Morena y crimen organizado

Lo que propone López Obrador es igual a lo que ofreció Peña Nieto en su campaña en 2012

En su libro 2018 La Salida, Andrés Manuel López Obrador explica su visión de lo que sería lo que denomina “una sociedad segura” bajo su gobierno. Afirma que la inseguridad es “producto de una conjunción de factores: pobreza, injusticia y exclusión, que se suman a la ineficiencia de las autoridades y a la corrupción en los cuerpos policiacos y el aparato judicial”. Propone: “la solución de fondo, la más eficaz, y probablemente la menos cara, es combatir el desempleo, la pobreza, la desintegración familiar, la pérdida de valores y la ausencia de alternativas”. En la parte final del libro, acerca de cómo ve el 2024, presumiblemente el año que entregaría el poder a su sucesor, augura que “la delincuencia organizada estará acotada y retirada, y para entonces predominará la política del empleo y bienestar, los índices delictivos serán 50% más bajos y en 2024 no existirá la delincuencia de cuello blanco y estarán erradicadas por completo la corrupción política y la impunidad…”.

Durante la campaña en el Estado de México, en una entrevista en La Silla Roja, del canal Bloomberg-El Financiero, acuñó una rima como estrategia novedosa para combatir el crimen organizado en los siguientes términos: “becarios sí, sicarios no”. En esencia, ofreció becar a todos los adolescentes del país para evitar que sintieran la necesidad de recurrir al crimen organizado para tener, supongo, algo de dinero en el bolsillo.

Lo que propone López Obrador es igual a lo que ofreció Peña Nieto en su campaña en 2012. Ubicó el problema del crimen organizado como un problema social, primordialmente, que debiera enfrentarse con programas sociales, no con fuerza física.

Los problemas sociales son reales y muy profundos en México, y tienen que atenderse. Pero no son ni el origen ni la explicación de por qué el crimen organizado es, hoy por hoy, el factor económico más importante en el desarrollo de múltiples sectores de la economía formal e informal del país. Algunos expertos dirían que no hay sector económico del país que no resienta el impacto del crimen organizado, sus fondos y su influencia. Acabamos de ver el caso del deporte mexicano como ejemplo de esa penetración.

El presidente Santos, de Colombia, hizo un diagnóstico escalofriante de la situación en Venezuela e identifica a la presencia, el poder y la influencia del narcotráfico dentro de las estructuras económicas y políticas de ese país como el freno fundamental para que pueda darse una solución a la crisis que vive.

En la Ciudad de México, y después de los acontecimientos en la delegación Tláhuac y la cercanía del gobierno morenista con el crimen organizado, los jefes delegacionales de Xochimilco y Tlalpan han corrido, asustados y oportunistas, al jefe de Gobierno, a denunciar la presencia del crimen organizado en sus delegaciones, pensando que así limpian su imagen pública.

Morena, desde su líder para bajo, confunde con su actitud. O padece de ingenuidad y desconocimiento acerca de lo que es el crimen organizado y su influencia en la economía y sociedad actuales, o actúa con una perversidad insólita para no comprometerse con el combate frontal a ese mal que, de llegar al gobierno, los consumirá, igual que lo ha hecho con Peña Nieto. Un gobierno que desconoce esta realidad terminará, inevitablemente, en los brazos del crimen organizado y con una crisis del tamaño de Venezuela, pero en México.

               

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