a la reforma de Estado que contempla, además de los temas políticos, los de procuración de justicia como el de la autonomía del Ministerio Público y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), tanto como para combatir la impunidad y la falta de transparencia en la aplicación de recursos para combatir la pobreza y la desigualdad social respectivamente, estas figuras son indispensables en la consolidación democrática, pero también podemos sumar otro gran avance que es la ratificación del gabinete.

Ver estos cambios como la concreción de las banderas sociales y políticas de muchas personas que han luchado por la democracia desde hace décadas permite entenderlas y valorarlas más allá de las críticas que podamos hacer de los procedimientos legislativos tan cuestionados con los que se debatieron. México avanza hacia la consolidación democrática, donde todas las expresiones políticas coexisten, donde el ciudadano es un eje central. Negarlo es no entender los tiempos que vivimos.

                *Maestra en derecho constitucional por la UNAM

                ruthzavaletas@hotmail.com

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